En el efímero universo de moda y los flashes, no todas las figuras logran trascender la superficie para construir un relato propio. Angie Landaburu continúa desandando ese camino y tiene un propósito que la guía. Con el magnetismo que la llevó a las pasarelas y las primeras filas más prestigiosas y la intuición para reinventarse constantemente, la influencer y modelo representada por Elite Models atraviesa hoy su etapa más sólida y reveladora.
Entre el lanzamiento de la tercera temporada de su podcast, Ángeles y demonios, y su presente como madre de Alessandro -fruto de su amor con el empresario Augusto Marini-, Angie se corre de la perfección y la presión de los algoritmos -qué marcan todo el tiempo cómo encajar más rápido en el sistema- para abrazar su autenticidad sin filtros.
En diálogo con GENTE, la creadora de contenido explica cómo conecta maternidad y deseo "sin negociaciones" y cómo para construir a largo plazo no es necesario ser dependiente de las tendencias.

La maternidad como motor de expansión
Para muchas, la llegada de un hijo supone poner el mundo en pausa. Para Angie, fue todo lo contrario: una integración que hoy multiplica su potencial creador a futuro.
–Ser madre suele reordenar prioridades: ¿qué cosas que antes te parecían importantes hoy directamente dejaron de tener sentido?
–No siento que la maternidad me haya quitado nada, al contrario. Me dio foco y una claridad enormes. Sigo siendo una mujer ambiciosa, trabajadora y comprometida con mi carrera, pero hoy elijo con más conciencia dónde pongo mi energía.

–¿Sentís que la maternidad te volvió más compasiva con vos misma o, por el contrario, más exigente?
–Me volvió más exigente desde un lugar positivo. Más enfocada, más eficiente y más consciente de mi tiempo. También más segura de mis decisiones. La maternidad me fortaleció. Me siento productiva y profundamente feliz en esta etapa, sin haber dejado de ser quien soy.
Esa fuerza de la que habla Angie se traduce en una agenda que no conoce de pausas, pero sí de una eficiencia quirúrgica. En su mundo y lejos de la narrativa del caos, el cochecito de Alessandro y el micrófono de alta fidelidad de su estudio conviven sin fricciones.

–Vivís y trabajás en un ambiente donde la imagen lo es todo. ¿Cómo se integra la maternidad -con su caos y su imperfección- dentro de un mundo tan editado?
–La maternidad no vino a desordenar mi mundo, vino a hacerlo más real y más sólido. La imagen sigue siendo parte de mi trabajo, pero hoy está sostenida por una mujer más segura, más organizada y con una identidad muy clara. Eso se nota, incluso en lo que se ve.
–Aún se sigue romantizando bastante la maternidad. ¿Qué parte de la narrativa que nadie se anima a contar a vos te atraviesa?
–Que se puede disfrutar profundamente sin perder ambición, deseo ni identidad. La maternidad no te achica: bien vivida, te expande. Eso no siempre se dice.

Esa solidez es la que busca imprimir en cada episodio de su podcast. Por su living pasaron figuras como Marley, Luciana Salazar, Marta Fort y Tuli Acosta. Bajo su lente, asegura, los invitados se despojan del "casete". Angie busca la grieta, esa dualidad entre lo divino y lo más oscuro que todos cargamos.
Ahora al frente de conversaciones aún más auténticas, la profundización del registro no es casual. El nacimiento de Alessandro afinó su "radar" emocional. Como ella misma explica, "la maternidad te entrena en el arte de leer entre líneas y entender lo que no se dice".

–A propósito de esa nueva sensibilidad, ¿también afinó tu radar para detectar más fácil las grietas de los demás?
–Sí. Y eso en una entrevista es un valor enorme. Escucho con más profundidad y más presencia. Estoy menos pendiente del impacto y más conectada con la verdad de la conversación. Siento que pregunto desde un lugar más firme y más humano.
–Si esta nueva temporada del podcast tuviera un hilo invisible que la conecte, ¿cuál dirías que es: la caída, la contradicción, la humanidad?
–Simplemente la humanidad. La posibilidad de ser complejos, exitosos y vulnerables a la vez, sin necesidad de encasillarnos.
En un ecosistema digital amenazado por la frialdad y los automatismos de la inteligencia artificial, Angie apuesta por la potencia de los encuentros cara a cara. Sabe que las interacciones pueden ser cada vez más inmediatas y eficientes, pero está convencida de que la conexión genuina sin intermediarios tecnológicos es el lujo del futuro.

–En un momento donde la IA vuelve cada vez más difusa la frontera entre lo verdadero y lo falso, ¿cómo te posicionás vos -como comunicadora y como madre- frente a un paradigma en el que ya no siempre importa qué es real, sino qué parece real?
–Apostando a la coherencia y a la verdad. Como comunicadora, siendo responsable con lo que transmito. Como madre, enseñando que lo auténtico siempre tiene más valor que lo aparente. La perfección es una ilusión. Hay días en los que dudo de mis decisiones o en los que simplemente me tomo el tiempo de descansar y estar con mi familia, que es mi cable a tierra.
–En un mundo que premia la perfección, ¿qué te gustaría que tu hijo/a aprenda sobre el error, el fracaso y la autenticidad?
–Que equivocarse es parte del camino y no define quién sos. Que ser fiel a uno mismo siempre es una fortaleza.

–¿Cómo convivís con la exposición pública cuando ahora hay otra vida que también entra en juego, aunque no la muestres?
–Con límites claros y mucha serenidad. Mi exposición sigue siendo una elección profesional; la protección de mi hijo es una prioridad personal.
Pero, ¿hacia dónde va esta mujer que parece tenerlo todo bajo control? Su ambición, asegura, es el capital que más dividendos le ha generado, pero hoy se ha transformado en visión. Su mirada está puesta en el horizonte de la próxima década, donde se imagina liderando no solo tendencias, sino conversaciones que muevan la aguja de la cultura contemporánea.

–¿Cómo te ves en diez años, haciendo, viviendo y liderando qué?
–En diez años me veo liderando algo que hoy todavía está en construcción, pero que ya tiene un pulso muy claro: una plataforma de contenidos, conversaciones y proyectos que generen impacto real. No solo en términos de audiencia, sino de sentido. Creando espacios donde se pueda hablar de éxito, maternidad, poder, vulnerabilidad y dinero sin filtros ni poses, con profundidad y honestidad.
Me veo al frente de un proyecto propio que cruce medios, formatos y generaciones; tomando decisiones y armando equipos. Liderando desde la experiencia, pero también desde la escucha. Entendiendo que el verdadero poder no está en la exposición constante, sino en la capacidad de construir algo que trascienda mi imagen.
–¿Y cuál es la clave que sentís que te guía hasta hoy en ese camino?
–La idea de que crecer no es acumular, sino elegir mejor. Elegir qué historias contar, qué batallas dar y qué legado dejar.
Fotos: gentileza A.L.

