Pasaron 24 años, 288 meses, 1,258 semanas y 8,811 días desde aquel 2 de febrero de 2002 para que finalmente la ficción recreara uno de los instantes históricos más trascendentes para nuestro país. Hablamos de cierta fecha que quedó grabada a fuego no solo en el calendario de la realeza europea, sino en la memoria colectiva de los argentinos. Es que aquel sábado, una joven economista de apenas 31 años nacida en Buenos Aires y llamada Máxima Zorreguieta había caminado hacia el altar de la Nieuwe Kerk (Iglesia Nueva) en Ámsterdam para convertirse, ante la mirada atenta de 900 millones de personas del planeta, en la princesa de los Países Bajos, coronando aquel extraordinario instante con una declaración de identidad que nadie jamás olvidará: cuando, al escuchar al final de dicha ceremonia los acordes del tanto Adiós Nonino desde aquel bandoneón de Carel Kraayenhof, la flamante integrante de la familia real neerlandesa no pudo contener las lágrimas.


Y sí, pasaron 24 años, 288 meses, 1,258 semanas y 8,811 días desde aquel 2 de febrero de 2002 para que finalmente tamaño trozo de realismo mágico cobrara vida a través de la pantalla, como puede verse en la segunda temporada de la serie Máxima, cuyos dos primeros episodios acaban de desembarcar el jueves 19 de marzo de 2026 en la plataforma de streaming de HBO Max, complementando el inicio de un cuento de hadas que había retratado a una Máxima con resiliencia de acero e incluyo un derrotero de asignaturas por rendir: los desafíos de una corte que la miraba con lupa, los secretos familiares que amenazaban con empañar su ascenso en la corona y el choque de culturas que supo canalizar y terminó conformando a la soberana moderna que todos conocemos. La misma que, en un viaje donde la historia real y la narrativa dramatizada se cruzan, fue exponiendo decisiones, ambiciones y emociones hasta ahora nunca vistas en pantalla. Un sendero por el cual transita ahora la flamante temporada… Pero, claro, antes hagamos un pequeño raconto de historia dentro de us propia historia.
PRIMERA TEMPORADA: UN DESAFÍO TÉCNICO SIN PRECEDENTES

Estrenada el 15 de agosto de 1924 y compuesta por 6 episodios de alrededor de 50 minutos cada uno, la entrega inicial -disponible de manera completa en HBO Max-no sólo fue un éxito de audiencia, sino un hito de producción. Desarrollada por Millstreet Films en coproducción con FBO y Beta Film, y dirigida por Saskia Diesing, Joosje Duk e Iván López Núñez, la serie de Max Original logró una factura técnica que nada tuvo que envidiarle a las grandes producciones de Hollywood o Londres. Vista en más de 20 países, logró una repercusión masiva a lo largo y ancho de Latinoamérica.

“Cuando me enteré que interpretaría a Máxima, sentí una mezcla enorme de alegría y responsabilidad. Es un honor contar su historia”, comentó en su momento Delfina Chaves, la actriz argentina que ha logrado capturar no solo el parecido físico, sino esa chispa de espontaneidad que siempre caracterizó a Máxima. A su lado, Martijn Lakemeier, el intérprete neerlandés que interpreta a Guillermo Alejandro, aportaba la sobriedad necesaria y “una química especial, tan necesaria para darle credibilidad al relato”, agregaba él.

En sintonía con ambos, el despliegue técnico para recrear los escenarios de la época resultó monumental. La producción no escatimó en locaciones internacionales, enfrentándose al reto de filmar en un mundo post-pandemia con protocolos estrictos. Desde los rincones más aristocráticos de Madrid hasta los paisajes de Nueva York, pasando por la majestuosidad de los palacios en Ámsterdam y, por supuesto, la atmósfera porteña de Buenos Aires. Cada set fue diseñado para reflejar la transición de Máxima de una economista independiente a una figura de la realeza. "Queríamos que el espectador sintiera el peso de las paredes del palacio, esa opulencia que a veces puede resultar asfixiante", explicaban durante aquellos tiempos iniciales desde el equipo de arte.

