El extenista Diego Schwartzman, conocido cariñosamente como el Peque, se viene mostrando siempre afable, aventurero y dispuesto a la diversión. Estas dos últimas son premisas fundamentales que viene adoptando para incursionar en proyectos alejados del ecosistema deportivo en el que siempre se lo vio. "Soy bastante culo inquieto", remarca entre risas.
Es que a poco de haber colgado la raqueta, el Peque sorprendió al público argentino al participar en el reality show más visto de la televisión actual: MasterChef. Si bien Schwartzman reconoce que el mundo mediático no es su lugar y confiesa que se sintió por momentos "un bicho raro" en ese ambiente, su participación surgió de un genuino interés, ya que el programa siempre le "divertía mucho". Según explica, durante su solitaria vida como tenista profesional, en la que pasaba viajando hasta seis meses al año, ver el reality era una forma de "conectar con casa".
Ahora, no con las hornallas, sino con la "pilcha", el reconocido deportista de 33 años le abre las puertas de su casa a GENTE para realizar una exclusiva producción fotográfica, en la que vuelve a sorprender al mostrar su costado más fashionista. "Me encanta la ropa", comenta, mientras sube a su pieza y trae una pila de prendas que sobre la marcha irá seleccionando y combinando para posar en los distintos espacios de su casa.

Esta locación es profundamente especial para él, pues constituye el centro de su nueva vida más estable, lejos de los aeropuertos, los hoteles y la rutina agotadora del circuito profesional. "Lo que más disfruto de estar acá en Argentina es mi casa", cuenta en una cálida charla con GENTE, sentado desde la amplia galería que reformó y que pensó para recibir muchos invitados.
Masterchef me hizo llegar a un público al que el deporte no llega, gente más terrenal"

—Diego, pasaste por el reality más visto de la televisión actual, MasterChef, un espacio o faceta tuya poco común de ver. ¿Cómo fue ese proceso de animarte a participar?
—Todo nació en un partido de la Selección Argentina, que me crucé a Darío Turovelzky, que justo estaba con Wanda, no sé si haciendo algo con respecto a Telefe... Empezamos a hablar de MasterChef, que iba a estar a finales de este año. Esto fue a principio de año o finales del año pasado, no me acuerdo bien. Y bueno, yo le dije que me divertía mucho el programa, que cuando viajaba seis meses por año jugando, la forma en que me conectaba con casa era viendo al otro día el programa. Así que dijo: "Listo, te tengo en cuenta para llamarte." Y así fue. Me llamó alguien de la producción de parte de él, y ahí empecé mi travesía en el programa.
—¿Cómo viviste esta competencia? ¿Pensaste que ibas a llegar más lejos?
—Intenté prepararme un poco. A mí siempre la teoría de la cocina me gustó mucho, la práctica poca, pero porque vivía de hotel en hotel, no tenía mucho tiempo de practicar. Pero siempre fue algo que me divirtió mucho, así que me quedé con la espina, tenía muchas ganas de seguir. Encima venía cocinando bastante bien, creo. Pero bueno, el día de la gala de eliminación fue mi peor día cocinando. Coincidió justo con los días del casamiento, pocas horas de dormir. El cuerpo no estaba muy fresco que digamos, y bueno, el jurado decidió eliminarme.
—Claro, no estabas al 100.
—Viste que siempre hay que encontrar alguna excusa para justificarse (risas). No estaba al 100, pero la verdad cociné mal creo que uno o dos días de las siete veces que estuve ahí en la cocina. La pasé bien. La verdad es que es algo nuevo para mí también, estar en una producción de tele con tanta gente y todo. Pero rescato que la pasé muy bien.

—Sin duda, esto te dio mayor visibilidad y exposición ¿Viste algún tipo de cambio en tu vida al aparecer en el reality? ¿Cómo lo sentiste del lado de la exposición, de la gente, los medios?
