La desafiante historia de Diego Cremonesi: de cuando a los 23 años "recibí un 'llamado' de la actuación y dejé la facultad”, a convertirse en el rey de las series y las biopics argentinas – GENTE Online
 

La desafiante historia de Diego Cremonesi: de cuando a los 23 años "recibí un 'llamado' de la actuación y dejé la facultad”, a convertirse en el rey de las series y las biopics argentinas

Diego Cremonesi
En medio de los sucesos del streaming Yiya (junto a Julieta Zylberberg), La hija del fuego (donde interpreta al antagonista de la China Suárez) y El tiempo de las moscas (que comparte con Nancy Dupláa y Carla Peterson), GENTE recorre el particular derrotero de uno de los intérpretes más versátiles y convocados del país.
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-¡¿Periodista?! -le consultamos sorprendidos

-Sí, yo iba a ser periodista -confiesa.

-¿Quiere decir que…?

-Sí, hoy podría estar sentado donde estás vos.

Diego Cremonesi no perdió el toque, la punción, el reflejo, ese sexto sentido que de repente sorprenden a quienes lo escuchan y lo llevan a captar su atención. Sin embargo no parece tratarse de un artilugio, sino de algo natural. Pese a su acostumbrado bajo perfil, el caballero de casi medio siglo de vida (el 27 de septiembre lo cumplirá) nunca deja de llamar la atención. Ya sea por su frondosa variedad de roles a lo largo de un cuarto de carrera, como por cultivar una especialidad que lo distingue: su variedad de roles en biopics y ficciones nacionales. ¿Algunas? Por ejemplo los filmes Gilda, no me arrepiento de este amor (2016) y El Potro, lo mejor del amor (2018), las series Monzón (2019), Santa Evita (2022), Diciembre de 2001 (2023) y Yiya (2025), y la ficción histórica Prócer (2023), encarnando a Manuel Belgrano.

-Si bien su último trabajo -y el más viral en estos días- fue en La hija del fuego: la venganza de la bastarda, la serie encabezada por María Eugenia Suárez en la que encarna a un empresario de doble moral Saavedra, no podemos dejar de preguntarle por esta característica tan típica suya de entreverarse en historias reales, ¿sabe?

-Lo sé y me parece bien: un periodista nunca debe dejar de preguntar -se acomoda en el sillón, frente al celular que hace las veces de grabador-. Así que dale nomas -sonríe aceptando el convite, que desde luego no se limitará a ese único perfil de personajes, sino que se ampliará en un abanico que le permitió abrir esa profesión.

Diego Cremonesi, platense, 59 años, 15 obras de teatro, 27 ficciones televisivas y 39 películas = uno de los intérpretes argentinos del momento.

La actuación es la forma que encontré para expresarme en la vida y es mi lugar de existencia más pleno, junto con ser padre, a mi vínculo con mis hijos. Lo que no significa que ambas cuestiones sean felices, gratas y felices todo el tiempo (lanza una carcajada), pero, bueno, por ahora no sé vivir de otra manera”, responde el caballero cuando, de entrada nomás, siguiendo su sugerencia de preguntar y preguntar, le consultamos algo tan básico como qué es la actuación para él y por qué se dedica a ella.

Pronto redondea su explicación: “No me imagino haciendo otra cosa, y me siento muy vacío cuando no me encuentro rondando en la cuestión, ya sea preparando un texto, estudiando un guion o en el proceso de una filmación. Apenas lo creativo se pone en funcionamiento y empiezo a convivir con ese proyecto durante 24 horas al día en paralelo a lo que voy haciendo, nace un vínculo esquizofrénico con la vida que me apasiona, me vuelve loco y me hacen sentir realmente vivo y muy feliz. En fin, se me reveló así la actuación. Yo no lo tenía claro, no era un sueño de pequeño.

-¿No?

-Ni ahí… Me di cuenta en un momento, a partir de una prueba, de un "llamado". Subirme a un curso de actuación era algo que tenía pendiente desde siempre, y cuando lo hice fue como una revelación: vuelvo a usar esa palabra porque me parece perfecta. Es que todo se me volvió muy contundente. Nada de lo que había intentado antes me había despertado algo así. Fue como estar enamorado, ¿viste? Como decir "Bueno, no me queda otra: es lo que siento". Aunque se trata de algo medio incontrolable, que te puede acarrear un montón de problemas. Porque, claro, tiene sus pros y contras: lo gozoso es el trabajo; lo angustiante, la falta de constancia que de este quehacer. Pero bueno, es algo con lo que elegí lidiar.