La reconstrucción histórica incluyó un trabajo exhaustivo de investigación en los archivos de la Casa Orange. Se recrearon salones de baile, despachos oficiales y hasta las cocinas reales con un nivel de detalle que incluye vajilla de la época y mobiliario restaurado. Pero el mayor desafío técnico fue, sin duda, la escena de la boda. La Nieuwe Kerk fue replicada con una precisión tal que los cronistas de realeza que visitaron el set quedaron impactados. "No se trata sólo de copiar un lugar, sino de capturar la luz y la atmósfera que la iluminaban por dentro y por fuera durante aquel memorable día invernal en Holanda", señalan los directores de fotografía.
“MÁXIMA UNE CULTURAS Y GENERACIONES: DE ALLÍ SU REPERCUSIÓN GLOBAL”

Lo cierto es que la historia real de Máxima Zorreguieta fue mucho más que un compromiso monárquico, para convertirse en un fenómeno mediático sin precedentes para la época. La imagen de una argentina integrándose a una de las casas reales más tradicionales de Europa despertó una fascinación global. Tal como lo replicó magistralmente y demostró de manera minuciosa aquella primera temporada.

Uno de los puntos más álgidos y dolorosos de la misma, que la biopic retrata con crudeza necesaria fue el conflicto político en torno a Jorge Zorreguieta, el padre de Máxima. Debido a su pasado como secretario de Agricultura durante la última dictadura militar en Argentina, el Parlamento neerlandés puso una condición innegociable: para que el matrimonio fuera aprobado, él no podía estar presente en la ceremonia. Este "exilio" forzado de su padre fue la espina detrás de la corona. La trama exploraba la soledad de Máxima en sus momentos de gloria, teniendo que elegir entre el amor de su vida y la lealtad a su familia.

La ficción pronto profundizó en las llamadas telefónicas nocturnas, los debates en el seno del poder en La Haya y el dolor de una hija que, para ganar un reino, tenía que pensar en ceder el brazo de su padre en el día más importante de su vida. Este nudo dramático fue, quizás, el que mejor conectó con el público argentino: aquella mezcla de éxito rotundo y pérdida personal que terminaría definiendo la llegada de Máxima al trono.

En tal entramado familiar narrativo, la presencia, para el caso, de Carolina Kopelioff fue fundamental. La porteña interpretó a Inés, la hermana menor de la protagonista, sumando una dimensión íntima y sensible al relato, ya que la relación entre las Zorreguieta se convirtió en uno de los puntos más emotivos, mostrando que detrás de la corona seguía existiendo una mujer preocupada por los suyos. “Máxima une culturas y generaciones. Esa dualidad se refleja en la serie y en su repercusión global”, señaló Delfina Chaves en aquellos meses de estreno sobre la forma en que la historia empezaba a ser recibida por el público internacional.
SEGUNDA TEMPORADA: MÁS PROFUNDIDAD Y NUEVOS DESAFÍOS REALES

A nivel actoral, se suman nombres que aportan una densidad dramática nueva. Vemos el desarrollo de personajes históricos como los miembros del gabinete de los Países Bajos y los diplomáticos que mediaron en los conflictos familiares de los Zorreguieta. También cobra protagonismo Agustina Palma en el rol de Valeria Delger, la amiga íntima de la infancia que viaja desde Argentina para ser el soporte emocional de la princesa. "Valeria es quien le recuerda a Máxima quién es ella cuando las luces se apagan", comenta Palma, cuyo personaje gana un peso dramático mucho más potente en estos nuevos capítulos, funcionando como el nexo emocional con el pasado en Buenos Aires.

La nueva etapa de la ficción, cuyo capítulos iniciales desde el jueves 19 de marzo está disponible en la plataforma de streaming, también cuenta con 6 episodios de 50 minutos cada uno. Si la primera temporada se centró en el romance y la conquista, esta etapa que arranca hoy profundiza en las aguas turbulentas de la monarquía. La trama explora cómo la reina argentina debe navegar las responsabilidades oficiales, las decisiones políticas que afectan a la corona y los compromisos públicos, al tiempo que intenta mantener su identidad personal y su esencia latina, incluaso nada menos que en medio de la llegada de sus tres hijas.

