No llega tarde ("Me tomé algo acá, en la confitería de enfrente con Pachu Peña, y me vine... Igual, vivo a dos cuadras"). No se pone quisquilloso ante el look que le propone la estilista ("El smoking preferiría evitarlo, no es lo mío, pero si vos querés que me calce un traje, hago el esfuerzo"). No se niega a ninguna toma ("¿Te parece? Dale. Si querés te sumo algún gesto más espontáneo, divertido, mío"). No apura al fotógrafo ("Lo que te falte, me pedís"). No solicita que en la nota no le pregunten -o le pregunten- algo en particular ("Y si te falta algo, después me llamás"). No exige que le pasemos el título ("¿Garpa lo que dije? ¿Te sirve?"). No reclama ver las fotos terminadas ni un tratamiento de Photoshop posterior ("Elijan las que más les gusten")... Muchos "no" para definir al entrevistado con un rotundo "sí": es que Bautista Casella -mal que le pese- sigue conservando ese ADN de periodista de sus comienzos que le permite desplegar una mirada general de la nota sin detenerse en detalles que puedan atentar contra la búsqueda de golpes de efecto que la hagan latir. ¿Mal que le pese? "Es que cuando elegís el show, el show te lleva puesto y vas abandonando el periodismo, ¿viste?", admitirá pronto convencido desde el estudio de Atlántida, en Colegiales.

-¿Siente que le pasó eso, que fue abandonando el periodismo en beneficio del show, del espectáculo mediático?
-Tal cual... ¿Ya arrancamos?
-Ya arrancamos.
-Bárbaro. "¿Qué tal? Gracias por invitarme. Un saludo a todos los que me conocen" -se hace el pillo ya de entrada, girando su mentón y mirando la cámara.
-Disculpe, ¿show mata periodista o no necesariamente?
-En realidad el periodista que llevo adentro siempre está. Para el caso, entre montones de experiencias que viví, mis casi ocho años en GENTE (entre mediados de los Noventa y 2002) significaron pasar por una escuela que me enseñó un montón a la hora de saber cómo vender una noticia, una nota, y nunca olvidé. Pero, claro, mi búsqueda ahora es otra.
-¿Y antes hacia dónde se dirigía la búsqueda? ¿A qué quería dedicarse el pibito de La Matanza cuando era chiquito e imaginaba una especie de carrera, profesión o futuro?
-Mi papá (Juan Bautista; la madre se llamaba María Eugenia Puigjane Zapiola) quería que fuera peluquero. En su sabiduría simple de italiano inmigrante (eran oriundos de Belvedere Marittimo, en la región de Cosenza) no tenía la menor duda de que, como la gente siempre se va a cortar el pelo, más allá de la época y la moda que mandara, jamás me faltaría trabajo. Hoy si tuviera una barbería posiblemente ganaría más dinero que como periodista; o sea que el tano tenía razón. En cuanto a mí, yo quería ser el 10 de River o un cantante popular de rock, y fallé en ambos deseos. Aunque admito que dos veces por semana sueño con que juego en una liga europea, e incluso todavía, cuando voy a jugar dos veces por semana al fulbito con mis amigos post 50, mientras me estoy atando las zapatillas antes de empezar el partido, sigo mirando de reojo para el lado del buffet, con la esperanza de descubrir a algún señor con cara de empresario deportivo que me vea jugar y me lleve. Nunca se sabe.

-¿Y cuáles, con el transitar de los años, siente que fueron esas dos, tres, cuatro decisiones importantes que tomó y lo fueron guiando hasta el señor que nos acompaña?
-Posiblemente lo que te lleva a ser lo que sos, si el final es bueno, son las malas decisiones que te acerca a alguna que te endereza. Yo he tomado alguna mala decisión -ninguna dramática, ojo-: tuve una etapa de mucha bohemia y diversión que se podría considerar tiempo perdido. No obstante me permitió aprender un poco de universidad de la calle, de la vida, de las relaciones. Fui vendedor bastante tiempo, algo que me obligó a practicar la sociabilidad, influir un poco en las personas, leerlas y también alimentar mi actual profesión.
"NO GUARDO NINGÚN RESENTIMIENTO NI NINGÚN TIPO DE NOSTALGIA POR BENDITA: FORMA PARTE DE MI PASADO"