—La verdad que sí, sobre todo el público al que empecé a llegar. Cambió mucho la cantidad de gente, sobre todo la más 'terrenal' en la calle, cuando vas caminando, cuando vas a un café, cuando vas a comprarte algo de comer a un restaurante o lo que sea. Quizás ese tipo de gente que está muchas horas laburando no miraba tanto deporte o te conoce más por el nombre que por la cara. En el horario que está MasterChef lo consume una cantidad de gente impresionante y me di cuenta en un segundo. Todavía no fui al interior; siempre en el interior del país la gente te conoce mucho más y es mucho más divertido de mano a mano con la gente. Así que sí, creo que llegué a un montón de público al que el deporte no llega, y también eso es muy divertido, sobre todo ahora que ya no juego más.
—¿Padeciste el hate? Porque la exposición y la popularidad que te da el reality viene acompañada de esta otra cara, el lado b.
—Sí, pero en el deporte siempre manejé eso bastante bien. Siempre llegué a la gente de tal manera que siempre fue un poco más el que me quería que el hate. TikTok no tengo. Instagram lo uso, pero lo uso más que nada porque hay que hacer mucha acción comercial. Hay veces que sí comparto cosas, pero hay veces que no subo nada por semana. No soy una persona de estar tanto en las redes sociales y eso me abstrae un poco. Pero obvio que cuando alguien te hatea un poquito de más, un poco más agresivo, te molesta. Pero siempre los que más lo sufren son los que están alrededor tuyo, la familia.
Le tenía mucho miedo a estar toda la vida haciendo una sola cosa y un día colgar la raqueta y no saber qué hacer".

—Bueno, ya que tocaste el tema de la familia, mencionaste que parte del retiro era esto de extrañar estar con los tuyos, ¿cómo estás viviendo esta nueva etapa, el poder estar con ellos y compartir momentos?
—Mirá, eso fue una de las cosas que más me cambió el retiro. Creo que las cosas más simples, que algunos pueden ver como "boludeces" dadas las realidades que se viven en Argentina, pero el simple hecho de estar en tu casa y saber que la semana que viene y en dos semanas vas a estar en tu casa, es algo que nunca había vivido. El único momento que yo estuve dos meses seguidos en Buenos Aires fue durante la pandemia, imaginate. Fue la única vez de que tengo uso de razón, después de los 15 o 16 años, que pasé dos meses seguidos en mi casa. Entonces, el hecho de poder saber que en 10 días voy a estar en un cumpleaños, en un asado, en un casamiento, la verdad que este año me hizo muy bien.
-Dejar de perderte cosas...
-Dejar de perderme cosas. Como te digo, para muchos puede ser una boludez estar en un asado o un cumpleaños. Yo nunca había estado. Siempre era todo a la distancia, con cambio de hora, despertarme al otro día y ver cómo la pasaron mis amigos en un asado o yendo a la cancha. Todo ese tipo de cosas que, gracias a Dios, el tenis y la parte económica me ayudó un montón, y puedo verlo desde otro lado y no preocuparme por ese lado, que ya en Argentina es un montón. Hoy puedo disfrutar de esos pequeños detalles que me los venía perdiendo y que necesitaba urgente empezar a vivirlos de a poquito.
—Me imagino que con toda esta abstinencia de momentos entre amigos y familia, quizás ahora sos el que organiza viajes, salidas, juntadas...
—Pasa que ahora cambió mucho. Cuando tenía 22 o 24 años, que ahí la 'joda' era volver y salir un rato, tomar algo y acostarse tarde. Los pocos días que estaba en esos años, hacíamos un poco de eso. Ahora mis amigos de mi edad tienen casi todos hijos, algunos están casados. Entonces, cada vez que nos juntamos esto parece un jardín de infantes; son nenes corriendo por todos lados y a la vez es muy divertido. Pero el tipo de juntada que hacemos ahora sí es mucho más tranquila, termina más temprano. Pero la verdad que estoy feliz de empezar a poder compartir con mis amigos, sus mujeres, los hijos, con mi familia, mis sobrinos, y mismo con la familia de Euge. Como te decía, son cosas que para muchos estás acostumbrado a hacer todos los fines de semana o una vez por semana juntarte con tu gente y saber ahora que podés estar y escribir un mensaje a la mañana para mañana ir a tomar algo a las 7 de la tarde porque el día está lindo. Es muy lindo y es de las cosas que más estamos haciendo ahora.
—¿Qué es lo que más disfrutás de estar acá en Argentina y lo que más extrañás de tu vida antes del retiro?
