El llanto de Fátima Florez tras el encuentro con Javier Milei en Mar del Plata: “No quiero victimizarme” – GENTE Online
 

El llanto de Fátima Florez tras el encuentro con Javier Milei en Mar del Plata: “No quiero victimizarme”

Fátima revivió el detrás de escena de la noche en el Roxy: contó que la energía “parecía la de un estadio”, reveló que hubo ensayo previo y “guiñitos” en escena.
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El día después de la función que agitó la temporada marplatense, Fátima Florez abrió la puerta de su intimidad televisiva. En La mañana con Moria (El Trece), y ya sin brillos ni reflectores, puso en palabras el vaivén emocional que la atravesó cuando Javier Milei subió al escenario del Roxy para cerrar Fátima Universal. “Estoy movilizada”, había dicho temprano, comparando la energía de la sala con la de “un estadio de fútbol” y admitiendo que durante la obra hizo “guiños” para él, una clave privada que el público celebró a carcajadas.

El reencuentro no fue improvisado. Hubo ensayo al mediodía: prueba de sonido y reconocimiento del escenario, con Milei llegando antes que ella y encontrándose “como en su banda”. Esa tarde se terminó de pulir el final que correría por redes: el Presidente cantando “El rock del gato y una ovación que hacía vibrar las butacas. “La voz le sonó espectacular”, remarcó Fátima, todavía con el pulso alto de la noche anterior.

La postal pública tuvo, además, una confidencia en voz baja que, ya a la mañana siguiente, se volvió titular: “Me dijo ‘soy muy feliz, soy extremadamente feliz’. Y yo le dije: ‘somos, somos’”. Fue el corolario de un abrazo que, sobre el escenario, pareció eterno. Al mismo tiempo, la artista tomó distancia de etiquetas y solemnidades: “Nunca me creí primera dama… esta vez fue más relajado”, dijo sobre su modo de habitar la escena con su ex.

Pero el tramo más crudo llegó cuando Moria Casán activó su segmento “Si querés llorar, llorá” y la invitó a ponerle nombre a las emociones que surgen cuando termina la función y baja el telón. Fátima respiró hondo y se quebró: “Perdón. Yo no quería llorar porque siempre quiero darle alegría a la gente y no quiero victimizarme ni nada, y quiero que me vean fuerteSoy una mujer aguerrida, pero también tengo mi sensibilidad muy a flor de piel”, dijo.

En esa misma línea, describió el precio invisible de la temporada: “Vengo de días de mucho traqueteo… de dormir poco, de comer casi nada, de andar a las corridas y de mucha presión, porque realmente soy una artista… para mí no me resbala nada”. En esa vulnerabilidad confesó el miedo a estar “en el ojo de la tormenta… muy observada”, y la autoexigencia de “romperla” cada noche.

La escena final de su relato, íntima y precisa, conmovió por su contraste: “Realmente es una entrega enorme lo que hago arriba del escenario… si supieran que uno baja tres kilos por función… que uno está tres horas antes sin comer y después tres horas después sin comer”, dijo, para luego dibujar el silencio del después: “Recibís el cariño en la calle y después llegás al hotel y por ahí estás solo… por ahí uno se emociona… la soledad del camarín”.

Lo que quedó en el aire, entre luces y lágrimas, fue la idea de una noche “auténtica” que mezcló trabajo, memoria y deseo. El show fue a sala llena; Milei llegó con su comitiva y se fue entre aplausos adentro y reacciones cruzadas afuera. Adentro, el teatro eligió la ovación; afuera, la ciudad discutió. Fátima, en el medio, se permitió llorar. Y en ese gesto, quizá, dijo más de lo que cualquier libreto puede escribir.



 
 

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