“¿Adelanto-adelanto…?”, mueve la cabeza hacia los lados cuando, pretendiendo conseguir un spoiler que jamás llegará, le consultamos qué tendrá de distinto su nuevo ciclo en América. "¿Será Bendita en otro canal?", lo chuceamos para que tire un centro, aun conscientes de que intentarlo nos expone a sentir lo que el Sargento García sentía cuando entablaba combates de esgrima con el Zorro. "Como, según me comentaste, esta nota va a salir horas antes del estreno del miércoles 18 de febrero, sólo puedo adelantarte que BTV (el título que comandará) será un lindo programa. Si bien no va a tener ninguna pretensión de originalidad, te anticipo que Intentaré que más de la mitad de su contenido no se parezca al producto que hice durante veinte años. Para eso me mudé: necesitaba cambiar de aire y un poco el formato", señala respecto a su desembarco en Mandarina Contenidos, productora que ahora, con DDM -conducido por Mariana Fabbiani-, SQP (Yanina Latorre), LAM (Ángel de Brito) y el incipiente envío de Beto, completa el tándem del prime time de América y a la vez suma un ciclo a los más vistos del canal.

-Si no nos va a anticipar qué mostrará de nuevo, al menos cuéntenos por favor con qué sí continuará…
-Para el caso con los informes diarios, que son mi debilidad. Lo que pasó en la tele, resumido, estará, permanecerá. Por otro lado habrá varias otras cosas que harán de BTV un programa nuevo. Si será bueno o malo, lo dirimirá la gente, pero a mí me gusta lo que estamos bosquejando.
-Dos décadas al frente de Bendita, casi un hijo para usted. Sin embargo, mientras cumplían las Bodas de porcelana y encaraba para las de plata, de repente, cambia de ciclo y de canal. ¿Qué pasó? ¿Se terminó el amor?
-Hay un clase de amor que… Si uno estuvo diez o veinte años con una persona, tiene que valorar eso y rescatar el amor. Y yo rescato veinte años de risa, de diversión, de una cosa grupal increíble -por no decir inédita-, de cantidad de días y meses sin una discusión fuera del aire ni una rispidez. Ganarse la vida así, a mí lo único que me inspira es agradecimiento. No tengo ningún resentimiento ni ningún tipo de nostalgia, es algo que ya forma parte de mi pasado, pero reconozco que cada cosa que yo vea de Bendita en redes en el futuro me llevarán a un lugar justamente de amor, de ternura, de diversión. No me llevará ni a un solo mal recuerdo.

-¿Cómo terminó todo con Edith Hermida, su reemplazante en el ciclo de Elnueve? ¿Se hablan? ¿Se envían mensajes?
-Claro. Ahora que ya no mantenemos la dinámica del día a día no hay mensajes a cada momento, pero podría mostrarle los que nos mandamos cuando ella comenzó sola hace unas semanas y me contaba que estaba angustiada. Lo cual era lógico porque arrancaba un ciclo solita y mirando a los costados ya no tenía a los compañeros y compañeras de toda la vida. Me imagino que por ahí un poquito de vacío sintió.
-¿Y cuál fue su respuesta?
-"Negra, dale, dejate de joder, divertite, disfrutalo, aprovechá que ahora estás conduciendo, y sacate toda la angustia de encima porque si no te vas a enfermar" fue mi mensaje de arenga el día en que debutó. Quedó un afecto y un vínculo que para mí es inalterable. Después, puedo hacer un chiste y quizá se lo van a ir a traducir para amar lío "¿Viste lo que dijo Beto?", pero lo mío siempre será con la mejor onda. Consideraría muy miserable de mi parte que revalúe una relación de dieciocho años -la Negra llegó dos luego de arrancar- porque ya no estamos en el mismo canal. Ella sabe para siempre que me necesite va a contar conmigo.
-Lo cierto es que en edad de cobrar su primera jubilación usted opta por "¿comenzar de nuevo", podría decirse?
-Sí, sí, los arianos de fin de marzo somos todos así, como que de un día para el otro iniciamos otra cosa sin previo aviso. Igual acá se dio todo un proceso. Yo también le doy mucha bola a mi intuición, que heredé de no sé quién, pero suele ser buena. Y mi intuición me venía diciendo, por diferentes cosas que pasaron, que Bendita era un ciclo cumplido. Y acá estoy, segurísimo de haber tomado la mejor decisión.

