“Es un truco”, aclara sonriendo Agustín Canolik para despejar dudas sobre cualquier posibilidad de que en sus videos ocurra algo sobrenatural, pero manteniendo el misterio, sin revelar los hilos detrás de ese impactante momento en el que adivina el nombre de un familiar o el número que estás pensando.

En una charla íntima con GENTE, el reconocido mentalista de 30 años que es furor en las redes y comenzó a llenar teatros, cuenta su historia de vida y cómo fue su inicio en el mundo de la magia.
Nacido y criado en Sierra de la Ventana —una pequeña localidad de apenas 4500 personas cerca de Bahía Blanca— empezó haciendo trucos a los 12 años: “Como no había otro mago en la zona, yo tenía en 200 km el monopolio del entretenimiento. Había un cumpleaños o casamiento y llamaban al hijo de Canolik que sabía hacer unos trucos. Para mí era como un juego”.
Su primer encuentro con el mundo de la magia y los trucos fue a los 4 años: “Fue en un aniversario de casados de mis abuelos en el que ellos contrataron un dúo de magos. Estaba en primera fila. Yo no me acordaba de esto, pero lo vi de grande en un VHS. El dúo en un momento me hizo pasar adelante y me dio una varita. Fue increíble”.
El choque de un joven artista con Capital Federal
Con el crecimiento de la práctica, haciendo pequeños shows en casas de familia y eventos corporativos, para los 16 “trabajaba como un proveedor”. Esa confianza en la adolescencia lo llevó a soñar con mucho más y se formó el objetivo de viajar a Capital Federal a los 18 años a probar suerte con su show.

— ¿Cómo fue esa etapa de probar llevar tu show a Buenos Aires?
— Difícil, muy difícil. Yo pensaba, como creo que le pasa a mucha gente del interior, que 'soy un capo, que si en mi pueblo me está yendo bien, ahora voy a ir a Buenos Aires y la voy a romper'. Y llegué acá y con suerte tuve dos eventos y no entendía por qué no conseguía nada más.
— ¿Qué hiciste ante esas primeras dificultades?
— Tuve que aprender, que creo que es algo que todavía me cuesta, a entrar en un período de formación largo, donde empecé a estudiar hipnosis. También estudié teatro, más magia, producción, y otras cosas. Me tomé el tiempo de ir mucho al teatro. La idea es meterme en ese mundo y tratar de absorber la mayor cantidad de información posible. Fueron casi 12 años así.
Con un trabajo de oficina para mantenerse, Agustín hizo un largo camino de formación, en el que no solo estudió sino que fue probando suerte en pequeños shows y fue discípulo de otros magos, llevando bolsos, tirando cables, sacando fotos y aprendiendo “por cercanía”.
Siete años para un guión y el "smoking de Inglaterra"
El punto de inflexión llegó con una espera que duró casi una década. En medio de la etapa formativa, Agustín pasó siete años dándole vueltas a la idea de su show. Escribía, borraba, dudaba. "Tenía mucho pudor. Mis compañeros de clase me decían: 'Che, pero vos tenés algo para poner en el teatro', y yo decía que todavía no, que no me sentía preparado", recuerda.

Finalmente, el destino le dio el empujón final. Un amigo que trabajaba en la TV Pública le consiguió un pase de prensa para una alfombra roja. Agustín sacó del placard un smoking que había traído de Inglaterra y que nunca había tenido oportunidad de usar. Se lo puso y fue a adivinar lo que pensaban los famosos. Lo que pasó después fue parte del fenómeno viral que es hoy: "Uno de esos videos tuvo 2 millones de reproducciones. En una semana pasé a hacer como 15 notas".
Luego vinieron los Martín Fierro de Streaming, donde un solo video alcanzó las 11 millones de reproducciones. En total, en dos meses, sumó 50 millones. De repente, aquel oficinista que soñaba con pagar el alquiler haciendo magia, se encontraba "parándose en los zapatos de gente que admiré toda la vida".

