“Todavía me afecta”: Nazareno Casero entre el "duelo eterno" por la pérdida de su perro Yeso, y el desafío profesional que encarará con Rulo, el nieto de su mascota – GENTE Online
 

“Todavía me afecta”: Nazareno Casero entre el "duelo eterno" por la pérdida de su perro Yeso, y el desafío profesional que encarará con Rulo, el nieto de su mascota

Con el retrato de Yeso entre sus manos, el actor repasa junto a GENTE la historia de un vínculo inquebrantable de 17 años que se interrumpió hace cuatro. Además, sorprende revelando al heredero y un proyecto audiovisual relacionado con su amor por los canes.
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Nazareno Casero, el actor forjado en el humor absurdo y la acidez heredada, siempre manejó una coraza difícil de penetrar. Sin embargo, hay un tema que lo toca por completo, un punto de fuga en el que la ironía desaparece y da paso a una vulnerabilidad absoluta: sus perros. En el centro de esa sensibilidad, hay un nombre que resuena con fuerza: Yeso.

Una imagen de otra época -el pelo de Nazareno lo demuestra- con su pequeño Yeso en brazos. "Éramos jóvenes y estábamos viajando en la caja de un Dodge M37", memora.

El cachorro "de la botita blanca"

La historia de este amor incondicional empezó, como tantas cosas importantes, gracias al azar. Nazareno tenía 18 años y apenas llevaba un mes viviendo solo cuando el destino golpeó a su puerta con la forma de su padre, Alfredo Casero. "Mi viejo me dijo: 'Che, ¿me tenés un perro?'. Era un cachorrito que había encontrado atropellado en la calle y llevado a enyesar por pena. Según lo que me dijo tenía que cuidarlo sólo unos días porque había una familia esperándolo", relata el actor, reviviendo la escena con una nitidez que parece ignorar el paso de las décadas.

La respuesta fue un "sí, dale, obvio". Sin embargo, el plan original duró lo que un suspiro. "El perro entró a mi casa, me hizo pis y caca en la alfombra. Lo miré de arriba abajo: era un cachorrito con una botita enyesada. Y en ese instante automáticamente me lo quedé", recuerda con una sonrisa. Aquel flechazo impulsivo, casi animal, fue el kilómetro cero de una travesía compartida que se extendería a lo largo de diecisiete años de lealtad absoluta.

Los brillantes ojitos del can que supo amar a Nazareno como nadie.

El arte de mirar profundo y el dolor intacto

El tiempo, implacable, hizo lo suyo. Yeso falleció hace cuatro años, dejando a Nazareno sin su sombra más fiel. "Fue un gran perro. Lo tuve que acompañar a que muera, y de golpe empecé a reveer todas sus fotos", recuerda perdiendo la voz. Es que el dolor por esa pérdida sigue latiendo con una fuerza que lo descoloca. "Me duele como si fuese hoy, todavía me afecta, es como un duelo eterno", admite frente a GENTE, casi sorprendido por su propio quiebre.

Pero esta sensibilidad a flor de piel no parece casual: hoy Nazareno confiesa estar atravesando una tormenta personal y profesional que lo dejó sin corazas. "Tengo las emociones ahí, medio complicadas. Ando sensible", revela con una vulnerabilidad inusual en él, y admite que también se debe al desgaste emocional de estar preparándose para protagonizar Bebé Reno, una obra teatral que le viene exigiendo "una intensidad y una profundidad que posiblemente no había experimentado nunca".

Es en medio de este torbellino de emociones cruzadas cuando el recuerdo de su compañero volvió a materializarse apenas una artista le propuso retratar a sus perros. "Apenas Andrea Delgado me regaló este cuadro me quedé como...", desliza, dejando que el silencio termine la frase frente al cuadro.

"Le pasé una muy buena foto, pero ella supo retratar algo en los ojos de ese bicho que lo hacía único", reflexiona Nazareno halagando el trabajo de la artista Andrea Delgado.

La pintura logró un impacto que ninguna fotografía había podido rozar. Para él la obra hoy es un portal ineludible: "Un retrato no es una foto, si no lo que la artista captó del perro, y eso para mí tiene más valor... Hay algo que atraviesa el todo".

El linaje de Yeso se rehusó a desaparecer

Su legado late hoy en Rulo, nieto de Yeso, cuya llegada a la vida del actor contó con tintes casi místicos. "La señora que tiene a la hija de Yeso la cruzó con un perrito de campo, y de esa relación nacieron tres perritos, y uno era igual a Yeso. Igual, igual, mismo color, mismo dibujo, ¡todo!, un delirio. Ni bien vi los videos de los perros de bebés, le dije sin dudarlo, 'me lo quedo'".

Él es Rulo, el "inteligente" nieto de Yeso que hoy acompaña a Nazareno.

Con Rulo, Nazareno no se quedó quieto y rápidamente lo sumó a su vida con viajes, aventuras y un pasaporte colmado de sellos. "Es que yo siempre a los perros me los llevé para todos lados. En avión, en barco, en auto, en trenes, en lo que sea", asegura Casero.

"Jamás nadie imaginó que a un perro le pudiese gustar tanto viajar en tren", tipeó Nazareno al postear esta foto en sus redes sociales.

Es justamente de esa necesidad de moverse a la par de sus animales que nació la semilla de su próximo gran paso audiovisual: "Estamos grabando algo que todavía no saqué y se llamará Viaje de Perros. ¿Qué es eso? Un programa de turismo con perros".

Este proyecto, pensado inicialmente para la enorme libertad narrativa que ofrece YouTube, busca documentar su propia naturaleza nómade. "Me pasa que hay muchas cosas de mi vida que no las grabo porque estoy, justamente, las estoy viviendo. Pero varias veces me paro un segundo y pienso 'che, con mucho menos que esto se puede hacer un gran contenido y compartirlo'... ".

-¿Entonces?

-Bueno, sin ir más lejos, los otros días con Rulo hice el Camino de Santiago. Anduvimos 115 kilómetros durante cuatro días, y está todo grabado", adelanta sobre este proyecto personal que lo mostrará en una nueva faceta, con su nuevo perrito como coprotagonista, pero con Yeso siempre en el recuerdo.

Fotos: Rocío Bustos
Make up y peinado: @mauriciocamilomaquillador
Agradecemos a Anto Cores



 
 

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