-¿Cómo se hace para perdurar en los medios de comunicación, que se encuentran en el epicentro de una revolución, con el nacimiento de las plataformas, la explosión de las redes sociales, la IA? Usted arrancó con varios conductores de su edad -y aún menos- que ya no tienen aire en televisión… ¿Cuál es la clave? ¿Qué piensa cuando se analiza que lo suyo pasa por la autenticidad?
-¿Y el resto de los conductores no la tiene? ¿Son todos una manga de caretas? No sé, capaz que haya una forma de expresión o humoradas que me hacen sintonizar con mucha gente. Lo que sí, cuando pienso en el público por ahí de la tele abierta, me imagino a un matrimonio de clase media que vive en Lomas de Zamora. Mi discurso, mis chistes y los temas que elijo en general van dirigidos a ese perfil de público que yo presumo. Y a la vez trato -también me pasa la radio- de alcanzar el mecanismo de un lenguaje que vaya de los veintipico de años a los sesenta y pico. De hecho, cuando hacen focus group o en comentarios de mi propio Instagram me dicen que conservo un público muy fiel de 25 a 50 años, que la cosa se sitúa ahí, y pienso, "tan errado no ando". Hay que andar atento a no dejar a cierto público afuera. Intento elegir temas sobre los que la mayoría va a saber de qué hablamos, brindar un producto al alcance de todos. No pretendo otra cosa que generar algo sencillo que entretenga a la mayor cantidad posible, imaginando que me están viendo o sintonizando hombres y mujeres de Ushuaia a La Quiaca.

-No contestó si existe un secreto para mantenerse dentro de los medios sin morir en el intento. Desde 1980 usted los viene transitando.
-En mi caso el secreto es mi culo... Yo creo que tengo un gran culo, y lo digo sin falsa modestia. Me parece que vine dotado de una suerte que por ahí a otros no los acompañó tanto o los acompañó por un tiempo y los abandonó. En mi caso esa suerte perduró. De ahí que cuando la gente de América me llamó y me mandó "Estamos pensando para vos un programa que dure diez años", respondí: "Okey, metámosle para adelante".
-¿Dudó?
-No, si a mí me gusta el desafío le meto para adelante como si tuviera veinticinco años, con esa misma energía. Porque además, hasta hoy, y toco madera, me siento bárbaro de la cabeza, de las extremidades y no ando con esa pose de que ya tengo muchos años de tele en los hombres. En verdad me siento un amateur que casi está saliendo de la escuela de periodismo, a explorar, a buscar, a probar qué funciona del nuevo programa y que no, ¡a equivocarme seguramente!, pero con las ganas intactas. Y mientras yo tenga esas ganas voy a seguir molestando… Al margen de eso, vaya uno a saber por qué todavía el público no me echó de la televisión. No entiendo cómo no se cansó de mí.
"LAS PAREJAS QUE LOGRAN MANTENERSE JUNTAS SON AQUELLAS QUE EVOLUCIONAN... PAREJITO"

