El martes 23 de diciembre no fue un programa más en LAM. Fue el último de Yanina Latorre como angelita del ciclo que conduce Ángel de Brito desde hace una década, y la despedida tuvo el tono que la relación entre ambos supo construir: frontal, emotiva y sin solemnidades impostadas.
Horas después de la emisión, el conductor eligió Instagram para dedicarle una carta abierta que funcionó como balance de una sociedad televisiva clave y, al mismo tiempo, como declaración de afecto personal. “Todo lo que te diría hoy, te lo fui soltando durante estos 15 años de amistad, además de nuestra década ganadísima en LAM”, aseguró De Brito, al dejar en claro que no había nada pendiente entre ellos.
En el texto, Ángel no ahorró elogios para quien definió como una figura central del programa. “Sos ‘la’ angelita, más de 2300 programas dejando la piel al aire, todos los santos días aportando info, polémica, humor, enojos, emoción y todo tu tsunami de sensaciones”, expresó, en una enumeración que resumió el rol que Yanina ocupó dentro del ciclo.
El conductor también puso el foco en el recorrido profesional de Latorre y en las dificultades que atravesó. Señaló que su talento y su dedicación incansable la llevaron a la cima “contra obstáculos, envidia y sinsabores”, y destacó que nunca se rindió porque, según escribió, “sos una fiera”.
El cierre fue tan íntimo como fiel al lenguaje que comparten fuera y dentro de cámara. “Te amo y volvé cuando quieras”, afirmó, antes de rematar con un “amorrrrr” que selló el mensaje con el mismo tono que tantas veces se escuchó al aire de boca de Latorre.

Las imágenes que acompañaron el posteo reforzaron ese clima de complicidad. En ambas se los ve en el estudio de LAM, con la escenografía roja y las líneas de luz características del programa de fondo.
En una, Ángel aparece en primer plano, micrófono colocado, gesto relajado y sonrisa cómplice, mientras Yanina posa sentada en una de las icónicas sillas del ciclo, con un vestido con brillo y flecos, cruzando las piernas y mirando a cámara con una sonrisa amplia. En la otra foto, el encuadre es similar pero el gesto cambia: él sonríe abiertamente y ella mantiene la misma actitud distendida, como si fuera una postal más de una rutina compartida durante años.
No son fotos de despedida solemne, sino de camarín, de pasillo, de programa en marcha. Justamente ahí reside su fuerza: en mostrar que, más allá del final de una etapa, el vínculo sigue intacto. Y como dejó claro Ángel de Brito, la puerta de LAM no se cerró: quedó abierta para cuando Yanina decida volver.

