Bailando sobre hielo llegó al catálogo de Netflix casi en silencio, pero con rapidez se convirtió en una de las series más vistas del segmento juvenil-adulto. Con solo ocho episodios de 45 minutos, esta producción canadiense logra captar al público gracias a su combinación de romance, deporte de alto rendimiento y conflictos familiares atravesados por las exigencias del legado y la presión mediática.
La historia está basada en Finding Her Edge, la novela de Jennifer Iacopelli publicada en 2022. El guion toma como punto de partida el mundo del patinaje artístico competitivo y lo fusiona con un triángulo amoroso lleno de tensiones, promesas rotas y decisiones difíciles. Así, propone una trama emocionalmente intensa, con escenarios que van de la pista de hielo a los enredos del corazón.

Un legado familiar al borde del colapso
La protagonista es Adriana Russo, interpretada por Madelyn Keys, una patinadora de 17 años que carga con el peso de una dinastía: su familia es dueña de un prestigioso centro de entrenamiento que está por cerrar por problemas financieros. La joven, que alguna vez soñó con competir por pasión, ahora lo hace para salvar el apellido y el negocio familiar.
Cuando su padre toma decisiones económicas equivocadas, todo el futuro de los Russo queda en jaque. En ese contexto aparece Brayden Elliott (Cale Ambrozic), su nuevo compañero de patinaje, con quien no solo deberá trabajar en sincronía sobre el hielo, sino también enfrentarse a un plan inesperado: simular una relación amorosa para atraer patrocinadores.

Romance fingido y amores del pasado
El conflicto se intensifica cuando reaparece Freddie O’Connell (Olly Atkins), el primer amor de Adriana y su ex compañero en competencias. Su regreso remueve viejas emociones que ella creía haber superado, y reabre heridas que nunca terminaron de sanar.
Así se conforma un triángulo amoroso que mezcla el artificio del "noviazgo estratégico" con los sentimientos verdaderos que nunca se fueron. La historia se desarrolla entre rutinas de patinaje, miradas cruzadas y silencios que dicen más que las palabras. En ese ir y venir emocional, la serie retoma temas clásicos de la literatura romántica —como las segundas oportunidades y los vínculos condicionados por el deber— con una mirada moderna.
Inspiración olímpica y austeniana
Según declaró la autora del libro original, Bailando sobre hielo se inspira en dos fuentes concretas: la dupla olímpica de patinadores Tessa Virtue y Scott Moir, y la novela Persuasión de Jane Austen. Esa fusión se percibe claramente en la construcción de personajes y en el ritmo narrativo, que alterna momentos íntimos con espectaculares coreografías sobre hielo.
El elenco incluye también a Harmon Walsh, Alexandra Beaton, Meredith Forlenza, Alice Malakhov, Niko Ceci, Millie Davis y Yona Epstein-Roth. Todos aportan a un universo en el que los sueños, los errores del pasado y la presión del presente chocan con fuerza.
Una opción atrapante para el verano
Con apenas ocho capítulos de 45 minutos cada uno, la serie se transforma en una opción ideal para quienes buscan historias de crecimiento personal con un fuerte componente emocional

