Tiene 70 años y brilla en el Carnaval de Gualeguaychú: quién es Ana María Fernández, una leyenda de las comparsas – GENTE Online
 

Tiene 70 años y brilla en el Carnaval de Gualeguaychú: quién es Ana María Fernández, una leyenda de las comparsas

Símbolo de la legendaria agrupación entrerriana Papelitos y heredera de una historia carnavalera, Ana María Fernández emociona al público como una de las figuras más longevas del show. “Me siento una referente para las nuevas generaciones", le confiesa a GENTE.
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Enviado especial a Gualeguaychú

Los locales la conocen y ya la tienen como una referente. Pero quienes son turistas y visitan el Carnaval de Gualeguaychú por primera vez quedan asombrados frente a la participación de Ana María Fernández, la mujer de 70 años que durante este 2026 se convirtió en la primera imagen que los espectadores reciben de la comparsa Papelitos.

“Todo esto me emociona”, dice. Literalmente el contador marcaba cuatro minutos de cuenta regresiva cuando arrancó esta entrevista con ella sentada en su carroza: era el tiempo de descuento que la comparsa tenía para salir a escena y cerrar la noche del Carnaval del País.

“Me siento una referente para las nuevas generaciones. Claro, la mayoría del resto de los integrantes no habían nacido cuando se empezaba acá con la cuestión de las comparsas. Así que el hecho de que todavía me vean a mí, ya con mis añitos, seguir saliendo y sintiéndome tan feliz, creo que es símbolo de que no hay edad para poder disfrutar del carnaval”, define en diálogo con GENTE.

“Esto me llena de vida… de alegría. Yo amo al carnaval y a mi comparsa”, agrega. Y recuerda: "La primera vez que salí fue en 1980, cuando el desfile se hacía en la esquina de las calles 25 de Mayo y Urquiza. Ese año se llamó Variété y yo representaba a Charles Chaplin. Fue una experiencia espectacular. Luego salí cuatro o cinco años componiendo diferentes papeles. Por ejemplo, el segundo de esos años se llamó Papelitos Circus Show y estuve como payaso, y el tercero Brasil, e iba con las bastoneras con un traje espectacular de India y un espaldar hermoso que hacía Toto Arakaki, una de las personas que hoy recordamos en el desfile”, cuenta.

Entusiasmada, sigue rememorando: “Después también encabecé una escuadra en Faraones del Nilo. Después hice un impase porque me casé, y no estaba viviendo acá en Gualeguaychú. Mi regreso fue cuando ya había toda esta situación de competencia entre las comparsas”.

“Yo vengo a representar a aquellos que ya no están, a quienes con su granito de arena ayudaron a que hoy tengamos este carnaval. Siempre se me viene a la mente la imagen de mi padre sonriéndome, feliz de verme en ese lugar”.

Si bien no tiene nietos, hay toda una tradición familiar que ella continuó y desea que mantengan las nuevas generaciones: “Mi papá fue, como dirigente del Club Juventud Unida, el primero que se encargó de la comparsa, así que te imaginás lo que es para mí”.

“Yo me metí en este mundo del carnaval justamente ayudándolo a él. Desde que regresé a la ciudad soy colaboradora fiel, no únicamente de la comparsa, sino del club”, detalla.

2026 Papelitos tiene como lema “Vivos”, haciendo foco desde lo colectivo, con una estética que dialoga con la cultura mexicana. La puesta avanza paso a paso mostrando su identidad a través de canciones y dejando asomar el universo visual de sus trajes: cadas detalle cuenta una historia que se arma entre muchos.

“Justamente este tema se relaciona con traer a aquellos que hicieron que hoy esta carnaval sea tan grande”, afirma Ana María sentada en una máquina de coser y levantando bien alto un cartel precisamente con la leyenda "Vivos".

“Yo vengo a representar a aquellos que ya no están, a los que con su granito de arena aportaron lo suyo para que hoy tengamos este carnaval. Siempre se me viene a la mente la imagen de mi padre sonriéndome, siendo muy feliz de verme en ese lugar”, acota emocionada.

“Ser parte de esta comparsa es sentirme parte de una familia. Los integrantes de una comparsa siempre están atentos a lo que el otro necesita. ¿Y eso no ocurre siempre en una familia?", pregunta sin necesidad de contestarse. Pronto le habla a las nuevas generaciones: “Ojalá todos disfruten del carnaval. El que nunca ha salido, que se anime porque es una belleza”.

La costurera, en el centro de la escena de Papelitos.
La costurera, en el centro de la escena de Papelitos.

Una familia dedicada al arte del carnaval

“Cuando empezamos nos bordábamos los trajes en nuestras casas. Yo me acuerdo que cuando vivía en Buenos Aires, de repente encontraba un instante, sacaba mi bombachita y mi corpiñito y bordaba las lentejuelas”, manifiesta Ana María mientras viaja en el tiempo.

Papelitos es reconocida por sus trajes y colores vibrantes.
Papelitos es reconocida por sus trajes y colores vibrantes.

