Santiago Del Moro, entre el hombre que domina el prime time con "Gran Hermano" y el "antidivo": "En casa ando con un pijama roto y una remera vieja" – GENTE Online
 

Santiago Del Moro, entre el hombre que domina el prime time con "Gran Hermano" y el "antidivo": "En casa ando con un pijama roto y una remera vieja"

En medio del furor por el estreno de Gran Hermano: Generación Dorada por Telefe, el conductor adelanta los secretos del nuevo envío y revela a GENTE cómo es su rutina lejos del show: “Mi lujo es dormir. Se apagan las luces y lo único que quiero es volver a mi casa”.
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En la televisión argentina hay nombres que ya no necesitan presentación. Santiago Del Moro es uno de ellos. Actualmente conduce el programa más visto del país, lidera cada mañana la radio y sostiene una comunidad de más de seis millones de seguidores en redes sociales que siguen de cerca cada paso que da. Sin embargo, cuando se apagan las luces del estudio, su prioridad es otra: volver a casa, ponerse un pijama viejo y dormir lo suficiente para recuperar energía.

Mientras el estreno de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe) se vive a pura euforia, el conductor le confiesa a GENTE cómo sostiene la energía que requiere una rutina tan exigente como la suya. Su fórmula consiste en tener absolutamente todo programado, desde lo más simple a lo más importante. "Tengo una hora para cada cosa. A una hora como, a otra hora entreno, y después duermo. Mi familia se adapta y me banca en todo... Sé que son seis meses en los que estoy como en Narnia", revela quien desde el regreso del formato en 2022 se convirtió en la cara indiscutida de la nueva era de Gran Hermano Argentina.

Santiago Del Moro es la tapa de esta semana de Revista GENTE. En la nota habla de sus expectativas sobre la nueva temporada de Gran Hermano, pero también sobre su vida de entrecasa, de su familia y de su rol de padre.

Tras llegar para la décima temporada (que marcó el gran regreso del reality a la pantalla de Telefe), y acompañar el éxito arrollador de rating y de repercusión en redes del formato, Del Moro continuó conduciendo las ediciones siguientes hasta consolidarse como el anfitrión de esta etapa del ciclo.

Lideró tres temporadas completas y ahora está listo para vivir un flamante capítulo, con una nueva edición especial que celebra los 25 años del fenómeno. El animador define esta entrega como “disruptiva”, con casa renovada, 28 participantes y una apuesta que combina casting abierto con invitados famosos que deberán probar si realmente están listos para jugar.

La llamada Generación Dorada no es una versión VIP: es, según aclara, "una búsqueda de personalidades dispuestas a convivir con desconocidos, estar expuestos ante las cámaras las 24 horas del día y bastante más. Ésta no será una competencia más, sino extrema, no para cualquiera", advierte.

-El programa cumple 25 años, es un número importante.

-Así es. Hemos trabajado mucho tiempo junto a un equipo muy grande para salir al aire con un programa que cumple 25 años. Un programa que es número uno en el mundo y ahora presentamos, creo, con el formato más disruptivo de la historia de la televisión. Esta edición dorada va a tener muchas, muchas novedades, con una casa renovada y participantes que van a llamar la atención. No quisimos hacer un "rejunte" de famosos. Se buscaron más que famosos, personalidades, distintos perfiles, distintos tipos de jugadores para esta casa. No es para cualquier persona.

La magia de cada temporada: "Yo estoy alucinado con lo que se viene"

Del Moro reflexiona sobre el rol que asumió dentro del reality: ser la única voz externa que escuchan los participantes, contener sin interferir en el juego y acompañar desde su lugar. Además, analiza el fanatismo que despierta el ciclo, convencido de que el verdadero secreto del éxito es que el ciclo funciona como un espejo social: Gran Hermano somos nosotros”, dice, y explica por qué cada discusión dentro de la casa enciende debates afuera.

Con 28 participantes y una casa renovada, promete una temporada “disruptiva”, mientras defiende el espíritu original del formato: “No quisimos un rejunte de famosos, buscamos personalidades que quieran jugar de verdad”. Gran Hermano Generación Dorada se emite de domingos a jueves a las 22.15 por Telefe.

-Hicieron cambios en la casa de Gran Hermano, ¿tenés pensado también cambiar algo de tu rol como conductor en esta edición?

-Mirá, aunque nos ha ido muy bien hasta ahora, obviamente todo el tiempo me voy adaptando y trato de ir un paso adelante de lo que va del programa para poder controlarlo y que no me lleve puesto. La casa, sí, tiene muchas modificaciones, va a haber varias sorpresas esta temporada. Básicamente después todo depende de qué pasa con esa selección de jugadores y el afuera. El afuera es muy importante porque de alguna manera es lo que va marcando el rumbo del juego. Es decir, los jugadores van haciendo su juego, su estrategia, pero finalmente es el público quien dice "vos sí" y "vos no", quién se queda y quién se va.