Junto a Eleonora Wexler (encarna a María Julia "Marichu" Saavedra) y a la China Suárez (Letizia Zubiría Escobar/Clara Cortéz) en Hija del fuego (Disney+), donde Cremonesi personifica al empresario de doble moral Fausto Saavedra.

-¿Qué edad tenía cuando se animó?

-23, 24 años. Ya era grande, mayor de edad. De hecho, estaba estudiando con la firme decisión de terminar la carrera de Comunicación social en la Facultad de Periodismo de La Plata. Había cursado cuatro años, llevaba media carrera adentro y andaba entusiasmado, con muy buen promedio. Pero apenas empecé con el teatro me di cuenta que era lo que me gustaba, de que no había chances de discutir entre una cosa y la otra. Para colmo trabajaba un montón de horas al día.

-¿De qué?

-Era empleado telepostal del Correo y sabía que no iba a poder hacer las dos cosas en profundidad. También me di cuenta de que no quería hacer un curso de teatro y ver cómo era esto de ser actor: ¡Directamente quería serlo, y para ello tenía que dedicar mucho tiempo a formarme! Entonces fue algo contundente, le puse mi energía al cien por ciento. Dejé la facultad, entré a todos los cursos habidos y por haber, le metí garra a los trabajos prácticos, pasé todas las pruebas que pude, agarré cada oportunidad que me aparecía en cine, teatro, infantiles, de café concert, animaba eventos, filmaba películas de terror… Sí, esto de actuar venía en serio, había llegado para quedarse. Hasta que en algún momento se me empezó a abrir poco a poco el panorama, y gracias al recorrido previo conté con las herramientas para aprovechar las oportunidades que me aparecerían bastante después.

-¿Cuándo sería “bastante después”?

-A los 39.

Diego Cremonesi
Masas de por medio, en su rol de Carlos, el marido de Yiya Murano, para la serie 2025 sobre "La envenenadora de Monserrat" dirigida por Mariano Hueter.

Las preguntas continúan, porque “un periodista nunca debe dejar de preguntar”. Así que llega el momento de consultarle a Diego cuál fue la mejor biografía en la que participó. “Hay varias que me gustan mucho -no duda-. Diciembre 2001 me encanta. Ahí encarné a un alfil político de del jefe de gabinete en aquel momento, Carlos Corach. La otra vez lo conocí. Yo estaba nervioso, expectante ante su reacción. Y la verdad fue que resultó espectacular porque me dijo que estaba muy conforme con lo que logramos. Y así, hasta los motoqueros que aparecieron en escena de en Plaza de Mayo era el grupo real de aquellos sucesos. Se entremezcló realidad y ficción. Mi vida estaba ahí metida porque yo en 2001 sumaba 20 y pico y lo sufrí como estudiante y como trabajador.

-¿Santa Evita?

-Me encanta. Y también Monzón me parece una gran serie. Siento que todas tienen algo potente, contundente, son de buena factura, elevadas artísticamente, diferentes entre sí, lo que te demuestra que una historia real se puede encarar desde distintos ángulos. Por eso yo disfruto mucho entregarme la mirada de quien dirige.

-¿Gilda?

-Espectacular. Los extras eran de su club de fans, la habían acompañado realmente, ahí había una energía muy fuerte. El Potro, también. Me parece que todas aportan algo. A veces las producciones y los directores intentan ir más hacia un lugar menos o más humorístico de la cosa, como -por mencionar dos en las que no participé- la de Leo Sbaraglia sobre Méndez (Carlos Menem), o la de Juan Minujín sobre (Guillermo) Coppola, que juegan bastante más con la cosa simpática y quizás dejan de lado lo escabroso.

-¿De qué depente, precisamente?

-Siempre es una decisión adónde ponés la pluma y adónde la cámara, qué decidís contar y qué no, y qué detalles te vas a guardar para vos y cuáles no. Es complejo porque ¿qué es lo que quiere contar uno cuando hace una biopic?... Mostrar la verdad?, ¿elevar al personaje?, ¿cumplir con la expectativa romántica que la gente construyó a su alrededor, o pincharles ese globo de fantasía? Te repito, es complejo.

Diego Cremonesi
Seis de las ficciones basadas en historias reales en las que participó Diego Cremonesi: los filmes Gilda, no me arrepiento de este amor (2016) y El Potro, lo mejor del amor (2018) y las series Monzón (2019), Santa Evita (2022), Diciembre de 2001 (2023) y Yiya (2025).

-Surge la subjetividad...