—La verdad, estar mucho en casa. Hay momentos en que me encanta juntarme con gente, pero el tenis es un deporte muy solitario, como muchos lo dicen, los que conocen y los que no conocen. Es verdad, es muy solitario. Pensá que uno llega todos los días, cuando terminás el día a tu habitación de hotel y estás solo. Y a veces, esos ratos solos, de soledad, sin escuchar a nadie, son cosas que por momentos se extrañan. A veces me quedo acá, apago la tele, sin escuchar nada, con el teléfono en modo avión, y estoy tranquilo con Euge, los perros. Ese tipo de días también me gusta disfrutarlos ahora que puedo.

—Detallabas hace rato la sacrificada y solitaria vida del tenista. ¿Cómo es tu rutina hoy? ¿En qué estás abocado ahora?
—Soy bastante culo inquieto, por así decirlo. Antes de retirarme ya había firmado un contrato por dos años, que seguramente se extenderá, con uno de los Grand Slams del tenis, que es el Australian Open. Cumplo un rol como de intermediario entre lo que son los organizadores del torneo y los jugadores. Me toca bajar mensajes y básicamente intentar mejorar la vida de los jugadores de tenis en nuestro torneo, que es el Grand Slam en Australia, y otros torneos que se juegan en enero en suelo australiano. De a poco, en el mundo del tenis, trato de empezar a meterme en ese mundo comercial, de marketing y demás, para que la plata que hay en el mundo para el tenis empiece a venir un poco para Sudamérica. Esos son proyectos a largo plazo. Ojalá que en los próximos 5 o 10 años el tenis acá en Sudamérica crezca, y creo que de la mano de un Grand Slam lo voy a poder hacer. Después, dos veces por semana, estoy en la radio con Andy Kusnetzoff en Perros de la Calle. También arranqué antes de retirarme porque le tenía mucho miedo a estar toda la vida haciendo una sola cosa y un día decir: "Bueno, cuelgo la raqueta," y al otro día levantarme a la mañana y no saber qué hacer. Es difícil eso para cualquier deportista.
—O sea, fuiste blindándote.
—Sí, un poco más por miedo que por ganas. Pero la verdad que, tanto en Perros de la Calle como en este trabajo con Australia, lo estoy pasando bien. Me fui acomodando con los meses y entendiéndome, pero eso te arma una rutina y todos los días te levantás con algo para hacer. Un montón de proyectos que te digo que son a largo plazo y se van armando de a poquito, ladrillo a ladrillo.
—¿De chico te veías haciendo otra cosa o tu amor por el tenis fue siempre indiscutible?
—Cuando sos chico y te dedicás a un deporte es como que te enceguecés en eso. Me hubiera encantado ser futbolista, pero jugaba mejor con la pelota de tenis. Después, cuando empezás a dedicarte ya de lleno al deporte, dejé el colegio, dejás un montón de cosas de lado, empezás a viajar y a prácticamente no estar nunca acá en Argentina. Ahí tenés que empezar a tomar decisiones. Pero, rápidamente, cuando empecé a crecer me interesé mucho en poder aprender a hablar inglés, que sabía que iba a ser algo muy importante en mi vida. Aprendí, y por eso hoy tengo este trabajo con el Australian Open y puedo comunicarme en inglés muy fluidamente. La parte del mundo comercial de cómo se genera un evento, sobre todo deportivo, me encanta, eso me encantó de chico y por eso te digo, a largo plazo hay muchos proyectos para ir por ese lado, y es algo que me divierte mucho.
—Por lo que me decís, entiendo que a medida que ibas consolidándote en el mundo del tenis, era como que también ibas viendo otras ramas, pero siempre relacionado.
