Luego de una charla cómplice y descontracturada con la menor del clan Gravier-Mazza -Taína Gravier-, es el turno del hijo deportista de Valeria Mazza y Alejandro Gravier: Tiziano.
Esta vez, sin intermediarios ni escudos, el joven esquiador abre las puertas de su universo a GENTE y pone en palabras los claroscuros de vivir el sueño que eligió desde chico: una vida marcada por la nieve, la velocidad extrema y la distancia de casa.

Porque detrás del apellido ilustre y del linaje fashion, hay un deportista de alto rendimiento que pasa la mayor parte del año entre aeropuertos, montañas heladas y rutinas físicas exigentes. A más de 130 kilómetros por hora, con los esquíes rozando el hielo y la adrenalina al límite, Tiziano Gravier se juega todo en cada bajada. Pero cuando se apaga el cronómetro, aparece el joven reflexivo, familiero y autoconsciente, que extraña su cama, la comida de casa y los momentos simples con los suyos.
La producción fotográfica exclusiva con GENTE lo encuentra atento, educado y entregado al equipo. Al comienzo, se muestra algo tímido frente a cámara, quizá por falta de costumbre. “No es lo que más disfruto”, confiesa durante el shooting. Sin embargo, no es un terreno desconocido para él: participó de pasarelas, campañas y sesiones fotográficas con auspiciantes, y bajo la mirada experta de su madre, la top model argentina por excelencia, fue ganando seguridad y oficio con el paso del tiempo.
Entre toma y toma, Tiziano pide verse. Observa, analiza, corrige. En alguna que otra foto solicita repetir la escena. Su actitud deja al descubierto una faceta poco visible. “Estas son las que van, en las anteriores no posé bien”, expresa y deja ver la autocrítica constante y el perfeccionismo propio del deportista de élite, ese que no se conforma y siempre busca mejorar.
Así, lejos del ruido y de las etiquetas, Tiziano Gravier se muestra tal cual es: un joven que honra su apellido, pero que construye su propio camino. Entre la exigencia física, la presión emocional y el amor incondicional de su familia, el esquiador argentino se anima a contar qué se gana y qué se pierde cuando el sueño se vive a toda velocidad.
A veces se sufre un poquito el frío en mi rutina de entrenamiento"

–Tiziano venís de un año bastante intenso en cuanto a los entrenamientos con la mira en la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. ¿Qué balance hacés de tu año?
–Estoy recién llegado a Buenos Aires. Este año fue particular porque nos estamos preparando para los Juegos Olímpicos de febrero, así que desde mayo arranqué la pretemporada física en Buenos Aires (mayo-junio) y después, en julio, nos fuimos a la nieve y estuvimos bastante tiempo en Ushuaia. Fue un año particular, sin mucha nieve. Nosotros siempre competimos de julio a septiembre en lo que es el circuito sudamericano, pero este año nos quedamos más en Ushuaia y después nos fuimos a Chile, competimos en ese circuito y estoy contento de poder ser nuevamente campeón nacional y sudamericano. Ahora seguimos ajustando detalles físicos para ya nomás viajar a Estados Unidos, donde arranca el circuito de la Copa del Mundo, que dura hasta principios de marzo, y en el medio están los JJOO. Así que se vienen meses movidos.
–Se puede decir que fue un excelente año en lo personal y deportivo.
–Sí, este año fue muy importante. Estoy contento con toda la mejora que vengo haciendo desde el año pasado. Ya el año pasado di un salto importante, que fue meterme por primera vez entre los 100 mejores del mundo, lo que me permitió participar en el circuito de la Copa del Mundo y tener muchas primeras experiencias que me dejaron mucho aprendizaje. Todo eso nos permitió hacer un balance a comienzo de año de todo lo que podíamos mejorar y cómo, y este año siento que estoy más preparado y mejor. Eso me pone contento porque me siento con más experiencia. A pesar de que soy joven, siento que tengo más control de las situaciones al competir con los mejores del mundo y más confianza.
–Hablame del lado B de la vida del deportista de élite. ¿Cuáles son los sacrificios que hiciste o hacés actualmente para seguir este sueño?
–Justo la palabra sacrificio no es la que más me gusta, porque a pesar de que uno haga muchos esfuerzos, al final del día hago lo que me gusta y lo elijo todos los días. Pero quizás lo que menos me gusta de mi deporte es viajar tanto. Por un lado es un privilegio ir y conocer muchísimos países por el esquí y esquiar en ellos, pero hay veces que me gustaría pasar más tiempo en mi casa. Paso ocho meses del año fuera, entre las dos temporadas —hemisferio norte y sur—, y obviamente es entrenamiento constante cuando estoy en Buenos Aires y cuando estoy afuera también.
–¿Cómo es tu rutina de entrenamiento?
–Los días arrancan muy temprano para mí, porque el esquí es un deporte que se practica la mayor parte del tiempo a la mañana temprano, porque nos sirve esquiar con la nieve bien dura, casi como hielo. A veces se sufre un poquito el frío, pero con los años me fui acostumbrando y cada vez lo sufro menos. Casi que estoy hecho un esquimal en ese sentido. Pero nada, hay mucho disfrute.

