La nueva mansión que Eduardo y Elina Costantini estrenaron hace semanas en José Ignacio no solo se destaca por su ubicación privilegiada y su diseño, sino también por los detalles personales que guarda en cada ambiente. Uno de los espacios más especiales es la habitación de Kahlo, su hija, pensada especialmente para esta etapa y marcada por obsequios de alto valor simbólico y artístico.
Según contó la modelo y empresaria a GENTE, el cuarto de la niña reúne piezas únicas que fueron llegando como regalos de distintas personas vinculadas al mundo del arte.

“Tiene varias obras de arte que le regalaron distintos artistas”, explicó.
También reveló cómo se dio el vínculo con los creadores de las obras que hoy forman parte del espacio íntimo de su hija: “Algunas son de Ulises Beisso, que es uruguayo: su familia se acercó a nosotros para entregarnos unas obras suyas y de otra familia argentina”, señaló, dando cuenta del carácter personal y afectivo de los regalos.
En cuanto a la estética del ambiente, la señora de Costantini marcó una diferencia clara entre la casa de Punta del Este y las otras residencias familiares. “El cuarto de acá es un poco más barroco, con muchas obras de arte”, explicó.

Lo cierto es que hubo una selección cuidadosa del material que finalmente quedaría en la habitación. De hecho, algunas piezas permanecieron momentáneamente fuera del cuarto por una cuestión práctica.
“Hay algunas obras que me dieron y no se las dejé. Por ejemplo, una que tiene cable y es un peligro. Los otros cuartos de Buenos Aires y Miami son más minimalistas”, agregó.
Los detalles de la nueva mansión Costantini en José Ignacio


La espectacular residencia, que lleva el romántico nombre de Nuestro Amor II, es una obra maestra de la arquitectura moderna que se fusiona con el paisaje rocoso y agreste de la costa esteña, ofreciendo un lujo que prioriza la naturaleza y la vista infinita al mar.
“La casa es muy diferente a la anterior. Está hecha sobre las piedras y tiene una energía única. Hay una roca de más de cinco metros de alto que tiene la cara de un indio. Estuve investigando y en ese lugar vivía un pueblo indígena. La energía es mágica. Es nuestra primera casa juntos y resultó muy difícil de hacer”, cuenta Elina a GENTE sobre la propiedad emplazada a pocos metros del faro de José Ignacio.

La modelo y empresaria se sincera sobre lo que les costó materializar este proyecto debido a que “hubo mucha resistencia por parte del entorno y de los vecinos, hasta que entendieron el proyecto que queríamos llevar a cabo".
“Se hicieron audiencias publicas, fue un caos. La obra nos llevó cinco años. Y sí, pero es lógico: una casa nueva en un barrio histórico… Pero pusimos la vara alta en cuanto a los estudios que hicimos sobre flora, fauna y arqueología. En las excavaciones encontramos puntas de flecha y boleadoras. Está bueno para que los vecinos aprendan y puedan incorporar a la fauna y la flora autóctonas del lugar, algo que no estaban haciendo”, agrega.
La casa se caracteriza por líneas curvas y horizontales que replican la forma del horizonte. La imponente fachada de hormigón y vidrio se extiende sobre la costa, garantizando que cada ambiente goce de una panorámica inigualable.

El punto focal del exterior es la espectacular piscina infinita, que se integra directamente con las piedras naturales y parece fundirse con la Playa Mansa de José Ignacio, creando un efecto visual mágico. Flanqueada por modernos camastros de diseño con almohadones verde oliva, es el lugar ideal para disfrutar del sol y la brisa marina.
El interior de Nuestro Amor II refleja una estética minimalista y cálida, con predominio de tonos neutros, materiales naturales como la madera clara y alfombras de yute o fibras vegetales.
El amplio salón principal de concepto abierto es un ejemplo de sofisticación relajada. Aquí domina un impactante juego de sofás modulares tapizados en un profundo terciopelo verde esmeralda que contrasta con la calidez de la madera.

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En el dormitorio principal el foco es indiscutiblemente el mar. La cama king size está orientada hacia una pared de vidrio completa que ofrece vistas ininterrumpidas del océano, convirtiendo el amanecer y el atardecer en obras de arte privadas. El diseño sigue siendo despojado pero lujoso, con muebles de líneas simples y texturas acogedoras que invitan al descanso absoluto.