El caballero que avanza hacia sus 66 años de vida (los celebrará en un mes y medio) y las cuatro décadas de carrera (se recibió en Taller Escuela Agencia y trabajó en medios gráficos como Página 12, Clarín, El Cronista, Somos y -lo dicho- GENTE, antes de saltar a la radio y la televisión, escribir seis libros y una obra de teatro) no delata ningún cambio de tono cuando el ida y vuelta de la entrevista lo hamaca de su aspecto laboral a su vida privada, y viceversa. Profesional de los climas apenas la luz roja se enciende, mantiene la misma postura cuando el foco de los interrogantes se posa ante él y su existencia lejos de los reflectores y los micrófonos. Por ejemplo, al confesar que el trabajo ha ocupado y ocupa un lugar importante en su vida "pero de ninguna manera el preponderante. No creo que me escuchen, como a la querida Mirtha (Legrand): 'Al trabajo yo le di mi vida'. Por supuesto que agradezco a las personas del otro lado cada mensajito que me manda, cada foto que me pide en la calle; al que me grita desde un camión '¡Te sigo en la radio!' o '¡¡Te veo en la tele!!'. Eso todavía me parece una bendición. Pero yo mi vida se la di a mi familia, a la gente que quiero, al mismo tiempo que trabajaba como periodista y entretenedor", subraya.
-¿Y si mañana se quedara sin tele?
-No me moriría. No respiro por la televisión, por la radio ni por mi laburo. Desde que empecé trabajo pensando que me queda una semana antes de que me echen. Tengo como un mecanismo de cautela, de precaución, que me alerta: "No te ates a esto, porque dura un ratito". Y como siempre pienso que dura hasta el viernes que viene, jamás me puse primero el traje de Beto Casella el tipo conocido, sino el del tipo que nació en Villa Luzuriaga, es padre de dos pibes y amigo de mis amigotes. Pero en serio que podría vivir tranquilamente sin hacer tele ni radio, yéndome a hacer artesanías a El Bolsón, eh.

-¿Con Carolina (Wyner, 39, la psicóloga especializada en cambio de hábitos, locutora y periodista con que se casó sin que los medios se enteraran, entre veinte invitados y tras una docena de años de relación, a fines de 2024)?
-Jajajá -lanza su legendaria carcajada aguda.
-¿Qué clase de pareja es usted?
-Me parece que soy un buen compañero. Sobre todo alguien que ha procurado que el otro se desarrolle social y profesionalmente. Desde los años en que estamos juntos ella aprovechó muy bien el tiempo: terminó dos profesiones y hoy tiene un trabajo fabuloso. Si bien le llevo varios años, en ningún momento la insté a que hiciera la vida de un tipo de mi edad. Al haber tanta independencia individual de ambas partes, ella pudo y puede vivir una vida independiente, divertida, de desarrollo. Las parejas avanzan si evolucionan precisamente... parejito.
-¿Y si no es así?
-Muchas se hacen pelota y detonan. Cinco años después de conocerse ya no son los mismos, pero si tienen la suerte de haber evolucionado parecido, se vuelven a encontrar. Y así cinco años luego. Si transcurre el tiempo y continúan evolucionando parecido, se seguirán abrazando con ganas. Si no uno u otro termina siendo el padre o la madre de su pareja.

