En la previa al reestreno de uno de sus grandes musicales de fines de los '70, Pepe Cibrián recibe en su casa a Revista GENTE. Fiel a su estilo, cargado y extravagante, su hogar parece un museo que reúne más de 20 años de recorrido artístico, con obras que cubren desde las paredes hasta el techo, y un imponente patio que parece una selva.
Desde ese refugio que creó hace 24 años en medio de Pilar, Provincia de Buenos Aires, el director de teatro sigue creando y ahora termina de dejar todo listo para el reestreno de Aquí no podemos hacerlo, al que definen como "el primer gran musical argentino", que vuelve a la cartelera desde el sábado 7 de febrero de 2026, con funciones todos los sábados a las 20 en el Teatro Regina.
"La vocación se sostiene entre todos. Yo en el ensayo no paro; me meto en el lugar del actor, del director, voy, vengo, trabajo cinco horas sin darme cuenta. Eso me mantiene vivo", reflexiona Pepe, inquieto, y remarca: "Si no siguiera haciendo todo lo que hago, me quedaría todo el tiempo con un vacío que me consumiría".

Es que el presente de Pepe no se define por la nostalgia sino por el trabajo. A la par de Aquí no podemos hacerlo, avanza con Drácula Resurrección —estreno previsto para abril—, en un cronograma que lo encuentra alternando salas de ensayo con la disciplina de quien hace de la rutina un credo. “Termino una y empiezo la otra. No sé vivir de otra manera”, confiesa.
En Aquí no podemos hacerlo, su apuesta combina memoria y presente: “La versión respeta el espíritu del ‘78 —los mismos personajes y la misma columna vertebral de la puesta—, con ajustes que respondan a este tiempo”, cuenta.
Tengo nostalgia de volver a la ciudad de Buenos Aires", dice Cibrián desde Pilar.
La dirección musical y un diseño de luces pensado para respirar ese clima están a cargo de Juan Pablo Ragonese; la coreografía, de Tomás Luna. El elenco (con Matías Asenjo, Lucía Macías Palkiewicz, Marcos Franchi, Anna Fiadino, Claudia Duce, Darío Fernández y más) le pone cuerpos nuevos a una obra que creó una escucha propia en el teatro musical local. “El éxito económico es otra discusión; el éxito artístico es hacerlo”, remarca.

La salud de Pepe Cibrián y la nostalgia por Buenos Aires
A sus 78 años, el reconocido productor teatral estuvo cercano a la muerte en más de una ocasión. Pero cuando habla de salud, su tono no cambia: la vida le plantó desafíos duros, y él los recuerda sin darle una carga de solemnidad. Por el contrario, los enumera casi que con orgullo de lo que superó: “Tuve dos cánceres. Me fracturé el cráneo, seis fracturas en la cara, 96 puntos. Y aquí estoy”.
Pero en ese recordar y enumerar, confesó la incomodidad que lo atraviesa en su presente: "Estoy muy bien, gracias a Dios, pero tengo como una nostalgia de volver a Buenos Aires. Tengo nostalgia de estar ahí, de encontrarme con amigos, ir al teatro. Acá todo es muy lejos y con los años se ha puesto realmente casi intransitable el camino".
—¿Volverías a vivir a Capital ahora?
—Esa posibilidad es una de mis fantasías ahora. Me gusta mucho Recoleta, Libertador... medio esnob. Pero bueno, ahí viví. Tuve un piso muy lindo hasta que decidí vivir acá. Me gusta eso, estar estar cerca de los centros culturales, calle Corrientes, el Colón, lugares donde puedo caminar y recorrer. Pero no lo sé... estoy en una encrucijada con el tiempo.

Un musical para repensar el ayer y el hoy
Para Pepe Cibrián, el reestreno de su musical Aquí no podemos hacerlo también es una forma de dialogar con el momento del país que la vio nacer. Su primera versión llegó en 1978, en plena dictadura cívico-militar, una época en la que montar teatro implicaba convivir con la vigilancia: “Venían del Ministerio del Interior a ver los ensayos con anteojos negros y nos avisaba el quiosquero de la planta baja; entonces había un ensayo A, que parecíamos de Walt Disney, y un ensayo B que era de verdad”, recuerda Pepe, para explicar cómo se protegían de los controles de entonces. En ese clima, la frase “aquí no podemos hacerlo” era casi literal; hoy, al volver, funciona como espejo y como respuesta.
Por eso, el reestreno no es sólo memoria emotiva: es celebración de una libertad conquistada y cuidada. “Vivimos en democracia, que nos costó mucho ganarla”, subraya, y al mismo tiempo admite que no milita banderas partidarias —“le deseo lo mejor a cualquier presidente porque si le va bien, nos va bien a todos”—, pero mantiene su derecho a opinar y a reclamar más apoyo para el arte.

—Hoy con 78 años, que podrías elegir un tiempo de descanso, ¿por qué estás con dos obras en cartelera?
—Porque no sé vivir de otra manera. Me moriría de tristeza. Pienso todo el tiempo: termino una y empiezo la otra. Me inspiran Clint Eastwood, Héctor Alterio, Moria Casán… Hoy se llega pleno a edades que antes era imposible. El tiempo pasa rápido: mirás atrás y te preguntás si valió la pena. Mientras tenga cabeza, aunque sea en silla de ruedas, voy a ir y dirigir mis obras.
Fotos: Diego García.


