Hay historias que parecen escritas por el propio rock nacional y esta es una de ellas. Porque muy cerca de Andy Chango hay una adorada hija única de 22 años que creció entre España y Argentina y que hoy está en el centro de una trama sentimental que conecta a dos dinastías musicales argentinas.
Martina Bejerman es la hija de Andy y de la fotógrafa española Cristina Esperanza. Nació en España y pasó la mayor parte de su vida en Europa, rodeada de cámaras, guitarras y conversaciones sobre arte. Su nombre artístico es Sua y con ese alter ego decidió dar sus primeros pasos formales en la música.

El año pasado, la cantautora lanzó su primer material bajo el sello Sony y sus canciones ya circulan en plataformas como Spotify, donde empezó a construir una audiencia propia, lejos del peso del apellido. Con impronta propia y una estética arty, Martina fusiona en sus temas vivencias propias, poesía y romanticismo.

De El Escorial a Buenos Aires: el viaje de regreso
Hace cuatro años tomó una decisión que cambió su mapa emocional. Se mudó definitivamente a la Argentina cuando su padre resolvió volver a instalarse en Buenos Aires. No era la primera vez que pisaba el país: en 2013 ya había vivido dos años aquí, cuando Andy integraba el staff de Duro de Domar.

Sin embargo, su crianza fue mayormente española, entre Madrid y el pintoresco pueblo de El Escorial, famoso por su monasterio histórico y su paisaje serrano a media hora de la capital.

En El Escorial creció en contacto con la naturaleza y lejos del ruido urbano. Andy cultivaba su propia huerta y disfrutaba de una vida más retirada, aunque nunca tramitó el pasaporte español pese a haber vivido allí dos décadas. Ese contraste entre la calma del pueblo y la intensidad artística del hogar marcó el pulso de su personalidad. Martina absorbió la sensibilidad visual de su madre y la impronta musical de su padre como algo natural, casi inevitable.

Padre e hija: más que complicidad, una melodía compartida
El vínculo entre padre e hija es, según el propio músico, “una adicción basada en el amor”. Andy suele decir que Martina es la melodía más linda que compuso en su vida. Cuando ella decidió cruzar el océano para acompañarlo en su regreso a la Argentina, él sintió que empezaba una segunda oportunidad compartida.

Hoy ya no viven bajo el mismo techo, porque ella logró independizarse, pero comparten rutinas, proyectos y una conexión diaria que se volvió más adulta y cómplice.

Mientras Martina afianza su carrera, Andy atraviesa un presente particular. A los 55 años eligió instalarse en Merlo, en la provincia de Buenos Aires, donde asegura que todavía se escuchan los pájaros y el silencio no es una rareza.
Esa búsqueda de calma convive con su exposición mediática como una de las revelaciones de MasterChef Celebrity por Telefe. En el reality mostró una versión más pausada y reflexiva, muy distinta a la imagen irreverente que muchos tenían de él.

Un novio que conecta dos dinastías del rock
Un dato que hasta ahora no circuló y sumará sin dudas aún más curiosidad sobre el perfil de Martina es su presente sentimental. La joven está en pareja con Facundo Iñigo. Facundo es hermano de Mecha Iñigo, histórica pareja de Charly García, lo que convierte al novio de Martina en excuñado del ícono máximo del rock nacional.

La coincidencia es aún más potente si se recuerda que Andy interpretó a Charly en la serie biográfica sobre Fito Páez titulada El amor después del amor. Antes de estar con Martina, Facundo fue pareja de Lisa Cerati, hija de Gustavo Cerati.

La generación que hereda y transforma
En paralelo a su vida sentimental, Martina construye su propio camino profesional. Actualmente trabaja en proyectos culturales junto a la familia Ortega, uno de los clanes más influyentes del espectáculo nacional. Esa cercanía con artistas de distintas generaciones le permite aprender, experimentar y ganar espacio en un ambiente exigente.
Quienes la conocen la describen como fresca, carismática y espontánea. Martina no reniega de su apellido, pero tampoco se apoya exclusivamente en él. En redes sociales comparte una estética libre, con impronta europea, pulso under y sensibilidad porteña.
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