Antes de subirse al escenario y convertirse en una de las voces más reconocidas del stand up local, Juan Pablo González, más conocido como Juampi González, construyó un recorrido tan diverso como su propio humor. Nacido en Mendoza, su infancia estuvo marcada por mudanzas constantes que lo llevaron a vivir en ciudades como Comodoro Rivadavia, Santa Cruz de la Sierra, Neuquén y, finalmente, en Buenos Aires. Ese tránsito, lejos de ser un obstáculo, terminó moldeando su personalidad.
Aunque su camino parecía orientado hacia lo académico, ya que llegó a estudiar Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), en paralelo comenzó a explorar su costado artístico. La música, la locución y distintas formas de expresión creativa fueron apareciendo hasta que el stand up se impuso como su verdadera vocación. Lo que en un principio podía parecer un hobby, con el tiempo se transformó en una decisión firme: apostar por el humor como proyecto de vida, incluso dentro de una familia de estructura tradicional.
Desde 2010, su carrera no dejó de crecer, pero fue en 2015 cuando logró dar un salto de visibilidad gracias a las redes sociales. Con un uso inteligente de las plataformas digitales, no sólo amplificó su llegada, sino que también construyó una comunidad que luego trasladó al teatro, donde consolidó su vínculo con el público.

Hoy, en un nuevo momento de su carrera, se animó a dar un paso distinto, el de debutar en la actuación dentro de una obra de texto: Regla de tres simple, en el Teatro Premier, los martes y miércoles.
Este desafío lo encuentra en plena evolución artística y convive con una marca personal ya instalada, atravesada por la observación, la ironía y una mirada muy propia sobre los vínculos. En este contexto, el comediante habla con GENTE no sólo de este nuevo proyecto, sino también de su particular visión sobre el amor, un tema que atraviesa tanto su vida como su material sobre el escenario.
"Me habían propuesto alguna otra obra de teatro que no era comedia y, como primera experiencia, realmente sentía mucho más cercano que sea comedia. Sobre todo por cómo escribe Hernán Krasutski, el escritor y director, que lo hace con mucha frecuencia de chiste; pasa muy poquito tiempo entre cada chiste y eso me sedujo de que sea tan divertida y que vaya al palo", confiesa sobre esa importante decisión antes de asumir este proyecto que comparte con Nancy Gay.
- ¿Siempre quisiste ser humorista?
-Creo que lo sabía desde muy chiquito, porque desde siempre me gustó y disfruto hacer reír a otros. Nada más que, bueno, durante mucho tiempo no lo tuve en el radar como una opción, ya sea porque me crié en el interior donde lo artístico no estaba tan a la mano, o porque me crié en una familia también conservadora con profesiones más típicas como ingenieros, contadores..
-Pero un día llego esa intuición y la asumiste. ¿Qué le dirías a ese Juampi chico?
-Sí. Le agradezco a ese chico que al menos hace 16 años decidió dedicarse al humor. Le agradezco porque realmente el lugar más feliz en el que estoy es arriba del escenario. Y si ese chico no hubiera tomado el coraje de ir en contra de algunos mandatos o de lo que decía la norma, hoy capaz hubiese estado haciendo otra cosa. Capaz no estaría haciendo esta nota y estaría siendo un poquito menos feliz en algún otro lugar. Así que a ese chico, felicitaciones, y gracias por seguir lo que era obvio, lo que ardía en el pecho.
La regla de tres simple en la vida de Juampi
-La obra plantea reglas para evitar salir lastimado en un vínculo. ¿Cómo crees que la gente encara hoy las relaciones?
-La gente hoy se pone muchas más reglas, también porque hay mucha más información sobre los vínculos. Es un tema muy actual, pero sobre todo que se trata, se habla; prendés la tele y hay gente hablando de relaciones tóxicas o de narcisistas o del tema de vincularse. No pasó a ser un tema menor, sino todo lo contrario. Por ejemplo, si comparo la generación de mis viejos, ellos arrancaron su vínculo y fueron para adelante, y no sé si se hicieron tantas preguntas como nos hacemos las generaciones posteriores, que analizamos tanto. Ahora, con las redes sociales, que la posibilidad de vínculo se convirtió casi infinita, bueno, claramente la gente se puso más cautelosa.