-¿Por qué creés que es un juego tan poco predecible?

-Tiene que ver mucho con el símbolo de los tiempos que corren, que va acompañando un poco cómo está el contexto con la coyuntura en el país. Es decir, lo que pasa en Gran Hermano no es ajeno al contexto del afuera, y después, obviamente a los perfiles seleccionados y a cómo esos perfiles que se seleccionaron conviven dentro de la casa.

-Considerando que cada temporada supera a la anterior en cuanto a las expectativas del público y los resultados en números, ¿qué debe suceder con esta edición para que sea inolvidable?

-Cada temporada tuvo lo suyo y cada temporada a mí me dejó algo. El otro día cuando vi la foto con los preseleccionados, de quiénes quedaron, pensé: 'La televisión de hoy necesita un programa tan importante como Gran Hermano, que abre el debate, enciende las redes y genera todo lo que genera', y pronto me llené de felicidad considerando que tengo la linda posibilidad de estar en él. Así que, si Dios quiera y nos ayuda, tengamos una linda temporada. Sobre todo que a la gente le guste y nos acompañe. Yo me siento alucinado con esta temporada. Estará llena de emociones y cada participante te lleva a un lugar distinto con sus historias y con lo que representa.

El conductor habló de lo que significa ser la única voz del afuera que escuchan los jugadores, y asume su rol con empatía: “Los trato como me gustaría que me trataran a mí”.

Su vínculo con los participantes: conducción y contención

-¿Cómo controlás el límite entre tu rol de conductor y el vínculo emocional que se da con cada participante?

-Hay un dato que no es menor: Gran Hermano acá en Argentina dura mucho tiempo. Entonces yo lo que puedo hacer es contenerlos. Del afuera soy la única voz que ellos ven y escuchan. Yo contengo, yo guío, por las buenas siempre, porque soy el conductor del programa, pero después el juego depende de ellos. Lo que nunca haría es romper a un participante, es quebrarlo mientras está jugando: sería muy injusto de mi lado. Cuando salen, los chicos me agradecen cómo los traté y siempre les digo lo mismo: los trato a ellos como me gustaría que alguien me tratara a mí si estuviese ahí adentro, aislado del mundo y bajo la vulnerabilidad que ellos están.

-Viviste situaciones como la enfermedad de Furia o cuando la abuela de Martina falleció en la temporada anterior, y te tocó acompañar también.

-Sí, es que de eso se trata. De acompañarlos, de no romperlos ni dañarlos. E intento tender una mano a los que puedo, ser lo más justo posible con todos. A veces hablo con los que más me buscan charla, porque al principio uno va generando el vínculo, y después con el tiempo ya nos conocemos. A mí lo que me gusta es que aprovechen la posibilidad. Suelo repetirles lo mismo, que en ese lugar hay miles de personas que quisieron estar ahí y por algo llegaron ellos. Y esa experiencia es una vez en la vida. Siempre les digo: "Vívanla, disfrútenla y sáquenle el jugo". Es muy fuerte lo que les pasa en esa casa y solamente ellos saben qué se siente ahí.

Pasión, energía y una exigente rutina

Durante la entrevista con Revista GENTE, pronto el conductor detallará cómo se prepara para seis meses “en Narnia”, dividido entre la madrugada radial y las galas nocturnas, con una rutina milimétrica que incluye sueño fraccionado, entrenamiento y una familia que se adapta a su calendario vertiginoso. También anticipará su debut en el streaming con La Cumbre, un espacio que arrancará ni bien el eliminado cruce la puerta, capturando ese instante en estado puro, cuando la emoción todavía se encuentra a flor de piel. “Mi trabajo es casi mi religión”, redondeará, dejando en claro que la fama nunca fue el objetivo, sino una consecuencia del trabajo de tantos años.

-¿Cómo asumís ser el conductor del programa más visto de la televisión? ¿Ese título te pesa o te genera presión?

-En este momento tengo dos títulos, el de Gran Hermano y el de la radio también, que es otro éxito. Sé que están ahí, los miro como de reojo, pero a mí me gusta mi trabajo. Es decir, aunque no fuera el programa más visto o el más escuchado, lo haría igual. Le he puesto toda mi energía. Después, te puede gustar más o menos, pero lo hago con total pasión y honestidad... Voy a trabajar contento y trato de que salga lo mejor posible. Me interesa laburar en equipo, soy un amante de la televisión y de la radio y quiero defenderlas y que les vaya bien.

