Luego de que se viralizó un fragmento de una entrevista que brindó Diego Mendoza, en el ciclo conducido por Juan Marconi, se desató una ola de críticas por el tono del relato y la forma de referirse a su pareja, Josefina "La China" Ansa. En esa charla distendida, el exfutbolista repasó cómo conoció a la madre de sus dos hijos en plena pandemia, cuando él vivía en Ibiza y las videollamadas eran el único puente entre ambos.
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En ese clima, La China Ansa salió a hablar primero. Lo hizo en una serie de historias de Instagram en las que pidió encuadrar el episodio como “una historia de amor”, remarcó que “no hubo amenaza ni extorsión”, y que la parte que circuló estaba “editada, recortada y fuera de contexto”. Además, sostuvo que no están peleados y que su historia de 2020 efectivamente comenzó a distancia, mediada por pantallas.
Ahora, el turno fue de Diego. Hablándole directo a cámara, arrancó con una idea que repitió varias veces: “Tenemos gente alrededor que no te odia. No sos tan importante. (…) Cuando te va bien, te felicitan; pero cuando pasan estas cosas también te das cuenta de que estaban esperando que pase algo así”. El exfutbolista ligó esas reacciones a la forma en que él y su pareja eligieron construir su vida: “Cuando vos tenés una relación o un trabajo sano, limpio, lindo, con códigos, genera un poco eso. Es normal”. Y puso el foco en el periodismo y la agenda de redes: “A vos, periodista que lo utilizaste para generar más likes, más views, también tenés gente alrededor que está esperando a que te vaya mal”.
El descargo giró, además, sobre su manera de entender el “crecimiento”: “Agradezco que nosotros formamos todo esto con la China desde el amor, de la transparencia y de la honestidad. (…) Abran bien los ojos porque a veces tenés gente al lado que le molesta tu crecimiento. Y cuando hablo de crecimiento, hablo de amor, la familia, todo lo que logramos en conjunto”. En esa línea se permitió una confesión: “Estas cosas te dejan un aprendizaje. El aprendizaje que me deja a mí es que hay que estar un poco más atento. Hay que abrir un poquito más los ojos porque tenemos gente alrededor que le molestamos en su camino”.

En uno de los tramos más filosos, habló “para vos que me escribiste o para vos, periodista que hablaste”: “Estabas esperando un poco de esto o nunca tuviste nada. Así que utilizalo de la forma que te sirva”. Y enseguida, un mensaje que sonó a cierre (y a dardo): “Hace algo importante con tu vida, algo que tenga valor, que te haga sentir orgullo, formá algo importante. No estés esperando que le pase algo a alguien para tener la razón. Podés ser feliz ahora. Ahora podés ser feliz. Es el mejor consejo que te puedo dar”.
Diego también defendió el marco de su pareja y el modo en que —según su versión— siempre contaron su historia: “Con la China tenemos una relación muy sana, muy transparente desde el día uno. Nuestra historia la hemos contado por todos lados, crecimos mucho juntos y siempre trabajando muchísimo, nunca hablando mal de nadie”. Desde ese lugar planteó que el estallido actual se explica por “gente alrededor” que “estaba esperando a que pasen estas cosas porque nunca tuvieron nada para agarrarse; entonces tuvieron la oportunidad y se agarraron de eso”.
El exjugador, que asegura no sentirse “tan importante” como para tener “gente que lo odie”, apuntó a otra arista del ruido mediático: cómo “mutó la nota” a lo largo de las horas. Según resumió frente a cámara, primero se lo criticó por “contar intimidades”, luego por “cosificación”, más tarde por “extorsión o presión” y finalmente por “el lugar y el tono” en que relató la anécdota, pese a que —insistió— esa historia ya había sido contada por ambos en otros contextos. Ese vaivén es el mismo que había señalado Ansa cuando pidió que se leyera el episodio como un recorte y no como el todo: “No está revelando ningún dato íntimo, no me está manipulando, no sacó ventaja, no arruinó mi imagen, y no estamos peleados”, planteó ella en su video.
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