El último adiós a Brigitte Bardot fue tan coherente con su vida como conmovedor en sus formas. Este miércoles, familiares, amigos y figuras cercanas a la diva se reunieron en Saint-Tropez para despedirla con un funeral íntimo, austero y profundamente simbólico, marcado por flores, ofrendas, retratos de la actriz y un poderoso gesto final: un ataúd de mimbre que sintetizó sus convicciones más profundas.
La ceremonia tuvo lugar por la mañana en la pequeña iglesia del siglo XVI Notre-Dame de l’Assomption, en pleno corazón del pueblo que Bardot eligió como refugio durante gran parte de su vida.
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El acceso fue estrictamente privado y sólo se permitió la entrada a invitados especialmente convocados. Entre los presentes estuvieron el hijo del legendario Jean-Paul Belmondo, la dirigente política Marine Le Pen y numerosos activistas por los derechos de los animales, causa que Bardot defendió durante décadas a través de su fundación.

Fiel a su espíritu, el funeral evitó cualquier despliegue de lujo. Cerca de 400 personas asistieron a una despedida sobria, cargada de emoción, donde el silencio y el respeto reemplazaron a los protocolos grandilocuentes. Entre los invitados se destacó la presencia de Paul Watson, fundador de Sea Shepherd y aliado histórico de Bardot en la lucha contra la caza de ballenas y la matanza de focas.
Tras la ceremonia religiosa, el cortejo se dirigió al cementerio marino de Saint-Tropez, ubicado bajo la ciudadela y frente al Mediterráneo. Allí, la actriz fue inhumada en el mismo lugar donde descansan sus padres y su primer marido, el director Roger Vadim, el hombre que la lanzó al estrellato en 1956 con Y Dios creó a la mujer, película que la convirtió en un mito del cine y un símbolo sexual a escala global.

















Las postales que dejó el entierro de Brigitte Bardot
Aunque durante años Bardot expresó su deseo de ser enterrada en La Madrague —su legendaria casa frente al mar—, finalmente aceptó que no era viable por razones logísticas y de seguridad. Así lo explicó su entorno en declaraciones a Paris Match: la actriz comprendió que el acceso limitado al lugar provocaría una peregrinación constante de turistas. Con resignación, eligió descansar junto a sus padres en el cementerio marino, un sitio cargado de historia y significado personal.
Mientras tanto, vecinos y visitantes pudieron seguir el funeral y el entierro desde distintos puntos del pueblo, como el puerto y la plaza de las Lices, donde se instalaron pantallas gigantes. Por la tarde, Saint-Tropez rindió un homenaje público en el llamado “prado de los pescadores”, una ladera verde entre el casco urbano y el cementerio, donde se reunieron admiradores para despedir a la diva.







Fotos: Fotonoticias
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