-Tal cual. Una subjetividad que -por suerte al no ser yo quien las produzca o dirija- me excede. Pero es difícil. ¿Qué ponés en la serie de Maradona? ¿Con qué te quedás? ¿Mostrás al Diego que todos queremos ver o al que podemos cuestionar? ¡¿Cuánto vamos a mostrar?! Y todo eso siempre es subjetivo, ideológico y político, y al mismo tiempo válido, porque justamente se trata de una ficción, ¿no? El documental y la investigación periodística guardan una mayor obligación por ir tras esas fibras de poder y sacar a la luz cosas que quizás a la larga no son lo mejor para un espectáculo. En uno u otro caso, ellos y las biopics evidentemente aportan algo que a la gente le gusta ver. Por algo por algo se producen tantas opciones.

-No podemos cerrar sin detenernos en Yiya: usted personificó a su marido…

-Mariano Hueter era un director que venía viendo y me interesaba. Incluso pensaba: “Ojalá que en algún momento nos crucemos”. Él fue uno de los grandes motivos por los que me decidí. Me preguntaba: "A ver cómo lo va a contar él, de qué manera va a abordar semejante historia policial, qué puedo aportar yo desde mi lugar”. Porque se trataba de un lindo desafío. Es lo que pasa con las ficciones: a veces una historia tremenda puede convertirse en una gran historia para contar. Acá, con la salvedad por el dolor de las víctimas y sus familiares, hablamos sobre la primera asesina serial reconocida y condenada en Argentina y, a la vez, como podríamos decir en la calle, un "alto personaje", una mujer increíblemente particular. Si a ello le sumás que yo disfruto un montón de los contextos que me tocan, imaginate...

Junto a Carla Peterson en la filmación de El tiempo de las moscas, la miniserie criminal dramática original de Netflix que acaba de lanzarse sobre la adaptación del libro Tuya (2005) y la novela homónima (2022) de Claudia Piñeiro. Encarna a Ernesto Pereyra, uno de los dispoaradores del relato.

Habla de contextos, Diego Cremonesi. Hora de preguntarle -porque los periodistas siempre debemos preguntar- sobre ellos. “A veces te toca protagonizar y eso es gozoso y a veces te toca acompañar en contextos que a la vez son gozosos -juega con las palabras-. Para Yiya teníamos un elenco bárbaro, una historia genial, sólo había que avanzar. Si bien el espíritu de las biopics va por el lado de reflejar la realidad, nunca son un documental, simplemente porque no dejan de ser una ficción. Siempre habrá elementos artísticos que ayuden a un relato cinematográfico o, en este caso, televisivo. Y acá me parece que buenísimo lo que se hizo: una Julieta (Zylberberg) que surge aterradora, con un parecido físico increíble, y un cast notable. Yo encarné a Carlos, su marido. Cómo transita la cotidianidad con ella en semejante contexto es su principal característica.

-¿Investigó en la previa sobre este personaje?

-En este caso resultaba difícil porque, como muchas veces sucede, ciertos personajes se encuentran al servicio de la trama, del relato, y ahí debés encontrar cuál es el lugar en la cancha donde mejor podés rendir… Por eso se trata de un trabajo en equipo. Como Carlos no se da cuenta qué pasa a su alrededor ni cobra dimensión, traté de apuntar a cómo se vinculaba con Yiya y su hijo, que si bien no era su hijo biológico porque ella lo engañaba, a quien acompañaba y trataba de cuidar, hasta que este señor, de un día para el otro, misteriosamente, falleció... Algo que también queda en la bruma: ¿Habrá muerto por causas naturales o con un empujoncito? Si hubiese que apostar yo pondría un par de fichas en el color de las masitas (ríe).

Diego Cremonesi
Durante la première de la última propuesta biográfica que rodó: Yiya, de Flow.

-¿Guarda un sabor especial que el público de antemano conozca una historia que ya transcurrió?

-A veces sí, porque uno también tiene que lidiar con el preconcepto, con la expectativa que pueda tener acerca de lo que va a haber. Lo que te exige una responsabilidad extra, ya que a la vez querés ser lo más fiel a lo aquello que sucedió y con la expectativa creada. Sin embargo…

-¿Sin embargo?

-En uno u otro caso -y volvemos al inicio- lo que importa siempre es tratar de contar una buena historia. Hay elementos que a veces se alteran para que sea narrativamente más apetecible. Por otro lado, somos conscientes de que siempre van a poner el eje en algo, por lo que muchas cosas quedan afuera. Uno podría neurotizarse por demás intentando cubrir todos los espectros, pero es imposible. Así que lo primordial es entender qué es lo que se busca abordar y tratar de resolverlo con la mayor responsabilidad a través de la investigación, el trabajo previo, la construcción actoral y el ida y vuelta con los compañeros y con los directores.

Fotos y video: Gentileza Prensa de Flow y redes sociales
Agradecemos a Greta Toukatli



 
 

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