–¿Qué es lo que más extrañás cuando estás afuera?
–Extraño mi casa y mi cama, principalmente. Después la comida, porque hay veces que vamos a lugares donde la cultura es muy diferente y se sufre un poco por ese lado. Pero bueno, también cuando nos toca competir o pasar por Italia está bueno.
–Ahí sí comés con gusto (risas).
–Sí, ahí se come muy bien, no me puedo quejar, la verdad. Es un poco un tire y afloje.
-¿Cuándo descansás?
–Cuando estoy en Buenos Aires, abril siempre es nuestro mes de descanso, tenemos como tres semanas de desconexión. Después vuelvo a entrenar en mayo, entonces estoy entrenando para volver a la nieve y, en el medio, haciendo malabares con la facultad para seguir avanzando. Si Dios quiere y me pongo a estudiar, el año que viene termino. Pero siempre estoy pensando un poco en volver a la nieve.
–En una entrevista con tu hermana Taína, ella remarcó que son muy unidos y familieros. ¿Cómo vivís esa parte de estar alejado y en movimiento constante?
–Sí, mi relación con mis hermanos por suerte es bastante estrecha y somos unidos. Hay veces que justo Taína puede ser más cariñosa y a veces menos (se ríe), pero tenemos muy buena onda entre todos. Con nuestro hermano más grande, Balthazar, ya hace tres años que lo vemos menos porque vive en Madrid. Pero después con Benicio y Taína, que seguimos acá, estamos juntos y nos llevamos bien. Lo que está bueno es que nos llevamos todos tres años, entonces ahora que estamos medianamente grandes hay muchas actividades que compartimos y eso está bueno.

–¿Cómo es tu relación con cada uno de ellos? ¿Cuál es la rutina? ¿Son de salir, ir a comer, entrenar?
-Con Benicio es con el que más estoy compartiendo, por la cercanía de edad y porque estamos en la misma universidad, en San Andrés; a veces tenemos las mismas clases. También compartimos días de entrenamiento, venimos al gimnasio con Taína más, y en casa también, en general. Salimos juntos cada tanto. Con Taína no todavía, pero yo sé que en breve se va a empezar a sumar. Y después están los momentos y actividades en familia, que siempre se pasa bien.
–¿Sos un hermano celoso de tu hermana?
–Mirá, justo ahora está de novia, nos presentó a su primer novio y la mejor. Tengo que decir que es buen candidato, cayó bien en casa, así que está todo bien. Pero Taína tiene una personalidad que va a decidir siempre correctamente. Es una persona que pone límites bastante fuertes, así que se puede encargar sola bastante bien.
–¿Y ella cómo es con ustedes?
–Ella con nosotros… (piensa). A veces es un poco dura, pero es muy cariñosa. Es una mezcla, un poco de ambas.
–En su entrevista, Taína nos contó que canta todo el día.
–Muchísimo.
–Aseguró que a nadie le molesta y que le piden que cante en casa.
–(Se ríe) Es verdad que se le pide que cante bastante, en la mesa o cuando hay invitados, pero a veces es un poco demasiado. Hay veces que hay que poner un freno, o dejarla cantar y hacer poco comentario, o dejarla que vaya a practicar piano a su cuarto o a componer. Pero nos encanta que cante, y más en casa.

–Hace poco tuvo su debut actoral en Disney. ¿Cómo fue verla en una serie y por Disney?
–Sí, Playback. Vimos entera la serie en casa. Yo me perdí un par de capítulos porque a mis hermanos les agarró la ansiedad, pero los primeros y los últimos los vimos juntos. Nos encantó. Cuando apareció Taina —que encima aparece en el primer capítulo, en la quinta escena— parecía que se caía el estadio. Estábamos en el sillón y hubo hinchada, la gente estaba como loca (se ríe).
–¿Quién es el fan número uno en casa de Tiziano Gravier?
–¿De Tiziano? (Piensa). Mi mamá. Mi viejo también un poco, mis hermanos menos, te diría. Pero destaco que mis viejos siempre me acompañaron desde el día uno. Y ahora, últimamente, que el último año se puso divertido venir a las competencias de la Copa del Mundo, un poco por el show que hay y cómo se vive, especialmente en países como Austria o Suiza, donde el esquí es prácticamente deporte nacional, vienen mucho a acompañarme y es divertido. En ese sentido no me puedo quejar, porque me bancan mucho.
–¿Cómo viven tus viejos la contracara del deporte de élite respecto a los riesgos?
–Sí… (piensa, entre risas). Hubo un momento, entre los 18 y los 20, en el que pegué un salto importante como deportista y de repente a mi mamá le empezó a dar más miedo la velocidad que agarramos, porque a veces llegamos a ir a 135 km por hora. Lo sufría un poco; a veces prefería no ver las competencias y solo ver los resultados porque se ponía muy nerviosa. Pero ahora ya pasamos esa primera etapa y está un poquito más acostumbrada. Siempre se preocupa, pero ya lo tiene más asimilado. Además, es algo que hablamos: ella me pregunta cómo me siento yo y yo le cuento, así puede empatizar un poco más y entender que las cosas están bastante en control.
–¿Hubo algún susto que recuerdes?
–Sí, tuve caídas. Me disloqué el hombro derecho en una caída de esquí y me tuve que operar. Fue la lesión más fuerte que tuve deportivamente. Entiendo que es parte del deporte, como en todos. Uno se protege lo más que puede, pero son cosas que pueden pasar. Espero que no, toquemos madera.