-¿Qué clase de padre de Franco (31, biólogo becado por el CONICET, cantante, músico y productor musical) y Juan Pablo (33, counselor, por recibirse de psicólogo, y streamer) ha sido usted?
-Desde mi intuición y desde el amor traté ser el mejor padre que pude. Eso lo dirán ellos con el tiempo o lo pondrán sobre mi lápida cuando me vaya. Con su mamá intentamos criar dos almas buenas. Van bien rumbados. Disfruto la fortuna de mantener un diálogo fluido y una permanente cercanía con ellos. Suerte que algunos papás de mi edad no tuvieron porque sus hijos se alejaron, quizá por viejas broncas o viejos traumas que jamás curaron. Hay muchos tipos de mi edad con el dolor insoportable de que sus hijos no le contestan los mensajes. Debe ser una de las cosas más dolorosas que existen. Así que en ese sentido también me considero con suerte: mis hijos me transmiten mucho amor y agradecimiento.
-¿Y qué clase abuelo es de Gabriel (5) y los mellizos Milena y Federico (por cumplir el año)?
-Trato de no molestarlos demasiado, pero soy un abuelo feliz y sobre todo el abuelo de un milagro que camina y se llama Gaby: nació a los cinco meses de embarazo, casi no había un pronóstico de sobrevida. Jamás olvidaré el día en que Juampi me mandó aquel mensajito: "Pa, no te asustes, pero hubo que hacer nacer el bebé y la mamá (Noe) está muy mal". Y yo en plena pandemia me iba al hospital pensando en el auto que se morían los dos. Los médicos habían sido muy sinceros. Un obstetra me dijo que clínicamente un nacimiento a los cinco meses está considerado un aborto. Y ante ese pronóstico nació Gaby, pesando 480 gramos y debiendo desarrollar varios de sus órganos fuera de la panza. Le agradezco a Dios, primero, y también a la gente de Neonatología del Italiano de San Justo, que hizo un trabajo increíble para que respirara un día más y un día más, se fuera desarrollando y en la actualidad me permita verlo corriendo sin dejar de sentir un instante que es nene que observo jugando ahí es un milagro. Una de las experiencias más fuertes de las que me tocaron en la vida.
"SUFRO EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR, PERO TAMPOCO ME CAUSA DEMASIADO CONFLICTO"

"Ando bien de salud, bien", afirma apenas el cuestionario apuntado nos traslada a aquellos eventos que un par de lustros atrás determinaron la colocación de dos stents en su organismo. "Con el tiempo se encontró la aparente causa de aquella anomalía. Tal vez esto le sirve a alguien: hay que pedir que en el análisis de sangre se midan los niveles de lipoproteína. Si los tenés muy altos, se generan como unos vagoncitos de grasa peligrosos para las arterias. Nosotros descubrimos tarde que yo tenía muy altos esos valores. Cuando los nivelamos -hace como una década ya- me olvidé del tema. En la actualidad, como te cuento, estoy muy bien, entreno más que a los 30", confía antes de que le mencionemos el vapeador que usó antes de posar para Chris Beliera y guardó en el bolsillo derecho de su pantalón. "Es más un chupete que otra cosa", explica.
-Usted ya no es un bebé. ¿Un "chupete" para el estrés, para la ansiedad?
-Mmmm, no. Debe ser una adicción oral que tengo de llevarme algo a la boca. Sé que estoy regalado para un montón de chistes, pero bueno, por ahora es un vapeador, el día de mañana no sé. Y el único vicio que tengo, porque como frugalmente, antes tomaba -no era un tomador ni mucho menos un alcohólico-, y casi dejé el alcohol, dejé además los naipes y la ruleta. Dejé muchas cosas que son para otra edad, yo qué sé. Tampoco fueron tan perniciosas para mi vida... Digamos que formaron parte de la experiencia.

-¿Cuáles son aquellas leyes o reglas de su vida que hoy bajo ningún punto de vista negocia?
-No diría que no transo con nada porque los absolutismos también medio que se terminaron para mí y con lo que por ahí hoy no transo capaz que mañana digo "puede ser". Sí, es verdad que hay una higiene mental que los que laburamos en esto debemos procurarnos respecto de no andar hurgando todo el tiempo sobre qué se dice de nosotros, o si salió un posteo qué comentaron cien personas. Se trata de una tarea tóxica que algunos de este medio se autoimponen y luego padecen. Es tan sencillo como pasar algunas cosas de largo. Cuando descubro en la portada de Instagram un video mío (seguramente alguna estupidez que dije para remarle a un notero), no me detengo a ver qué dije, ni tampoco en los posteos y mucho menos en los comentarios. Yo siento que es mucho más amable y genuina la calle.
-¿Le parece?
-Seguro. Prefiero los mensajes directos de la gente, el cara a cara, y los de mis propias redes. Me nutro de eso. No voy a Twitter para evaluar cuánto me quieren. Son medidas que vas tomando para tu sanidad mental, porque muchos se terminan deprimiendo, sobre todo pibes chicos. Por ahí arrancaron hace poco y, lógico, es fuerte leer ciertas cosas. Cuando el hater quiere, si de pronto apunta a alguien un poco débil de sensibilidad, le puede arruinar el día, el mes o la vida. Algunos influencers nos dicen: "Tuve que ir a terapia por los comentarios negativos". Que lo empiecen a trabajar desde ahora porque deberán convivir con ellos. Cada uno elige su método para lidiar con las redes, donde además se confirma que no te puedes querer todo el mundo. También hay que ver cómo te llevas con eso.