—Sí, al deporte en general, porque me encanta el deporte, sobre todo donde hay argentinos. Donde hay algún argentino dando vueltas, yo prendo la tele y veo cómo le está yendo. Cuando vos te dedicás a un deporte que, económicamente en el mundo, ves que hay mucha plata y es muy fuerte, empezás a ver que hay oportunidades. Y es un gran desafío para todos los deportistas a los que nos fue bien y vivimos en Argentina, decir: "¿Cómo hacemos para que un poco (de dinero) venga para acá y que la infraestructura mejore, y que las posibilidades mejoren, y que un chico de 12, 13, 14 años, cuando empiece a dedicarse a un deporte, no tenga que andar pensando en si se va a dedicar o no por la plata?". A mí me pasó. A mí me ayudaron privados, porque si no hubiera sido imposible. Hoy, por suerte, como te decía antes, no me hace falta nada, como sí le hacía falta a mi familia cuando yo era chiquito. Un poco pienso en eso, en la cantidad de chicos a los que les gustaría dedicarse y no pueden, a cualquier deporte. Y eso es algo que me despierta muchas ganas de cara al futuro.

—No colgaste la raqueta del todo, por lo que veo.
—Mentalmente, no; pero con la mano, desde febrero, prácticamente no jugué ninguna vez desde que me retiré.
—¿Cómo viene ese vínculo con la raqueta, sigue fría la relación? (risas).
—Con la raqueta sí, pero físicamente hablando me mantengo muy activo. Todos los días entreno. Siempre fui muy meticuloso en mi carrera, entonces como que el cuerpo se levanta a la mañana y me pide transpirar un poco y pegarse esa ducha post entrenamiento.
—¿Vas al gimnasio, corrés, cómo estás saciando esa parte deportiva a la que estabas acostumbrado?
—Ahora estoy jugando al fútbol con mis amigos en la liga que ellos jugaban hace años. Me sumé con ellos, y después todos los días hago algo. O voy al gimnasio, o si está lindo salgo a correr, o me tiro acá en casa. Me gusta mucho lo que es yoga y meditación. Las veces que no tengo ganas de ir al gimnasio, me tiro en una colchoneta a hacer alguna cosa así y a mantenerme tranquilo. Porque, como te decía antes, es un gran desafío para un deportista que toda la vida hace una sola cosa, el día que cuelga la raqueta, y ver cómo llenar el día, cómo evitar que la cabeza no maquine mucho. Entonces, entrenar, transpirar, mantener ciertas rutinas que yo hacía, me están haciendo muy bien, sobre todo en estos primeros meses.
—¿Hubo algún momento difícil de toda esta etapa post retiro?
—No, fue más difícil quizás el cuándo tomar la decisión mientras todavía estaba compitiendo que el post. El post lo fui llevando bastante bien.
Peque Schwartzman y la vida de casado: "Me muero por tener una hija"

—Hace rato mencionabas a Euge. Su fiesta de bodas fue tendencia en redes. ¿Cómo te sienta la vida de casado?
—Ella la rompió, hablando del hate o no hate, la rompió con el vestido. Estaba feliz, porque creo que es un gran desafío para la novia qué te ponés. Y ese vestido blanco le quedó impecable, ella estaba feliz. Obviamente, yo lo vi ahí en vivo y le quedaba espectacular. Después, ella está muy contenta también de estar más tiempo acá, porque ella me acompañaba mucho, y poder vivir un poco eso: estar con sus amigas, ver más a su familia. Nosotros somos muy familieros. Los dos tenemos cuatro hermanos, somos de familias grandes. A las dos familias nos gusta juntarnos mucho y creo que el casamiento terminó de unir a las dos familias. En el sentido que a veces hay juntadas que somos muchísimos, entre los De Martino y los Schwartzman, pero la pasamos bien, hay un muy buen ensamble y eso nos gusta mucho.
—Los dos vienen de familias grandes. ¿Eso quiere decir que a futuro también piensan en una familia grande?
—Tenemos ganas. De ahí a que pase, va a depender más de ella que de mí, porque la mujer es la que lleva el bebé adentro de la panza. Así que...
—¿Pero lo han hablado?
—Sí, sí, los dos opinamos igual. Pero yo siempre le digo: "Hay que ver cómo llevás el primero, cómo llevás un segundo". Porque el hombre en ese sentido, mientras la mujer está los nueve meses embarazada, está mirando un poco de afuera, y la que vive toda esa etapa es la mujer. Y ella trabaja con el cuerpo y hace un montón de cosas, y está creando un montón de cosas también a futuro que no van a requerir de su físico, y que las va a poder hacer embarazada, y que seguramente le vaya muy bien.
—¿Te pusiste a pensar si te gustaría tener primero un hijo o una hija?
