Hay vínculos en la televisión que no necesitan explicación. Se construyen con los años, los códigos compartidos y una complicidad que trasciende la pantalla. Para Mariana Brey, volver a trabajar con Ángel de Brito no fue sólo un reencuentro profesional, sino la confirmación de una conexión que sigue intacta.
“Nos miramos y ya entendemos todo”, resume en una íntima charla con GENTE al recordar su regreso como compañaros en Bondi, donde la dinámica fluye casi sin palabras.
Ese mismo sentimiento aparece cuando habla de su vuelta a trabajar con Santiago del Moro en Gran Hermano. Después de haber compartido pantalla en el pasado, el reencuentro se dio de manera natural, como si el tiempo no hubiera pasado. “Es un lujo”, asegura, sobre la posibilidad de coincidir nuevamente en uno de los programas más vistos del país.

En este presente intenso y cargado de exposición, Brey elige correrse de la lógica de la proyección constante que domina el medio. Lejos de pensar en el futuro, se planta en el presente como una decisión casi filosófica: disfrutar lo que le toca, paso a paso, es hoy su forma de habitar la profesión. “No proyecto a largo plazo”, admite, convencida de que el verdadero valor está en lo que sucede ahora.
-¿Cómo ha sido volver a trabajar con Ángel de Brito, porque fuiste parte de su staff de angelitas por mucho tiempo?
-Nos conocemos tanto, que nos miramos y ya es alucinante porque no hacen falta las palabras. Es la observación el uno con el otro y entender hacia dónde quiere ir con el programa o qué quiere conseguir de una entrevista. Está buenísimo, sabíamos que esto en algún momento se iba a dar; crecimos juntos en esta profesión haciendo muchos años BDV, LAM y DDM. Ahora en Bondi es un vínculo de mucha confianza, es un privilegio trabajar con gente como él.

-Ahora, como panelista de Gran Hermano, también te reencontraste profesionalmente con Santiago del Moro.
-¡Sí! Hicimos Infama en su momento, así que trabajar con él nuevamente es un lujo y se lo agradecí en un mensaje. Me encanta trabajar con Santiago, hacemos muy buen equipo con todos los analistas. El panel es también un panel muy preparado. Por suerte los conozco a prácticamente todos, con muchos he trabajado en otras oportunidades y con otros, es este año tengo la gran oportunidad. Me parece que cada uno tiene su personaje muy bien formado, por eso están donde están. Mi desafío es ese, encontrar el diferencial a la hora de analizar.
-¿Cómo vivís este presente profesional?
-Es probable que siempre falten cosas, pero estoy tan conforme y feliz con el presente que suelo anclarme en el lugar en que vivo. Disfruto mucho lo que vivo, no estoy proyectando para más. Nunca pude proyectar a largo plazo, ni un viaje (risas); siempre voy paso a paso, minuto a minuto. Lo que vivo lo disfruto, no concibo la vida de otra manera. Es el presente lo que tenemos, no es una manera de decir, es real. No creo mucho en visualizar el futuro más que escribir a veces algo que deseo y dejarlo ahí, para no perder energía en el presente.

-¿Cuál es tu objetivo como analista de Gran Hermano?
-Mi estrategia es intentar analizar el juego y hacer una lectura de qué es lo que la sociedad que está mirando el programa quiere, porque la sociedad va cambiando. Creo que hoy tenemos una sociedad bastante más madura que hace unos años atrás y en este Gran Hermano puntualmente, con este elenco, mi desafío va a pasar por ahí: intentar dilucidar qué es lo que la sociedad percibe y hacer un análisis de estrategia, no un juicio de valor sobre las personas o su personalidad, sino por estrategia de juego.
-Claro, porque al final es un juego.
-Sí, es un juego. No sabemos si lo que hacen es esencialmente propio de la persona o está pensado para jugar y ganar, porque entiendo que todos los que ingresaron quieren ganar; sería insólito pensar que alguien entró para no ganar.
Fotos: Diego García
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