El elenco se expande para dar vida a las figuras clave que rodearon a Máxima en su ascenso. Además de Delfina y Martijn, se destacan las actuaciones de Elsie de Brauw como la reina Beatriz, quien encarna la rigidez del protocolo y la suegra desafiante. La relación entre Beatriz y Máxima es uno de los motores de esta temporada: el choque entre la tradición neerlandesa más ortodoxa y la calidez descontracturada de la argentina. También brilla Sebastian Koch como el príncipe Claus, quien resulta ser el aliado silencioso de Máxima en la corte y la ayuda a entender que ser "distinta" es, precisamente, su mayor fortaleza política.

Uno de los grandes atractivos de lo que también veremos a partir de la nueta temporada es el fenómeno de la moda. El vestuario se convierte en un personaje más, recreando con precisión quirúrgica los looks icónicos: desde su imponente vestido de novia diseñado por Valentino, con su cola de cinco metros y encaje artesanal (incluyendo las modificaciones que exigió la Corona “para manteenr el bajo perfil”), hasta los tocados y pamelas que se convirtieron en el sello personal de nuestra compatriota. Los diseñadores de la serie trabajaron meses para replicar la paleta de colores y las texturas que la futura reina utilizó para comunicar seguridad y empatía. "La moda fue su herramienta de diplomacia blanda", aseguran los especialistas. En esta temporada veremos la evolución del estilo de Máxima: de los trajes estructurados de sus primeros años como princesa a la explosión de color y sofisticación que la iría posicionando como la reina mejor vestida de Europa, según las revistas especializadas.
UN IMPACTO CULTURAL QUE TRASCIENDE LA PANTALLA

Más allá del entretenimiento, la serie Máxima pone sobre la mesa el fenómeno de la identidad argentina en el exterior. La historia de "una de las nuestras" que logra triunfar en un contexto tan ajeno y exigente como una monarquía europea resuena profundamente en el público. La serie no teme mostrar las sombras: el aprendizaje del idioma (un obstáculo que la serie retrata con humor y tensión y algunas “malas palabras”), la adaptación a un clima frío y a una sociedad que, inicialmente, la miraba con desconfianza.


“Estos nuevos capítulos nos permitieron mostrar un lado más profundo de Máxima: como mujer, madre y esposa”, comenta la directora Saskia Diesing. Ya no es solo la joven que se enamora, sino la mujer que debe sostener una institución mientras cría a sus hijas en el ojo de la tormenta mediática. “Interpretar esa dualidad, entre la mujer que quiere ser fiel a sus raíces y la princesa que debe cumplir con el deber, es lo que hace que la serie sea tan interesante”, agrega Delfina Chaves, quien para esta etapa del rodaje debió trabajar intensamente el matiz de una Máxima más madura y estratégica.

Carolina Kopelioff, entretanto, también destaca el peso de los vínculos: “Me encantó mostrar la relación entre hermanas, con todos los matices y tensiones que eso implica”, explica sobre el enfoque íntimo que persiste en el estreno de hoy. La serie logra, en definitiva, humanizar una figura que solemos ver en fotos de alta resolución, recordándonos que debajo de los diamantes de la corona hay una historia de esfuerzo, resiliencia y, sobre todo, una identidad argentina que nunca se perdió.

La producción promete mantener el mismo alcance internacional y emocional del ciclo anterior, con la expectativa de repetir y superar el éxito de la primera temporada. En este preciso instante, mientras los flamantes capítulos suben a la plataforma (dos llegaron el streaming hoy 19 de marzo; los cuatros restantes se irán revelando jueves a jueves), el mundo vuelve a ponerse a los pies de Máxima, alguien que contra todos los pronósticos, se terminará convirtiendo en reina. Porque, claro, colorín colorado, este cuento -que acaba de iniciar su segunda etapa por HBO Max- aún no ha terminado.
Fotos: HBO Max y gentileza de A.P.
Diseño de tapa recreada: Darío Alvarellos
Agradecemos a Camila Laselva y a Lucía Das Airas