- En tu vida, ¿sos más de cuidarte o de lanzarte en las relaciones?
-En mi vida soy de cuidarme. En general soy muy analítico, muy cauteloso, muy racional, incluso por momentos demasiado, porque justamente para lo que es referido al amor y al sentir, a veces no hay que racionalizar tanto, pero bueno, es la personalidad que me tocó, es lo que estoy trabajando. Me cuesta muchísimo lanzarme en cualquier cosa, en las relaciones, en el trabajo... Me gusta tener bajo control todo. Y sobre todo en las relaciones, donde uno puede controlar lo propio, pero no lo ajeno, es muy difícil y a veces termina perjudicando.
-¿Qué aprendiste de tus relaciones pasadas que te sirva hoy?
-Algo que aprendí en mi vida, de las relaciones de mi vida, es que por más que uno piense que calcula cada movimiento, si el amor te llega, te llega, no hay mucho para hacer al respecto. Cuando lo sentís, la conexión a veces puede ser tan fuerte que incluso te comportás distinto a lo que dijiste que harías o te salteás esos pasos de estar analizando y preguntándote cosas. Después también aprendí que las relaciones a veces no terminan de la manera que uno quisiera, y que no se puede hacer nada al respecto, porque las relaciones son de a dos. Uno puede manejar su parte, no más.
-¿Y qué harías distinto en una nueva relación?
-Creo que antes de encarar una relación más formal hoy, tendría un par de charlas más profundas que capaz en mis vínculos anteriores no tuve, o se dieron ya con la relación establecida, y recién ahí darnos cuenta que opinábamos distinto en algunos temas.
Lo que hay detrás de generar risas
-Después de tantos proyectos, ¿qué te sigue divirtiendo arriba del escenario?
-Me divierte lo nuevo, como este proyecto, que es totalmente distinto a lo que hago. Me divierte un montón, me motiva y me da energía porque tengo ganas de desarrollar y mostrar una faceta nueva o distinta a la que la gente está acostumbrada. Pero claramente, lo que más me divierte arriba del escenario es conectar con el público en mis shows unipersonales de stand up.
-¿Qué te generan esos shows?
-En esos shows sucede mucho esa conexión, porque interactúo mucho con el público. De hecho, cuando siento que estoy diciendo el texto de mis monólogos un poco con el "cassette puesto", es cuando más freno y hablo con la gente. Porque me parece que tengo la capacidad de hacerlo, la gente lo valora y yo lo disfruto mucho. Es como saltar al vacío y ver con qué me va a salir la gente, lo que me obliga a estar alerta al 130% para ver qué sucede (risas). En este nuevo caso, voy a querer que esa conexión suceda desde la risa, la mirada y los comentarios del público.

-Nos contaste que estás disfrutando de tu presente profesional, ¿en qué etapa personal sentís que estás hoy?
-Estoy en una etapa de maduración, medio tarde (risas). Ya con 38 años capaz tendría que haber llegado antes, pero de muchos cambios positivos. El año pasado fue un año de varios aprendizajes también y yo creo que eso con el correr del tiempo decanta en un desarrollo mejor de las cosas, en estar mejor plantado, ya sea para lo profesional como lo personal. Así que estoy en una etapa de cambios, y este cambio de empezar a desarrollar la actuación, yo creo que tiene que ver con eso también, que todo llega cuando tiene que llegar. Esperemos que sea para bien, pero estoy en una etapa más tranquila, de introspección, de una búsqueda muy linda y convencido además que el resultado de esas etapas termina siendo fructífero.
-¿Cómo sos cuando te bajás del escenario?
-Generalmente salgo a saludar a la gente, me cambio y trato de hacer algo, porque obviamente post función hay una energía todavía y una excitación que no la podéa apagar tan rápido. Entonces, hay que hacer algo para que aterrice esa energía. Puede ser ir a tomar algo con algún amigo o venir a mi casa capaz con alguien y tomar algo también tranquilo, escuchar música. Generalmente va por ahí.
-Claro, tenés que bajar esa energía.
-No me vengo directo a acostarme ni tampoco me voy a una fiesta, aunque lo he hecho muchas veces y lo puedo volver a hacer, pero digo, es un paso intermedio entre estar arriba del escenario con todas las miradas y con la excitación bien arriba a acostarme. Bueno, necesito un proceso de un par de horitas para bajar. Generalmente es eso, estar con amigos que hayan venido a la función o juntarme después, reírme un poco. Repaso un poco lo que pasó en la función, los momentos. Obviamente lo primero es revisar si hubo algún error también y después ya disfrutar con gente y después sí ir a dormir para descansar.
-Entre guiones y funciones, ¿qué hacés para desconectar?
-Cada tanto largo el celu. Estoy en un momento de mucha adicción al celu, así que tengo esos momentos de amor-odio, que me obligo a soltarlo un poco. Y ahí me doy cuenta que mi cerebro baja muchas revoluciones. Tendría que hacerlo más seguido. Voy a entrenar, me encanta hacerme masajes... Ya lo tengo como parte de la rutina, los masajes. Y debo decir que tengo mucha vida social, no en grandes lugares, sino siempre en grupitos, con amigos o amigas. Eso me divierte mucho. Ahí aparece también la parte divertida, pero en la vida cotidiana, porque a mí siempre me gustó hacer reír cuando estoy con gente y más si son de mi círculo. Esos son mis momentos de desconexión.
Fotos: Gentileza Nacho Lunadei