Con apenas 25 años, Carolina Kopelioff construyó una carrera que combina fenómenos populares, proyectos teatrales prestigiosos y personajes cada vez más desafiantes. Desde el universo adolescente de Soy Luna hasta ficciones intensas como Cautiva, Cromañón y Máxima, la actriz atraviesa un presente marcado por el reconocimiento, la exposición internacional y la búsqueda constante de nuevos desafíos. “A veces cuesta frenar y darse cuenta de lo que una hizo”, admite, todavía movilizada por su reciente paso por los Premios Platino.
En diálogo con Revista GENTE, habla sobre el vértigo de una carrera que no deja de crecer, el impacto emocional de sus últimos personajes, el peso de haberse convertido en una cara reconocida desde muy joven y la incertidumbre que atraviesa hoy la industria audiovisual. También del deseo de seguir explorando nuevos territorios en el cine y el teatro, teniendo en cuenta el reencuentro con Un tiro cada uno, la pieza teatral que encabezará los lunes de junio en el Teatro Timbre 4.
"La obra la venimos haciendo hace bastante y vamos y venimos cuando podemos; de repente una tiene rodaje y lo suspendemos. La obra está intacta, pero fue tomando otra forma y mejorando con la experiencia de hacernos más amigas", detalla.

Mirá También

De qué trabaja Sandra Borghi luego de abandonar la pantalla de El Trece tras 25 años y volver a enamorarse
—Venís de presentar Cautiva en los Premios Platino y, al mirar tu carrera, da la sensación de que hiciste muchísimo en muy poco tiempo. ¿Tenés momentos para frenar y tomar dimensión de todo lo que lograste?
—A veces sí y a veces no. Cuando uno vive las cosas es raro también. Debería pasar que uno valore más lo que hace, pero estamos tan en la vorágine de lo que viene y de la ansiedad en general, que a veces cuesta estar en el presente o decir: “Che, bueno, puedo descansar y mirar todo lo que pasó atrás”. Justo hablaba con dos amigas de lo que siento viniendo de los Platinos y todo lo que pasa con Cautiva. Toda esa movida a uno lo hace darse cuenta del lugar donde está parado, pero a veces es difícil. Uno siempre quiere más, nuevos proyectos. Esta carrera tiene tanto vértigo que estás en una búsqueda constante y a veces es difícil frenar.
—¿Sentís que recién cuando terminás un proyecto podés entender realmente lo que hiciste?
—Sí, totalmente. Cuando termino algo me da mucha gratitud porque sé que dejé todo de mí y que esas cosas representan algo muy importante. Por ejemplo, cuando terminé La Gaviota en el San Martín. En el momento de las funciones se hace un poco tu vida cotidiana, pero cuando terminás decís: “Wow, hice La Gaviota en el San Martín”. Tengo momentos donde siento que me doy cuenta y momentos donde no tanto y estoy más en lo que vendrá, pero calculo que es normal.

—Tus últimos trabajos tuvieron muchísimo alcance, sobre todo en plataformas. ¿Una situación como esta de los premios, estando en contacto con gente de distintos países, funciona como una manera de tomar dimensión de hasta dónde llega tu trabajo?
—Sí, total. Algo bueno de los premios es que conocés a un montón de personas y te contactás con gente de acá también que admirás muchísimo: directores, productores, actores. Es un gran encuentro de gente y el estar presentando Cautiva, que es una serie muy importante en mi carrera y en mi vida, me llena de orgullo. Ir a presentarla ahí, en un lugar tan lindo, es un golazo. La verdad estuvo espectacular.
—¿Qué te dejaron esos encuentros con colegas y directores en un contexto más relajado?
—Eso es lo bueno. Por ahí acá te cruzás en un evento o con gente con la que laburaste, pero cruzártelos en la playa no es lo mismo. Estar relajados y compartir más tiempo te hace generar otro tipo de vínculos. Estaban Cecilia Roth, Joaquín Furriel, Dolores Fonzi… actores argentinos que nos conocemos, pero son de otra generación. Poder charlar más de cerca está buenísimo porque te conocés más y eso te acerca, es súper enriquecedor. También conocer gente de otros lugares, actores de otros países, y llevarte amistades. Eso es lo lindo de esas experiencias más allá de lo laboral.

