En el catálogo de Netflix apareció una serie española que no busca agradar ni suavizar su mensaje. Salvador se convirtió rápidamente en una de las producciones más comentadas por su crudeza, su ritmo implacable y por meterse de lleno en un tema incómodo y actual: la radicalización juvenil y la violencia de los grupos extremistas.
Creada por Aitor Gabilondo, responsable de ficciones como Patria y Entrevías, la serie cuenta con ocho episodios y apuesta por un relato directo, áspero y sin concesiones. Desde el primer capítulo deja en claro que no se trata de un thriller convencional, sino de una historia que incomoda, sacude y obliga a mirar de frente realidades que muchas veces se prefieren ignorar.

La trama gira en torno a Salvador Aguirre, un hombre común, padre de familia y técnico de emergencias sanitarias, cuya vida se quiebra cuando descubre que su hija adolescente, Milena, forma parte de un grupo neonazi. Lo que comienza como una revelación devastadora se transforma rápidamente en una carrera contrarreloj para intentar comprender qué llevó a su hija a ese entorno y, sobre todo, cómo sacarla de allí.
El punto de inflexión llega durante un enfrentamiento violento entre hinchadas radicalizadas de fútbol. En medio del caos, Salvador rescata a Milena gravemente herida y, a partir de ese momento, se ve obligado a adentrarse en un mundo marcado por el odio, la violencia y las reglas no escritas de los grupos ultras. Cada paso que da lo empuja más profundo en una espiral que pone en jaque sus valores, su moral y los límites que creía inquebrantables.
En ese recorrido aparece Julia, una joven que también forma parte del grupo extremista y que se convierte en una pieza clave para que Salvador entienda cómo funcionan estas organizaciones y qué las vuelve tan seductoras para adolescentes vulnerables. El vínculo entre ambos agrega capas de tensión emocional y deja en evidencia lo difusa que puede volverse la línea entre la víctima y el victimario.

Dirigida por Daniel Calparsoro, conocido por su pulso para la acción y las escenas de alto impacto, la serie mantiene un ritmo sostenido, con secuencias de violencia explícita que no buscan el espectáculo, sino mostrar la brutalidad del universo que retrata. La puesta en escena, el trabajo de cámara y la coordinación de especialistas refuerzan una atmósfera opresiva que acompaña el descenso del protagonista.
La actuación de Luis Tosar es uno de los grandes pilares de Salvador. Su personaje transmite desesperación, culpa y furia contenida, logrando que el espectador empatice con un padre que se enfrenta a una situación límite para la que nadie está preparado. La serie no ofrece respuestas fáciles ni finales complacientes, y ahí radica gran parte de su potencia.
Con críticas divididas pero un fuerte impacto en la audiencia, Salvador se posiciona como uno de los thrillers más duros del año en Netflix, ideal para quienes buscan historias intensas, actuales y dispuestas a incomodar.
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