Miguel del Sel: Nosotros somos los que más hemos perdurado, pues Los cinco grandes del buen humor (el primer grupo cómico argentino surgido en la década de 1940 en la radio), duraron... ¿saben cuánto?
Dady Brieva: ¿Cuánto?
Chino Volpato: -¿Cuánto?
Miguel del Sel: ¡Justamente cinco años!
Dady Brieva: Y mirá que hicieron película, el Tabarís, radio...
Miguel del Sel: Yo pensé que habían estado juntos como treinta años.
Dady Brieva: Sí, yo también.
Chino Volpato: Si hubiese sido así, ¿no serían Los treinta grandes del buen humor? (risas iniciales)
Sí, claro, el diálogo genuino se da entre los Midachi: no podía ser de otra manera. Y se da en el marco de una entrevista exclusiva con Revista GENTE. Los humoristas vienen calentando motores para los shows que darán en agosto y significarían la despedida del grupo. Porque, hay que decirlo, siempre hay chances y buenas excusas de volver.

Mientras recuerdan anécdotas y repasan sus orígenes, se permiten analizar el fenómeno que -más allá de las idas y vueltas- les permitió estar juntos desde 1983, transformándose en un sinónimo de humor argentino que traspasó las fronteras del país.
“No sé si hay una explicación para esto. La explicación más importante para mí, quizá, es que siempre que actuamos y cedimos un tiempo para hacer otras cosas. A veces no estábamos preparados para eso porque, de hecho, nos costó la primera separación. Pero después entendimos que cada uno tenía que hacer cosas que Midachi no podía sostener artísticamente o familiarmente. Ahí nos dimos cuenta que se podía sobrevivir como otros actores, que hacen distintos trabajos artísticos a lo largo de sus vidas”, amplía el Chino Volpato.

Y sigue: “Midachi tiene una esencia que hemos construido y a la que le hemos dado vida desde el inicio. Sin querer salió lo que salió. Hoy estábamos tratando de recordar quién de los tres dijo de ponernos el nombre Midachi, y salió que se le ocurrió a Miguel”. “Ya me anoté un poroto", acota el exembajador en Panamá. “Lo dijo y después se clavó un cucurucho de helado en la cabeza”, suma Dady.
-¿Y qué recuerdan de esa gestación en Santa Fe, de aquella cocina de Midachi?
Miguel del Sel: Que quince días antes de debutar íbamos a armar un cuarteto. Pero el día que un amigo nuestro nos presenta con Dady, sale con un "sigan ustedes tres"... Todo en la vida está escrito. Las casualidades me lo han demostrado. Desde como nos encontramos en una peña a eso. Pero lo de Santa Fe fue fantástico: empezamos en un restaurante, nos cambiamos en la cocina, según lo que cocinaban salíamos con ese olor en las camisas y en la ropa. Era muy gracioso.. Por ahí habías pisado el aceite chorreado en el piso y entrabas patinando. Ahí marcamos un éxito en la ciudad y se iba corriendo este boca a boca, que es la mejor publicidad que podés tener. Fuimos muy fieles a lo que queríamos hacer de entregarnos en cada show, de tratar de innovar, de agregar tecnología. Siempre avanzamos, cada show fue mejor que el anterior. Llegamos a tener una banda de doce músicos: ¡éramos como sesenta personas viajando en dos micros!
Dady Brieva: En 1992, cuando Soda Stereo salió con los camiones nosotros teníamos un show con estructura de rock: pared de bafles, iluminación y audio. Gente en vivo. El humorista no trabajaba con esa estructura.
Miguel del Sel: Recalco: con sonido de grupo de rock.
Chino Volpato: En los 90 aparecieron las luces robóticas y nosotros invertimos por primera vez en esos equipos en el país. Siempre buscamos innovar. El concepto de Midachi es que cada número es un show; si Miguel imita a Soda Stereo o lo que fuera en su momento, tenía que ser igual, y eso nos llevó a una inversión tecnológica muy importante. No había otro concepto así, el que estaba era Les Luthiers, que tenía un formato distinto.
Dady Brieva: Ellos iban para el Solís o el Victoria, pero no hacían el gallinero o el estadio. Nosotros sí teníamos esa franja popular y de contundencia, con nuestro propio grupo electrógeno y dos colectivos. Era acojonante cómo veías todo Midachi. Parecíamos el Circo Rodas.