Y enumera a los familiares de ella que son parte de Papelitos: “Por un lado, traigo a mi tía Ema, que era hermana de mi mamá Emma -con dos "m"-, ¡quien se bordaba unas capas espectaculares! Por otro lado, y desde bastante tiempo, también forman parte de la comparsa mis sobrinos Martín Fernández, que es el arengador, y Esteban, que va en el coro de la carroza. Este año también salen dos sobrinas que van en el destaque de los cuadros: Vanessa y Estela. Ellos cuatro son hijos de mi hermano mayor”.

La legendaria historia de Papelitos

La comparsa Papelitos nació en 1977 en el Barrio Oeste de Gualeguaychú como una iniciativa barrial espontánea: un grupo de niños jugaba en las calles y decidió formar una pequeña murga con tambores improvisados usando latas de dulce de batata.

Al ver esto, algunas madres, entre ellas María Rosa Arakaki y Mirta Larrivey, inscribieron al grupo en El Carnaval de la Alegría, un corso organizado por el Club Deportivo Juventud Unida. Por falta de recursos para trajes, confeccionaron disfraces con tiras de papel crepé de colores, lo que dio origen al nombre “Papelitos del Oeste”, cosechando rápidamente su primer triunfo en ese carnaval barrial, marcando a la vez el inicio de una comparsa que con el tiempo se volvería emblemática.

A partir de esos comienzos humildes, la comparsa fue creciendo en participantes, organización y reconocimiento dentro del Carnaval del País y pasó a ser oficialmente parte del Club Juventud Unida desde 1979, adoptando los colores celeste y blanco, con el león como símbolo.

El colorido paso de Papelitos por el corsódromo.
El colorido paso de Papelitos por el corsódromo.

A lo largo de las décadas Papelitos ha obtenido múltiples títulos, logrando los campeonatos de 1978, 1979, 1980, 1983, 1987, 1992, 1993, 1997, 2009, 2022, 2023, 2024 y 2025, y siendo considerada una de las comparsas más queridas y populares del Carnaval de Gualeguaychú, con temáticas creativas y una fuerte vinculación con su comunidad de origen.

Un carnaval atravesado por vidas reales

El paso de Marí Marí por el corsódromo de Gualeguaychú.
El paso de Marí Marí por el corsódromo de Gualeguaychú.

Es de público conocimiento que los vecinos de Gualeguaychú esperan el verano para disfrutar de las noches de carnaval. En el corsódromo se puede ver todo tipo de rango etario y de situaciones: desde grupos de amigos en un plan tranquilo, hasta los que aprovechan la oportunidad para una salida de despedida de solteros. También están las familias, siendo notorio que se presentan desde abuelos a nietos.

Este espectáculo a cielo abierto que se desarrolla en el Corsódromo José Luis Gestro comenzó el 3 de enero y se extiende a lo largo de once noches entre este mes y febrero, incluyendo las jornadas del fin de semana largo de Carnaval, cuando también se espera el gran flujo de espectadores.

Más allá de todo este color, caminar por el corsódromo es encontrarse con historia de vida y pasión a cada paso. Este es el caso de Martín Irigoyen, médico veterinario de profesión y músico aficionado y aquí director de banda de la comparsa Marí Marí.

“Lo que encontrás en las comparsas es una pasión bastante indescriptible, porque se trata de un espacio en el que confluyen personas de distinta edad, de distintos extractos sociales, con distintas búsquedas, pero todos muy unidos por un mismo fin y movilizados por una misma pasión. Esto hace que sea un ámbito absolutamente colorida”, valora en diálogo con GENTE.

Y define: “Para mí es una familia disímil que componen desde niños hasta personas muy adultas vibrando con una misma cuestión. Yo no he encontrado esta sensación, esta pasión, en otro ámbito que no sea en el carnaval, donde la abuela viene con la nieta, pero ninguna de las dos acompañan a la otra: ¡Las dos vienen porque vienen apasionadas a disfrutar, a sentir!”.

“En este mundo moderno que tenemos hoy, en el que los chicos no salen con los grandes y los abuelos menos todavía, que un espacio reúna a la familia, a personas muy distintas, abrazadas y llorando por un mismo objetivo, es muy fuerte”, reflexiona Martín.

En cuanto al legado de Marí Marí, Irigoyen dice que ha cambió mucho a lo largo de los años. “La comparsa arrancó en 1981 y era otra vida, otro mundo. Sigo asombrado de cómo en estos últimos veinte años la vida ha cambiado de una forma radical. Bueno, el carnaval y la comparsa van acompañando esas modificaciones. Lo que no ha cambiado es esta cuestión familiar apasionada y muy comprometida de una comunidad”, comenta y añade:

“Marí Marí es una comparsa muy pasional y muy popular también. Para que tengan una idea, desfilan 300 personas y se inscriben cada año para desfilar más de 1.000, así que lamentablemente no hay lugar para todos. ¿Sí hay algún pase de una comparsa a otra? No es nuestra cotidianidad, pero hay. Para mí es algo natural, pero a los integrantes, con esta cosa de su pertenencia y sus colores, no les gusta mucho cuando viene alguien de afuera. Ya lo ven torcido”, cierra entre risas.

Fotos: Mauricio Ríos y Damián Cáceres
Agradecemos a Vick Roa (@vickyroa__), al equipo de Roa Agencia (Mariana Barvosa y Giuliana Serri) y a Connie Bosch.



 
 

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