-Pasó por diversos programas de tele y radio y hasta por el teatro y el streaming, publicó varios libros serios y de humor y ganó un montón de premios. ¿Le queda alguna asignatura pendiente, Casella?
-Escribir un par de obritas de teatro y un par de cortos, una película, hacer algunos viajes, jugar unos cuantos partidos de fútbol... Me quedan muchas cosas pendientes. No di por cerrado ningún círculo. Sigo siendo tan inquieto como a los 18 años, pero no porque me haga el pendejo, sino porque me siento bien. Ahora que estamos con un lanzamiento me la paso proponiendo ideas, buenas o malas, pero dejando que mi cabeza siga creando, pensando en cómo divertir a la gente, cómo entretenerla. Lo mismo cada mañana, cuando arranco para la radio. Mientras la energía se conserve intacta, no concibo otra vida que la de trabajar. Porque además tengo la bendición de hacerlo de lo que gusta, cosa que, si bien en ningún momento lo naturalicé ni sentí que me corresponde o lo merezco, agradezco todos los días de mi vida.
-Dimos con la tecla, al final, entonces: si sufre algo, el síndrome del impostor...
-Eeeeeh, un poquito existe en mí eso de pensar que se me dio demasiado para lo que yo puedo ofrecer. Pero tampoco me causa ningún tipo de conflicto, eh. Hay gente que dice: "Tiene síndrome de impostor, lo sufre y va a terapia para resolverlo". Ya que recién hablamos de terapia, admito que yo nunca hice. Así que si nadie se dio cuenta que es demasiado lo que me tocó, mejor para mí.
-Imaginemos que para la despedida vuelve a aparecer de repente el pequeño Betito de La Matanza y viera lo que su versión mayor logró en la carrera y en la vida, ¿qué le parece que diría?
-El Betito de de Villa Luzuriaga no se podía ni permitir fantasear con estar en la tele. Era un lugar donde hablaba gente importante. Porque nosotros nos criamos con que el señor que aparecía en el televisor era una autoridad, y además una persona lejana. Hoy el streamer está a dos días de comunicar como comunica la televisión... Aunque hay gente que no me cree, en la prefabricada que yo me crié conocimos la ducha tarde: nos bañábamos en un fuentón. Íbamos a la escuela pública, usábamos la calle como patio y salíamos a la mañana y volvíamos por la noche. Igual, aunque éramos muy felices y no nos faltaba nada, si me viera hoy aquel chiquilíno que no tenía tele y la veía en la vidriera de algún comercio o en la casa de algún amiguito, se preguntaría sorprendido: "¿En serio éste es el futuro de Beto?". Y antes de que le contesten, ¿sabés qué agregaría?

-¿Qué, Casella?
-Sin dudas: "No les creo. No puede ser. Eso es joda. Eso es inteligencia artificial".
Fotos: Chris Beliera (@Chrisbeliera)
Estilismo: Lula Romero (@lula.romero.stylist)
Maquillaje y peinado: @nahuelito405 y @sebastiancorreaestudio
Arte y diseño de portada e imágenes: Darío Alvarellos
Filmación: Candela Casares
Edición de video: Candela Petech
Imágenes de redes sociales: @elbetocasella y @carowailer
Estilismo: Lula Romero (@lula.romero.stylist)
Maquillaje y peinado: @nahuelito405 @sebastiancorreaestudio
Agradecemos a @giesso y @oggizapatos y a Gimena Lepere