—Cautiva parece ocupar un lugar muy especial en tu carrera. ¿Por qué sentís que puede marcar un antes y un después?
—Es mi primer protagónico en algo tan masivo. Hice cosas independientes o protagónicos más compartidos, pero estar al frente de un proyecto así, con actores que admiro tanto y con una historia tan fuerte, es importante. Cuento 14 años de una persona en un estado de tortura física y psíquica, y cómo esa persona se va deteriorando y transformando. Fue un personaje recontra desafiante en lo físico; me llevó mucho estudio y mucha entrega emocional y física. Era un material muy complejo cuando lo leí. Lo mejor de los proyectos es cuando uno los lee y siente que son un desafío: “¿Cómo voy a hacer esto?”. Después, que pase y se note el trabajo, me hace feliz. Con el equipo y las directoras tan maravillosas que me tocaron, fue un desafío muy grande realmente.
—¿Cómo fue la preparación para un personaje tan intenso física y emocionalmente?
—La preparación constó de muchas instancias. Estudié mucho sola en casa y las directoras, Pau y Jaz, me mandaron muchos libros sobre religión, de lo cual yo no sabía mucho. Vimos muchas películas. Después hubo muchos ensayos de lectura y algunas cosas físicas. Con Valeria Lois, que hace de mi mamá, y con Lorena Vega, que es la monja, hubo mucho trabajo ahí. Después en el set, ponerte el hábito ya te pone en una sintonía y en una forma de moverte distinta. En cada escena hubo que entregarse y jugar físicamente, con cuidado porque hay cosas violentas. Mis compañeras y compañeros fueron una maravilla y uno se entrega porque tenés a otro que va a recibir esa entrega y te va a devolver algo increíble.
—¿Y cómo hacés para despegarte después de un personaje tan oscuro?
—A mí no me pasa mucho. Hice Cromañón también, que cuando pasó yo era mucho más chica. Cuando se trata de casos reales, la carga emocional es otra. En Cautiva hablé mucho con Silvia, que es la chica a la que verdaderamente le pasó todo esto. Eso es muy impactante y no da lo mismo, pero en el set no es que me voy con el personaje encima. Puedo salir y entrar; de repente estar en una escena terrible y al corte cagarme de risa con mi compañera. Me llevaba mucha concentración sobre todo por el cansancio físico, porque físicamente fue tremenda. Pero salía de grabar e intentaba cambiar el chip juntándome con amigos. Como la mayor parte se grabó adentro de un convento, estábamos bastante en clausura nosotros, así que salir un poco y hacer tu vida ya estaba bien. No es que me quedo con el personaje encima.

—En los últimos años hiciste personajes muy distintos entre sí. ¿Sentís que hay algún registro que te quede más cómodo?
—Últimamente estoy haciendo cosas más dramáticas. Depende mucho del material y de que te toque un buen director que te sepa guiar. No creo mucho en eso de que “este actor es para esto”.
-Antes a los actores se los encasillaba mucho, y te pongo el ejemplo de Guillermo Francella con el humor.
-Eso me parecía malísimo porque al fin y al cabo somos actores y si alguien te dirige y sos permeable, las cosas se hacen. Por ahí uno la pasa mejor haciendo tal cosa o alguien es más gracioso, pero se puede.

-Y da la sensación de que en varios de tus últimos personajes aparece algo oscuro o traumático.
-Sí, me estuvo pasando eso. Tanto en teatro con La Gaviota como en series, me tocaron personajes a los que les pasó algún hecho traumático y su vida se transformó para siempre. Algo de una transformación brusca hacia algo muy oscuro. Es loco, pero casi todas las últimas cosas fueron así. Por momentos doy más niña, pero es casualidad que en varios proyectos empezaba como algo muy luminoso y terminaba como algo oscurísimo.
-Eso también pasa en Máxima, donde tu personaje atraviesa momentos muy duros.
-Totalmente. Lo lindo de la serie de Máxima es que se la ve a Inés como una piba, con su luminosidad, y el vínculo entre ellas y lo importante que es ella para Máxima. Me parece algo hermoso en ese sentido.
-Durante mucho tiempo a los actores jóvenes vinculados a Disney les costó salir de ese lugar. ¿Cómo viviste vos ese proceso?
-Obvio que me costó. No puedo renegar de ese pasado, pero cuesta. Igual yo lo abrazo mucho. Ahora volví a hacer una temporada, Soy Luna 4, que estrena en julio. Me parece que son personajes que para mí significan algo muy trascendental en mi vida y tener la posibilidad de hacer un personaje después de 10 años no pasa mucho. Es volverme a reencontrar con compañeros que son familia y un agradecimiento a la gente que estuvo 10 años pidiendo que la serie volviera.