Del Moro se organiza para estar seis meses “en Narnia”, sueño dividido en dos turnos y rutina milimétrica: así sostiene la energía del programa más visto del país.

-Trabajás desde muy temprano en la radio y al cierre del día, hasta la medianoche, estas al aire con Gran Hermano: ¿Cómo mantenés la energía tan arriba por tantas horas?

-Con orden. Tengo una hora para todo. A una hora como, a otra entreno, en otro horario duermo... Mi familia se adapta un poco y me banca en todo. Sé que son seis meses como en Narnia. Yo, que también estoy adentro de la casa, trato, como te dije, de que los participantes se sientan lo mejor posible también. Obviamente lo hago desde mi rol, pero además hay un equipo de producción gigante y soy uno más en ese equipo, acompaño a un montón de gente.

-¿Cuántas horas dormís por día?, porque dijiste que tenías todo tu día programado.

-Duermo como en dos partes. Duermo cuatro o cinco horas a la noche y después, una siesta de una o dos horas, aproximadamente.

-Cuando se apagan las luces del estudio y llegás a tu casa pasada la medianoche, ¿te cuesta bajar esa adrenalina?

-La verdad es que a veces sí... es una rutina muy agitada. Y este año voy a tener también La Cumbre, que es mi debut en stream. Y ahí lo que voy a hacer es que, una vez por semana cuando el jugador salga eliminado, me lo llevo directamente a charlar, con la sensibilidad a flor de piel.

-¿Y cómo vivís este debut tuyo en el stream?

-Me habían ofrecido desde hace muchísimo tiempo hacer stream, y me parecía que estaba bueno hacerlo justo ahora con esta temporada de Gran Hermano.

El límite de la exposición en la vida de Santiago Del Moro

-Este reality muchas veces también genera un fanatismo desmedido en la gente. ¿Le das importancia a los comentarios? ¿Te da tiempo realmente para leer las críticas o las repercusiones en redes sociales?

-No. Trato de no leer porque a veces, digamos, el 80 por ciento de las cosas por ahí que leo de teorías conspirativas no tienen sentido. Cualquier comentario se exacerba, se potencia o se edita. Realmente la única crítica que me dolió en un momento fue cuando decían que teníamos a un animal maltratado, cuando la historia real era que nosotros le salvamos la vida a un perrito. Estaba con tres veterinarios diarios, paseador, alimento, con gente que lo quería, estaba mejor que nadie, más atendido que nadie. Nunca se me pasaría por la cabeza meter un animal para maltratar ¡Qué nivel de locura!

Anti divo por decisión, Del Moro separa el personaje del hombre: “Si viviera en modo show todo el tiempo, tendría la cabeza rota”.

-¿Lo sufrís de cierta forma?

-Entiendo al mismo tiempo que es parte de este programa, que no es contra mí, sino parte de las pasiones que genera Gran Hermano, ¿no? Y que también tiene su lado lindo. Hay un lado del fanatismo que apoya un montón. Por eso nunca voy en contra de eso. A mí me encanta y respeto y quiero mucho a la gente que ama el formato como nosotros. Porque la gente que ama el programa disfruta de otra cosa que no es el mirar un simple programa de televisión.

-Me llama la atención que pese a ser el conductor del programa más mediático, probablemente, has mantenido tu vida personal en privado ¿Cómo lo conseguís?

-Lo que pasa es que a mí toda la vida me encantó el laburo, me fascina. Lo otro, no sé... me da mucho pudor. Cada uno sube a las redes lo que quiere, pero cuando la gente publica tanta cosa, digo: "¿Para quién va dirigido todo esto o a quién le importa qué comiste, dónde estás viajando?". Porque eso es personal. Yo nunca nunca necesité de eso para trabajar de lo que trabajé, y no hacerlo me ayudó a mantener la cabeza sana.

-Y además es tu manera, entiendo, en cierta manera, de mantener a resguardo a tu familia también, ¿no?

-Sí, porque el mundo de las luces y de la fama tiene que ver con mi trabajo, pero no tiene que ver con mi vida privada. Entonces, digamos, al tener tu vida privada tan tranquila, o no haber abierto nunca ciertas puertas que después te puede costar cerrarlas, te ayuda mucho más a tener la cabeza sana. Tenés a tu familia más tranquila, no necesitás dar declaraciones de nadie... Igual, tampoco hay mucho para mostrar. Tengo una vida muy simple, una vida cotidiana como la de cualquier otra familia.

En su mejor momento profesional, relativiza el éxito: “La verdadera generación dorada es tener salud, trabajo y la familia bien”, dice quien además de Gran Hermano conduce El Club Del Moro en la mañana de La 100 (de lunes a viernes de 5:30 a 10 y los miércoles de 5 a 10).