—¡Sí! Yo me muero por tener una hija. Pero sí, tenemos ganas los dos y seguro pronto empezaremos a intentar.
—¿Siempre te gustaron los niños?
—Sí, pero viste que no es lo mismo ver un sobrino o el hijo de un amigo, que después tenerlo y hacerse cargo en el día a día (se ríe). Pero creo que los dos sí queremos. Fuimos también etapa por etapa. Ella quería primero el casamiento y después tratar de agrandar la familia acá en casa.

—Ahora que sos dueño de tu tiempo, ¿tienen pensado viajar o cuáles son sus próximos planes de pareja?
—Muchos nos preguntan por la luna de miel y nosotros no queremos viajar más. Los dos. Por suerte, Euge acompaña ese sentimiento. Pensá que el tenista se toma entre 40 y 50 aviones por año. Es una locura. Es un desgaste emocional de viajes, aeropuertos, que uno no quiere vivir más. Obvio que sí tenemos algunos viajes un poco más distendidos: ir a alguna playa que no conocemos, un safari, conocer un poco más de Asia. Seguramente lo haremos el año que viene. Este es el primer año que estamos en casa y no queremos perder ningún plan de lo que pasa acá. Así que por ahora nos vamos a quedar acá.
—¿Cuál es tu lugar en el mundo para viajar?
—A mí me vuelve loco Argentina. De hecho, a toda la gente que pasa mucho tiempo afuera, viviendo o viajando por el mundo. Hay muchas veces que no tomamos dimensión de lo lindo que es Argentina, de norte a sur. Porque a veces nos encasillamos en Buenos Aires, que es espectacular y yo nací acá, pero Argentina en general.
—¿Pudiste recorrer bien otras regiones de Argentina?
—Conocí bastante de Argentina, cuando era chico sobre todo, y después creciendo, pero me gustaría ahora de más grande volver a hacerlo. Si tuviera la oportunidad de irme afuera, lo pensaría dos veces, y quizás me iría un mes a recorrer el norte, o me iría a recorrer el sur en un motor home. Algo así me recontradivertiría, pero hay que armarlo, hay que prepararlo, y seguramente lo hagamos el año que viene.
—Esa sería tu luna de miel.
—Puede ser. Me encantaría tener un poco ese turismo/aventura por Argentina. Pero si después tengo que elegir, y Euge también, creo que otro destino sería España. Nos gusta mucho la idiosincrasia y la cultura argentina, y creo que el único lugar donde más o menos va por el mismo lado es España, es bastante parecido.
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—¿Qué es lo que más te gusta de Euge?
—Lo mejor que tiene Euge es que es una compañera espectacular. Es muy difícil acompañar a un deportista, en los buenos y en los malos momentos. En ese sentido, siempre fue una compañera espectacular. Después, acá en casa, yo soy el ordenado y el organizado. Ella es la desordenada y desorganizada, pero es algo que me encanta también, nos divertimos mucho. Es el famoso los opuestos se atraen, y nos divertimos mucho con esas cosas. Creo que la pasamos muy bien, desde la mañana, cuando ella se levanta y me pide tomar unos mates, hasta la tarde, estar tirados en el sillón, compartiendo momentos. Es lo más básico, pero es lo que aprendimos en estos años. Ya sea callados o riéndonos, es lo que más disfrutamos juntos.
—¿Quién hace enojar más veces al otro?
—Creo que un poco los dos. Ella puede levantarse de muy buen humor y a la tarde no se sabe muy bien por qué, pero está más de mal humor. Y yo prácticamente no tengo mal humor nunca. Estoy siempre en un seis, siete puntos todos los días. Entonces, eso a veces me choca un poco, pero después creo que yo la pongo mucho más de mal humor con la organización. Cuando empieza a dejar cosas por la casa, yo voy atrás. De hecho, me suele mandar esos videos de Instagram o TikTok de que te hacés el café, te lo dejás, y vas a buscar algo a la heladera, y pasa uno por atrás y ya guardó el café y ya lo limpió... Yo soy ese. (se ríe). Es un toc que tengo, que a veces no es bueno, a veces sí, y ando por la casa moviendo las cosas y ordenándolas, y a veces no las encuentra.