— ¿Cómo definís exactamente lo que hacés? Porque la palabra "truco" a veces queda corta, y en el ambiente se habla de "efecto".
— En la magia se le dice "efecto", es un vicio profesional, pero podés decirle truco, magia o como quieras. Lo que yo hago es mentalismo, que es una rama del ilusionismo. Y aclaro siempre, en contra de lo que un montón de gente sospecha, que no es que tengo un don o un superpoder. La única diferencia está en que busco crear la fantasía de que se puede adivinar lo que el otro está pensando, en vez de crear la fantasía de que se puede manipular el mundo físico o hacer aparecer una paloma. Esa fantasía la voy creando con herramientas del teatro, de la psicología y de un montón de cosas que trato de usar para apalancarme y generar ese efecto de manera más profunda.
Al hablar del impresionante crecimiento por todo lo ocurrido en redes, Agustín no puede evitarse emocionarse y sentirse sobrepasado por momentos: “Trato de no pensar mucho en eso. No me imaginé que iba a llegar todo tan rápido y tan de golpe y tan así. Que la gente me reconozca por mi trabajo y que les guste lo que hago y que me digan que tengo talento o que les gusta mi arte… Yo durante años trabajaba en la oficina y me preguntaba si alguien algún día iba a pagar entrada para verme. No tengo palabras para describirte lo que siento ahora, sigo sobrepasado de asombro”.
Más allá del truco: cómo se relaciona Agustín Canolik con lo místico
— Para alguien que juega con el misterio, ¿qué te da miedo o te provoca asombro de lo inexplicable?
— Me da miedo el futuro. De hecho, estoy escribiendo un show nuevo y se trata sobre el futuro, sobre las preguntas que uno tienes sobre el futuro. Me da miedo el estancamiento, mi propia mediocridad, sentir que no di lo suficiente, mirar para atrás y sentir que podría haber hecho más o mejor, tiene que ver con la incertidumbre.

Agustín no pone recaudos a la hora de hablar de su intimidad, su forma de ver el mundo y cómo se relaciona tanto con lo físico como con lo energético y lo espiritual. No se considera una persona religiosa, pero si sumamente creyente: “Para mí Dios no es una relación mental, no es una figura paternalista que resuelve problemas. Tengo una relación con la energía que está dentro de todas las cosas: en la naturaleza, en un pájaro, en la noche que se cierra y el día que se abre, y sobre todo en las personas cuando lloran, ríen o se emocionan”.
— Yendo al otro extremo, ¿cómo te llevas con el escepticismo, cuando alguien ve tu truco y quiere saber cómo lo hiciste?
— Le doy espacio a eso en mi show. En un momento hablo del escepticismo y hago subir a un escéptico al show para compartir algo. Yo soy eso más que cualquier otra cosa. Si no me hubiera pasado la vida entera buscando explicaciones, no me habría podido dedicar a lo que me dedico. Entonces tengo mucho más en común con los escépticos que con los supuestos creyentes o con la gente que se entrega y se deja llevar. Me interesa cómo funcionan las cosas, creo que los escépticos son eso, somos. Y también somos los que más necesitamos que nos pateen las muletas de la realidad por un ratito para sentir de nuevo un poco ese vértigo del misterio. Que alguna experiencia artística me devuelva esa sensación de ‘Uy, no me esperaba esto’.

El cierre de Humano y el inicio de su nuevo show: Misterios Mentales
Luego de una extensa temporada, Agustín acaba de despedir su show Humano, un formato pensado para un espacio pequeño, íntimo, para máximo 60 personas. “Es un show que me trajo una bendición espectacular: "público de verdad". Antes venía mi vieja, mis amigos, mis compañeros de teatro... En Humano por primera vez tuve espectadores que compraron la entrada solo por ver un video mío y se emocionaron. Escribirlo me salvó de un momento de mucha tristeza en mi vida”.

Aunque promete que más adelante lleve adelante funciones de reestreno, actualmente se encuentra de lleno escribiendo un nuevo show que asegura que será exactamente lo contrario a lo anterior: si ese era íntimo y reflexivo, este será masivo y lleno de estímulos.
“Misterios Mentales es todo lo contrario. Es grande, fuerte e intenso, para salas de 300, 400 o 500 personas. Ahí voy a dar ese personaje que la gente ve en las redes, el que te ve y te adivina lo que pensás. El objetivo es que la gente salga mirando para arriba y preguntándose: "¿Cómo puede ser lo que acaba de pasar?". Quiero que tenga una vibra que te pase por arriba con el asombro que el mentalismo me generó a mí cuando era niño”, anticipa con mucha emoción.
Poniéndose en los pies del espectador, Agustín reflexiona sobre lo que significa para él ir a un show y así define cuál es su mayor anhelo: “Creo que cuando vamos al teatro no vamos a buscar entretenimiento. Creo que esa es la excusa. Lo que vamos a buscar es un símbolo que nos devuelva algo que sentimos perdido. Yo tuve los momentos más transformadores sentado en una butaca… lloré cosas que no había podido llorar… me reí de cosas de mí mismo… hay una especie de ritual con esos símbolos. Cuando termina mi show y alguien me dice que se emocionó… digo qué bueno, quizás esto sea un símbolo artístico que le restaure algo… es una quimera imposible, pero apunto a eso”.
Fotos: Martina Cretella


