Netflix suma a su catálogo una producción tan provocadora como intrigante. Las esposas cazadoras (The Hunting Wives) llegó para incomodar, generar debate y atrapar al público con una historia donde el erotismo, la política y la hipocresía social se cruzan sin filtros. Con solo ocho episodios, la serie ya se posiciona como uno de los títulos más comentados del momento.
La trama sigue a Sophie O’Neil (Brittany Snow), una mujer que deja atrás su vida en Boston para mudarse junto a su esposo Graham (Evan Jonigkeit) y su hijo pequeño a Maple Brook, un exclusivo y ficticio pueblo de Texas ubicado a las afueras de Dallas. Lo que parece una decisión familiar tranquila pronto se transforma en una inmersión inquietante en una comunidad marcada por el poder, las armas y los secretos.

La llegada de los O’Neil al pueblo se produce durante un evento político cargado de simbolismo: una recaudación de fondos en la que Jed Banks, magnate petrolero y aspirante a gobernador, defiende el derecho a portar armas bajo un discurso provocador sobre seguridad y fronteras. Desde ese primer momento, la serie deja en claro que su mirada será tan satírica como incómoda.
A partir de allí, Sophie entra en contacto con un grupo de mujeres influyentes que conforman el núcleo de la historia: Jill (Katie Lowes), esposa del reverendo de una megaiglesia; Callie (Jaime Ray Newman), casada con el sheriff local; Monae (Joyce Glenn) y Taylor (Alexandria DeBerry). Todas ellas orbitan alrededor de Margo Banks (Malin Akerman), una figura magnética y peligrosa que encarna el exceso, la libertad sexual y el control.

Uno de los elementos más comentados de la serie es su osadía narrativa. Las esposas cazadoras explora sin pudor acuerdos matrimoniales abiertos, vínculos cruzados y juegos de manipulación emocional que empujan constantemente los límites. La relación entre Margo y su esposo Jed es uno de los ejes más provocadores, con escenas que combinan erotismo, dominación y ambigüedad moral.
La ficción fue definida por la crítica internacional como una “telenovela desbordada en medio de la guerra cultural”, con referencias políticas que incomodan tanto a conservadores como a progresistas. El aborto, el poder masculino, la religión y el control del cuerpo femenino atraviesan la historia de manera directa y sin concesiones.
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