—¿Qué hacés para desenojarla? ¿Ya tenés algún truco?
—Le digo que sea más ordenada, ¡y ya está! Más organizada y se termina (risas).
—¿Cuáles son los momentos que más disfrutan como pareja?
—Ella era muy básica con la comida, muy 'argenta' digamos: comía milanesa, puré, pasta y no mucho más. Ahora está empezando a compartir muchos más gustos que yo fui adquiriendo con el tiempo. Poder ir a comer a lugares de comidas más del mundo, que yo fui aprendiendo viajando, e ir a comer ahora que estamos acá y que ella me acompañe, está espectacular. Lo único es que yo no la acompaño tanto: a ella le gusta el vino, y yo no soy tanto del alcohol. Pero ahora estoy aprendiendo a compartir esa copa de vino. Creo que lo que más compartimos es el mate a la mañana y ahora, de a poquito, esa copa de vino. Son como dos momentos que compartimos sin decir nada.

—¿Qué creés que fue lo más loco que hiciste por ella, por amor?
—¡Uf! Me agarraste desprevenido. Cosas que habré hecho. Yo soy mucho de los detalles. Lo que hago siempre es, cuando estoy en un lugar, si sé que nos encontramos en un rato, paro en algún lugar, y a ella que le encanta el chipá, de camino siempre le compro un chipá, o siempre le llevo un café con leche. Todos los días. De hecho, en el casamiento me lo dijo. No son cosas materiales, son cosas que a ella le gustan: un café con leche cuando está llegando a casa o lo que sea. Me gusta cuando yo me levanto más temprano que ella (ella arranca un poquito más tarde), y que llegue acá a la mañana y tiene su café con leche ahí preparado. Me divierte. Me gusta ver a la gente de buen humor.
—¿Y ella es detallista?
—Euge es muy regalera, muy regalera. Yo no soy regalero, soy eso, detallista. Pero ella te sorprende siempre con buenos regalos.
—¿Te acordás de algún regalo con el que te haya sorprendido?
—Para mí son boludeces, pero bueno, relacionado a la cocina, ahora que estábamos hablando de MasterChef, ahora que estoy acá me gusta mucho cocinar, y todo lo que son los gadgets de la cocina y el café. A mí me gusta mucho el café, así que me fue regalando distintas cafeteras en el último tiempo. Y nada, mates, ese tipo de cosas que a mí me gustan mucho.
—¿Quién cocina más o a quién le gusta más la cocina?
—No, ella no cocina. Nada, nada. Hace cada tanto algunos pancakes de esos proteicos que están de moda, pero después no. Si alguien tiene que cocinar, soy yo.

—¿Tu plato estrella cuál sería?
—Me gusta mucho hacer risotto, que no me tocó hacer en el reality.
—Se lo perdieron.
—¡Se lo perdieron! Porque hago distintos tipos. Y después un plato que me fue muy bien, pero que no respeté la consigna, es hacer algo con crema de hongos. Lo hice, pero bueno, no respeté la consigna el día que me tocó. Pero me sale muy bien la crema de hongos con carne, pollo o algunas verduras; me sale muy rico.
—Te retiraste del tenis y sorprendiste participando en un reality y desembarcando en la radio. ¿Nos vas a seguir sorprendiendo con proyectos ajenos al deporte que te parezcan divertidos?
—Es difícil pensar. Creo que acá hay muchas posibilidades. En el mundo de la tele, como fue MasterChef, sí es muy divertido estar, pero a la vez no soy de ahí. Te sentís por momentos un "bicho raro". En ese mundo donde la gente se siente mucho más cómoda en las grabaciones con mucha cámara, con cosas que uno dice: "Bueno, dale, es más rápido," y no, no es tan fácil. Pero después, lo que te decía antes, proyectos alrededor del deporte, sí me divierten mucho y ojalá que con el tiempo pueda empezar a llevarlos a la realidad.
—¿No te ves entonces —o quizás sí, pero no por lo pronto— conduciendo un programa deportivo?
—No creo. No, no, no. Me gustaría hacer cosas más dinámicas y en el mundo del deporte. Pero no sé si me sentaría frente a una cámara a hacer un programa deportivo.
Fotos: Cande Petech