-¿Sentís que hoy podés mirar esa etapa desde otro lugar?
-Sí, totalmente. Fue un proceso de años, de muchas audiciones donde no quedé, de frustrarme, pero es lógico porque la gente te conoce mucho como ese personaje. Estuve cuatro años haciéndolo y la gente te asocia con eso. A mí también me pasa con series que vi en mi infancia que me marcaron; por ahí ese actor hace mil series más pero a mí me quedó en la cabeza eso. Siempre voy a estar agradecida y orgullosa de haber hecho eso, aprendí una barbaridad.
-¿Y cómo fue volver a encontrarte con ese personaje después de tanto tiempo?
-Tenía mis dudas, pero fue muy loco porque en el primer ensayo con Karol Sevilla, que no nos veíamos hace muchísimos años, empezamos a leer escenas de Luna y Nina y aparecieron los personajes en segundos. Había algo en mi cuerpo que estaba guardado. Fue lindo porque venía de hacer cosas recontra densas dramáticamente. El año pasado hice Catedrales, una serie basada en el libro de Claudia Piñeiro sobre el aborto, que es bastante heavy. Entonces fue como un respiro, un rato de no tener que estar haciendo tanto drama e ir un poco más liviana a filmar.
-¿Cómo ves hoy la situación laboral de los actores jóvenes?
-Pienso que no hay mucho laburo, está muy difícil. El año pasado hice un montón de cosas, pero este año estoy mucho más tranquila. Tengo mucha incertidumbre y estoy llena de amigos actores talentosísimos que no están trabajando. No lo veo para nada bien, lamentablemente. Se están haciendo cosas, pero no hay trabajo para todos ni a palos. Es bastante desolador el panorama.

-¿Creés que a veces lo poco que hay termina quedando siempre entre los mismos nombres?
-Depende de las producciones. Hay producciones que se animan y quieren gente nueva, y otras que piden a tal gente. Depende mucho de los proyectos, pero el tema es que hay poco.
-¿Cómo fue en tu casa cuando decidiste dedicarte a la actuación? ¿Estaba eso de “¿y de qué vas a vivir?”?
-Yo fui a un colegio de educación por el arte y siempre estudié teatro, siempre quise ser actriz. Soy Luna apareció muy temprano en mi vida, no es que estudié una carrera y después vi qué onda. Enseguida apareció eso y empecé a trabajar. Siento que en ese sentido dejé tranquila a mi familia porque podía vivir de esto, pero antes de eso me decían que lo viera más como un hobby. Yo siempre fui muy nerd y me iba muy bien en el colegio, entonces pensaban que iba a hacer una carrera universitaria y actuar como hobby. Pero me recontra apoyan y cuando yo tengo incertidumbre, mi familia confía mucho en lo que hago.
-¿Y cómo te ven hoy después de todo el recorrido que hiciste?
-Re bien. Me recontra bancan, apoyan, van al teatro y ven las cosas que hago. Están bancando esta vida loca que elegí.

-La actuación tiene algo muy difícil que es convivir con la incertidumbre permanente. ¿Cómo la manejás vos?
-Tengo momentos que me cuesta más y otros menos. El año pasado fue una locura: mientras hacía La Gaviota hacía Cautiva. Este año hice La Gaviota también y ahora me voy a Chile; uno se las va arreglando, tomás clases. Hay momentos donde la cabeza te juega malas pasadas, pero ir a terapia y juntarte con amigos ayuda. Hago teatro hace cuatro años con una obra que se llama Un tiro cada uno, que vuelve en junio a Timbre 4. Tener esas cosas siempre sostiene. Entiendo que es la vida que elegí y que no es un trabajo de oficina; hablar con colegas como Marina Bellati, que es una gran amiga, me sirve para estar en paz y tranquila.
-En lo personal, ¿estás en pareja?
—Sí, estoy en pareja. Trabaja en cine, es productor, pero no es actor. Es un golazo porque entiende los horarios de rodaje y esa vida difícil donde nunca sabés a qué hora vas a salir. Hacer teatro a la noche un fin de semana es difícil de compatibilizar si estás con alguien que tiene otros tiempos, pero él lo entiende y lo hace más sencillo.
Créditos: Delfina Pignatiello, Manuela Díaz Lima y Luna Mazzeo.
Agradecemos a Sofía Maldonado de Soy Prensa.



