Ian Lucas tenía apenas 13 años cuando tomó una decisión que marcaría su historia de vida por siempre: salir a trabajar para tener su propio dinero. No fue un impulso aislado ni una elección pasajera, sino la consecuencia de una realidad familiar que lo llevó a asumir responsabilidades antes de tiempo y a desarrollar una fuerte conciencia sobre el valor del esfuerzo.
Tras la separación de sus padres, su mamá, Eliana, quedó al frente del hogar y se convirtió en el sostén cotidiano de la familia. Mientras tanto, su papá, Gustavo Enrique de Mendonça, conocido como “Gustavito” y líder de la banda Los Tulipanes, continuaba con su carrera artística, que implicaba viajes y una agenda exigente.
En ese contexto, Ian empezó a ocupar un rol más activo dentro de su casa, especialmente en el cuidado de su hermano menor, Teo.
Así lo recuerda en una íntima charla con GENTE, donde pasa por todas las emociones. Lejos de vivir esa etapa como una carga, el joven influencer se adaptó rápidamente a una dinámica que lo obligó a madurar. “Mi gran motor desde chico fue tener mi propia plata, para no pedirle nada a mi mamá ni a papá”, recuerda.
Así fue como Ian empezó a generar ingresos desde muy joven, con trabajos informales y oportunidades que él mismo se encargaba de crear. Ese impulso inicial no solo le dio independencia, sino que también se convirtió en el punto de partida de un camino marcado por la disciplina, el trabajo constante y el deseo de ayudar a los suyos.

-¿Qué te llevó a tomar esa responsabilidad siendo tan chico?
-A ver... fuimos siempre una familia remadora. Gracias a Dios, nunca fuimos pobres, pero sí una familia de barrio. Mi mamá iba a trabajar y hay cosas que entendí de grande, que capaz de chico no me daba cuenta. Por eso mi gran motor desde chico fue tener mi propia plata, para no pedirle nada a mi mamá ni a papá. No les quería pedir nada y a los 13 empecé a trabajar. Siempre que agarraba algo de dinero intentaba ayudar en casa, hacer alguna compra, pagar algún impuesto.
-¿Todo eso teniendo 13 años?
-Sí. Así empecé y eso me daba independencia y me hacía crecer rápido. Después a los 17 me fui a Italia a grabar una serie. Recuerdo que cumplí mis 18 años solo en un hotel, trabajando. Pero siempre fue así mi cabeza. Siempre tuve mucha disciplina y estuve enfocado en trabajar. Me motivaba ver que podía estar ayudando a mi familia también. Tuve momentos fuertes, que nos robaron, a mis abuelos dos veces los ataron, les pegaron para quitarles todo, y gracias a mi trabajo los pude sacar del barrio. A mi hermano me lo quisieron secuestrar en Banfield una vez y yo se lo saqué de las manos y me fui corriendo con él. Nos tocaron vivir cosas feas, pero por suerte a mis abuelos los pude mover a un barrio privado.

-¿Qué sentiste al poder ayudar a tus abuelos?
-Te diría que fue un logro muy especial. Mi abuelo cuando falleció estaba en un barrio privado con seguridad, tranquilo. Sus últimos años de vida estaba bien y eso fue gracias a mi trabajo. Mi abuela, mi mamá y mi hermano lo mismo, pudieron estar mucho mejor. Muchas cosas lindas me ha dado mi carrera, y eso realmente me hizo sentir consagrado, porque les pude dar un apoyo económico. Y bueno, después que ya estaba eso cubierto que era mi gran objetivo, cambiar la realidad de mi gente, ahora era pensar cuáles eran mis objetivos personales... y en ese camino apareció la propuesta a MasterChef.
-¿Qué sentís al mirar atrás y ver todo el recorrido desde que creabas contenido con 13 años y ver ahora que ganaste el programa de tus sueños?
-Me emociona. Me acuerdo que con 13 años tenía matinés, hacía presencias en matiné por 2000 pesos (risas). Me iba a Mendoza en un micro, volvía, me iba a Rosario, volvía... me la rebuscaba siempre. Siempre me la rebusqué. Vendía entradas, anticipadas en Lomas, en mi barrio. Tenía likes en las fotos y usaba a esa gente que me seguía para vender entradas. Siempre como que trabajé mucho, en serio, pasé por muchas cosas que no estuvieron tan buenas, pero todo valió la pena.
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