Así es la vida de entrecasa que pocos conocen de Santiago

-La gente creería lo contrario, porque hay quienes te asumen como un rockstar de la tele.

-(Risas). Yo trabajo en la tele y cuando se prende la luz de la cámara, a mí me gusta el show y el brillo; ahora, en mi vida, si siguiera en ese mood después de tanto tiempo, tendría la cabeza rota.

-Sin embargo, cuando publicás fotos de tus hijas, la locura de tus seguidores es total. Les gusta también ver ese otro lado de tu vida, en tu rol de papá.

-Sí, de vez en cuando trato de mostrar algo... Hay mucha gente que me pide fotos de las chicas, porque me han escuchado. En la radio hablo mucho de mis hijas, de mi familia. En la radio abro mi corazón y la gente conoce toda mi vida.A veces quiero poner alguna foto de ellas, pero a la más grande ya mucho no le gusta. Ahora con la chiquita sí, pero me gusta que sea algo orgánico.

-No querés hacer de tu vida un reality.

-Nada, nada, nada. Creo que las cosas tienen que fluir porque yo trabajo de esto y el trabajo es casi mi religión. Me lo tomo en serio, no es que estoy jugando a que quiero ser famoso. No me interesó nunca eso.

-¿Tus nenas dimensionan tu nivel de alcance o exposición?

-Nos fuimos criando todos juntos con eso y nunca fue ni tema. Aparte, si vieras cómo ando yo en mi casa con un pijama viejo y la remera rota: soy Krusty, el payaso (risas).

-Todo lo contrario a lo que la gente se imagina.

-La gente cree que como siempre parezco vestido tan arriba, así estoy siempre. La realidad es otra: me cambio en cinco minutos de reloj, me pongo un polvo para no brillar, yo solo, el peinado me lo hago con un gorro viejo. De hecho, ese gorro de lana que tengo, me lo compré en un viaje con Dalma Maradona, es de ella, y lo tengo hace un montón de años... Me peino, me dejo un poco ese gorro y me lo saco para que me quede el pelo parado. Esa es toda mi preparación.

-¿Salís del estudio y volvés al pijama viejo?

-Claro. Salgo así y me divierto, me río, la paso bien, todo, y cuando se apagan las luces lo único que quiero es volver a mi casa a dormir. Necesito dormir. Mi lujo hoy es dormir. Y mis fines de semana cuando puedo dormir, duermo como un pajarito.

El gran estreno de Gran Hermano Generación Dorada

Su paso por la casa más famosa del país redefinió el rol del conductor dentro del juego. Con un estilo enfático en las galas, pero cercano y empático cuando la situación lo requiere, Del Moro encontró un equilibrio entre el show y la contención. Fue la voz que acompañó momentos de máxima tensión, polémicas virales y finales multitudinarias, pero también quien eligió no quebrar a los participantes en situaciones de vulnerabilidad.

En esta nueva etapa, ya no es solo el conductor: es el rostro de una era del reality "que volvió a convertir el programa en el gran espejo social de la televisión argentina", según él mismo define.

-¿Cómo vivís el estreno de esta nueva temporada?

-Estoy concentrado como si fuera un boxeador que tiene que salir a hacer la pelea de su vida. No estoy ansioso ni nervioso: estoy muy concentrado en mi trabajo. Quiero que a la gente le guste esta temporada, que nos acompañe. El programa va a sorprender y a la vez tendrá un montón de críticas y de cosas que en definitiva hacen al show. Pero, creo que no va a ser una temporada que va a pasar inadvertida. Hemos trabajado mucho para eso.

-¿Tenés alguna cábala?

-Antes de empezar siempre le digo al equipo: "Chicos, si hay un error o pasa algo, no pasa nada. Estamos en vivo, se sigue adelante y aquí no pasó nada".

-Esta temporada fue presentada como Generación Dorada. ¿Sentís vos que estás viviendo también tu propia etapa dorada?

-Sí, sí, pero creo que la viví toda la vida. ¿Viste que se hace mucho esta pregunta de qué le dirías a tu niño de 8 años? Y yo nunca le tendría que decir nada a mi niño porque él ya sabía lo que quería cuando lo era. Entonces a medida que va pasando la vida y vas laburando, uno va entendiendo que mientras tenga trabajo, tenga salud y la familia esté bien, ya con eso alcanza. Te juro que todo lo otro está perfecto que pase, uno trabaja para que pase todo, pero la generación dorada debería ser eso. Tener las cuestiones básicas resueltas, salud, poder laburar de lo que te gusta y pasarla lindo. De eso trata la vida.

Fotos: Gentileza Telefe
Arte de portada: Darío Alvarellos



 
 

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