–Arrancaste con esta pasión a los 3 años. ¿Te ves haciendo otra cosa o tenés un plan B?
–Como te comentaba, estoy estudiando y el plan es terminar el año que viene. Cuando terminé el colegio tenía clarísimo que quería seguir esquiando, pero me divertía la idea de tener un título universitario, pensando en el día después. Si todo sale bien, el año que viene me recibo de Negocios Digitales en la Universidad de San Andrés. Cuando termine la carrera vamos a festejar, hacer fiesta y los invito.
–Tu hermana nos contó que de chica probó muchos deportes hasta que llegó el teatro musical. ¿Cómo fue en tu caso?
–De chico hice muchos deportes. El esquí, hasta los 12 o 13 años, era uno más. Jugaba mucho al fútbol, al rugby, al tenis. En el colegio hacíamos natación, atletismo. A todo le ponía la misma importancia hasta que fui creciendo y tuve que decidir, más que nada porque el esquí me tomaba mucho tiempo. Entonces era: o lo dejo o le meto a fondo. Y empecé a meterle a fondo.
–¿Qué inclinó la balanza para elegir el esquí?
–Al rugby jugué toda la vida en el SIC, hasta los 17 años, y llegué a estar seleccionado para la URBA. Me gustaba mucho y tenía grandes amigos. Pero creo que lo que inclinó la balanza fueron los objetivos más serios que tenía en el esquí. A los 14 me di cuenta de que podía clasificar a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Invierno en Suiza 2020. Ese fue mi primer gran objetivo. Me dolió mucho la decisión porque son deportes muy distintos, uno grupal y otro individual, pero en 2019 tuve que elegir porque me estaba jugando una clasificación olímpica y no podía hacer las dos cosas por el tema de las lesiones. Igual vuelvo al club seguido y lo disfruto mucho.
–Hoy también mostrás una faceta más ligada a tu mamá: modelaje, shootings… ¿Ella te aconseja?
–Mamá se mete mucho menos de lo que capaz nos serviría. A mí no me gusta mucho la pasarela, lo he hecho, pero no es lo que más me gusta, y encima era muy malo para caminar. Hubo una vez que le dije: “Che, ma, explicame”, porque es como que el hijo de Messi tire mal los tiros libres. Fue una charla muy graciosa en la que me ayudó, pero igual terminamos definiendo que no era lo que más me gustaba.

–¿Cómo describirías el vínculo de tus padres?
–Son muy unidos. Creo que son una muy buena combinación. Papá es más el que ejecuta y marca las reglas. Mamá, por un lado, es muy cariñosa y, por otro, muy dura. Es un buen combo.
–¿Qué rasgos sentís que heredaste de ellos?
–Creo que heredé un poco la labia y la forma de hablar de mi viejo. Y de mamá, me considero bastante cariñoso, y eso viene más de su lado.
El inesperado cruce de Taína Gravier en la nota de Tiziano Gravier con GENTE: "Es muy buen hermano"

Ya casi sobre el final de la nota, aparece una de las mencionadas en la entrevista: Taína Gravier, su hermana menor. Recién salida del gym, entre risas y un abrazo, se suma a la charla y da lugar a una mini entrevista cruzada.
Entre risas, Tiziano desmiente a Taína y le saca en cara que “hay veces que canta un poquito de más”.
“Mentira, eso es totalmente mentira”, retruca ella, y agrega: “Canta más él y molesta con la música que pone en los parlantes cuando estoy estudiando”.
Tiziano responde: “Eso puede ser, pero pasa por molestarla, que es más divertido”.
– ¿Cómo es Tiziano como hermano?
–Taína: Es muy buen hermano.
–Tiziano: Muy bien, muy bien, Tai (se ríe).
–Taína: (Tentada). No hay que quemarlo. Es muy buen hermano. Entre todos me ayudan a estudiar, vemos pelis y hacemos muchas cosas juntos.
–Ambos están en un momento de ir por sus sueños. ¿Qué se dirían el uno al otro?
–Tiziano: Yo le diría que confíe un poco más en ella y en lo que hace. Es muy buena, pero a veces sobrepiensa demasiado las cosas. Que se organice mejor en algunas cositas, pero que confíe mucho en lo que hace.
–Taína: Yo le diría que siga con la constancia que él tiene, que me encantaría tenerla, pero es imposible. Y que cada vez mejora más y que siga así, porque sabemos que va a llegar muy lejos.
Fotos: Cande Petech
Producción: Sebastián Vaca Mur
Especial agradecimiento a Lelé del río por la locación


