El año 2025 dejó una serie de rupturas que sacudieron tanto al espectáculo local como al internacional. A las separaciones mediáticas como las de Gimena Accardi y Nicolás Vázquez o Laurita Fernández y Peluca Brusca, se sumó una de las más inesperadas de Hollywood: la de Nicole Kidman y Keith Urban.
Tras casi 19 años de matrimonio, la actriz australiana y el músico confirmaron su separación en septiembre pasado, y lo que siguió fue un proceso que, contra todos los pronósticos, se resolvió con una rapidez poco habitual en la industria.
Lejos de los extensos y conflictivos divorcios que suelen dominar los tribunales de Estados Unidos —como el caso emblemático de Brad Pitt y Angelina Jolie—, Kidman y Urban optaron por un camino silencioso, privado y quirúrgico. El pasado 6 de enero, en los juzgados del estado de Tennessee, se firmó el acuerdo final que oficializó su divorcio exprés.

Según documentos judiciales a los que accedieron medios como People, una de las claves más llamativas del acuerdo fue la renuncia absoluta a cualquier tipo de pensión. Ni pensión conyugal ni manutención infantil: ambos decidieron hacerse cargo de sus propios gastos, a pesar de que el costo mensual de su estilo de vida familiar supera los 100 mil dólares.
“El acuerdo establece que cada parte cubrirá sus propios gastos familiares, legales y honorarios”, detallan los documentos. Una decisión poco frecuente en separaciones de este calibre económico y que deja en evidencia el nivel de consenso alcanzado.
Custodia, bienes y la cláusula que lo cambió todo para un divorcio express entre Nicole Kidman y Keith Urban
El punto más sensible del acuerdo fue la crianza de sus hijas, Sunday Rose, de 17 años, y Faith Margaret, de 15. El tribunal aprobó un plan de custodia compartida en el que Nicole Kidman será la madre con residencia principal, pasando 306 días al año con las menores. Keith Urban, en tanto, convivirá con ellas 59 días al año, organizados mayormente en fines de semana alternos.
A pesar de esta distribución, ambos conservarán la responsabilidad conjunta sobre decisiones clave relacionadas con la educación, la salud y el bienestar de las adolescentes.

En cuanto al patrimonio, la pareja evitó cualquier batalla legal. No hubo procesos de descubrimiento de bienes ni interrogatorios: todo se resolvió de manera privada. Las propiedades, inversiones, cuentas bancarias, vehículos y objetos personales fueron repartidos “a satisfacción mutua”, lo que implica que cada uno conservará lo que ya estaba en su posesión. Nicole, además, continuará viviendo en la casa familiar de Nashville al menos hasta que sus hijas concluyan sus estudios.
La cláusula que llamó la atención en el acuerdo de divorcio entre Kidman y Urban
Pero hay un detalle que llamó especialmente la atención de los especialistas en derecho familiar: una cláusula de comportamiento parental que obliga a ambas partes a no hablar mal del otro frente a sus hijas y a fomentar activamente una relación respetuosa con ambos progenitores. Una regla silenciosa, pero decisiva, que marca el tono del acuerdo y deja en claro que, aun separados, Kidman y Urban buscaron blindar a su familia del conflicto mediático.
El documento confirma, además, que todos los términos fueron cerrados el 6 de septiembre, semanas antes de que la actriz presentara formalmente la demanda de divorcio. Un movimiento estratégico que explica la velocidad con la que se resolvió una de las separaciones más comentadas del año.
Sin escándalos públicos, sin disputas judiciales y con cláusulas que hablan de control y previsión, el divorcio de Nicole Kidman y Keith Urban se convirtió en uno de los más enigmáticos —y prolijos— de Hollywood. Un final silencioso para una historia que, durante casi dos décadas, se escribió bajo los flashes.
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