-En cuanto al contenido, ¿se mantuvieron fieles con el público y con la esencia de Midachi desde un comienzo, o se dejaron llevar por esta tendencia de ir cambiando en base al juzgamiento que hay sobre el humor?
Dady Brieva: No. Nosotros siempre decimos que si nosotros nos reímos, la gente se ríe. Jamás me tiraría a decir algo que ofendiera o que pusiera mal.
Miguel del Sel: ¿Sabés cómo armamos los shows? Nos juntamos a matear y empezamos a tirar imitaciones, números y personajes. Cuando nos reímos, eso se anota y puede llegar a quedar.
Dady Brieva: Tratamos de seguir siendo genuinos a nosotros mismos y a lo que la gente conoce de nosotros.
Miguel del Sel: Bueno, hay cantantes que arrancaron con folklore y hoy hacen reggaetón.
Dady Brieva: Son cambios. Lo peor que existe es decir "no digamos esto porque a lo mejor...".

Miguel del Sel: Cuando fuimos a otros países debimos cambiar palabras, y es tremendo pensar en eso, era una cosa espantosa. Es mejor mandarte como es. Cuando pensás en la palabra a decir, te salís del.
Dady Brieva: La cagás. Me acuerdo que Miguel siempre se demoraba cuando íbamos a comer algo juntos, y que en ese lugar había como unos balconcitos. Un día lo apuré y él agarró, se acomodó y dijo "Estar aquí es una alegría” (imitando la voz de Juan Pablo II), y nos empezamos a cagar de risa. Ahí surgió hacer al Papa. Pensábamos que nos iban a matar.
Miguel del Sel: Fui el primer Papa del humor.
Dady Brieva: Sí, ¡pero te zarpaste cuando empezaste a dar la comunión! (risas)
-Si les pido un recuerdo de todos estos años a cada uno, ¿qué se les viene a la mente?
Miguel del Sel: Cien millones. Un recuerdo lindo fue cuando yo hacía de guaraní y la puerta se abrió antes de tiempo; salí con peluca y el pantalón a medio poner y los puteé a todos, la gente se mató de risa y el número quedó así. Muy feo. Durante ese debut me quedé en calzoncillos y la bombacha de gaucho. Te hablo de una época en la que no había abrojo.
Dady Brieva: Nos pegábamos los bigotes con pegamento. Te lo sacabas y se te iba medio labio.
Chino Volpato: Yo de lo que estoy orgulloso es de que hayamos aprendido todo lo que tiene que ver con este negocio, porque lo hicimos desde abajo. En el '84 salíamos a pegar afiches con engrudo en Carlos Paz y a convencer a la gente para que fuera a vernos. No teníamos otro recurso más que convencerlos. Fue todo un trabajo. No sé si otros grupos hubiesen tenido el valor y las ganas de bancarse lo que eso significa porque, muchas veces y a pesar de todo lo que hacíamos, iban solo 20 personas a verte y podías decir "bueno basta, me vuelvo a trabajar de profesor". Así que cada paso que dábamos tenía que ser sólido. Aprendimos ese vértigo del circo de no saber si tras la función siguiente habría para darle de comer a toda la familia.
Dady Brieva: Nosotros siempre jugamos a que no tenemos nada que perder, entonces vamos a fondo. Nunca hicimos la plancha, nunca nos quedamos en el lugar cómodo.

-Cuando miran a los artistas de ahora, a los músicos y pibes de hoy, ¿qué piensan?
Dady Brieva: Hay muchas cosas que no consumo, pero no quiero caer en ser el "viejo choto tanguero" que dice "en mi época...". A los jóvenes los veo, aunque a muchos no los conozco.
Miguel del Sel: Hay mucha producción atrás. Mi hija fue a ver a Bad Bunny y explotaba todo por el tamaño de las pantallas. La tecnología ayuda, pero después tenés que poner la cara y hacer reír.
Chino Volpato: La comunicación ahora es diferente. Los chicos, a partir de la pandemia, empezaron a tener una comunicación directa por redes. Nosotros somos de la época del afiche, nuestro público es el que nos ve ahí o en medios tradicionales. La comunicación hoy es muy rápida, no hay tiempo; los segundos de Instagram te tienen que resolver lo que a nosotros nos toman 20 minutos en el escenario. Estamos lejos de las redes.

-En una palabra, ¿cómo definiría cada uno el legado de Midachi?
Miguel del Sel: Nuestro legado es la alegría.
Dady Brieva: Y los buenos momentos.
Chino Volpato: Sí, la alegría y los buenos momentos... ¿Tenía que rematar yo, no? (risas finales).
Fotos: gentileza MP Marketing y Comunicación