Tiziano Gravier atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. El joven esquiador argentino, que define este 2025 como “un muy buen año”, no solo celebra títulos y crecimiento deportivo, sino también una madurez personal que se refleja en la forma en la que habla de su entorno más íntimo.
Entre viajes, competencias internacionales y entrenamientos de máxima exigencia, el deportista se anima a poner en palabras una de las caras menos visibles del alto rendimiento: el miedo de quienes acompañan desde afuera.
Es que el hijo de Valeria Mazza y Alejandro Gravier vive gran parte del año lejos de casa, compitiendo en circuitos donde la velocidad y el riesgo son parte del día a día. Así, a medida que su nivel fue creciendo y sus carreras se volvieron más exigentes, también cambió la forma en la que su familia —especialmente su madre— procesa lo que implica verlo lanzarse montaña abajo a más de 130 kilómetros por hora, según detalló en diálogo con GENTE.
“A veces prefería no ver las competencias”: revela Tiziano Gravier sobre el miedo de Valeria Mazza
Con honestidad y sin dramatizar, Tiziano Gravier cuenta que hubo un punto de inflexión en la mirada de su madre sobre su carrera. “Hubo un momento, entre los 18 y los 20, en el que pegué un salto importante como deportista”, recuerda. Ese crecimiento trajo consigo escenarios más extremos, pistas más complejas y una velocidad que ya no pasa inadvertida.
“De repente, a mi mamá le empezó a dar más miedo la velocidad que agarramos, porque a veces llegamos a ir a 135 km por hora”, explica. El impacto emocional fue fuerte: “Lo sufría un poco, a veces prefería no ver las competencias y solo ver los resultados porque se ponía muy nerviosa y le daba impresión”.

Lejos de ocultar esa preocupación, el esquiador destaca el rol clave del diálogo para atravesar esa etapa. “Es algo que hablamos. Ella me pregunta cómo me siento yo y yo le cuento”, señala, marcando un ida y vuelta que permitió transformar el miedo en entendimiento. “Así puede empatizar un poquito más y entender que las cosas están bastante en control”.
Con el tiempo, esa primera etapa de angustia dio paso a una aceptación más serena. “Ahora ya pasamos un poco ese momento y está un poquito más acostumbrada. Siempre se preocupa, pero ya lo tiene más asimilado”, cuenta Tiziano, consciente de que el temor nunca desaparece del todo, pero sí se aprende a convivir con él.

Este proceso personal se da en paralelo a un presente deportivo sólido, en el que Tiziano Gravier se consolidó como campeón nacional y sudamericano y continúa ajustando detalles físicos para competir en los circuitos más exigentes del mundo. Un año que, según él mismo asegura, marca un antes y un después en su carrera.
Así, entre la adrenalina de la nieve, la presión del alto rendimiento y el amor incondicional de su familia, el hijo de Valeria Mazza que crecer como deportista también implica aprender a cuidar a quienes miran desde la tribuna. Porque detrás de cada bajada extrema, hay un vínculo que se fortalece palabra a palabra.


