Cuando se habla de los grandes amores de Diane Keaton, tres nombres suelen encabezar la lista: Woody Allen, Warren Beatty y Al Pacino. Cada uno marcó una etapa distinta en la vida de la actriz, ícono del cine y de la autenticidad.
Sin embargo, tras su fallecimiento el 11 de octubre, a los 79 años, emergió una historia que resume su esencia con la misma intensidad que cualquiera de esos vínculos: su último y más duradero amor que fue su casa.
Ubicada en Sullivan Canyon, al oeste de Los Ángeles —entre los barrios de Brentwood y Pacific Palisades—, esta residencia se convirtió en su refugio definitivo. Keaton la compró en 2011, cuando tenía 65 años y una carrera consagrada con un Oscar, dos Globos de Oro y un BAFTA.
Según trascendió, la estrella de Hollywood pagó cerca de 5 millones de dólares por la propiedad, aunque su valor sentimental superó cualquier cifra: allí, la actriz halló el equilibrio entre arte, arquitectura y esta sensación de lo hogareño.

Una fortaleza de ladrillos traídos de Chicago: las fotos del gran amor arquitectónico de Diane Keaton
Durante su vida, Keaton habitó en algunos de los espacios más emblemáticos de Estados Unidos: desde su departamento en el histórico edificio San Remo de Nueva York hasta la casa Samuel-Novarro, diseñada por Frank Lloyd Wright. Pero ninguna le resultó tan perfecta como esta. “Es la casa de mis sueños”, confesó en una entrevista con Wine Spectator en 2017, cuando finalmente se instaló tras casi ocho años de reformas.

Fascinada desde siempre por la arquitectura —una pasión que heredó de su padre, ingeniero civil—, Diane se involucró en cada decisión: desde el diseño de los interiores hasta la selección de los 75 mil ladrillos que mandó traer desde Chicago.

En su libro The House That Pinterest Built, la actriz reveló que la inspiración nació de una mezcla entre el diseño industrial y un recuerdo de infancia: el cuento de Los tres chanchitos. “Sabía que viviría en una casa de ladrillos cuando fuera adulta”, escribió. Y así fue: sólida, atemporal, indestructible.

La propiedad de más de 880 metros cuadrados se levanta como una fortaleza de ladrillos sobre un terreno de 2,6 hectáreas. De espíritu cálido y sobrio, combina vigas de madera, lámparas tipo galpón y una paleta de blanco y negro, los colores que definían su estilo personal. Tiene cinco dormitorios, siete baños, una amplia galería y una piscina rodeada de vegetación.

“Siempre me interesaron las casas y el concepto de hogar; esta vez todo es perfecto”
Cada rincón refleja su carácter meticuloso y elegante: el vestidor fue diseñado especialmente para albergar su colección de sombreros, camisas, corbatas y anteojos, mientras que los ambientes principales privilegian la luz natural y los materiales nobles. “Siempre me interesaron las casas y el concepto de hogar; esta vez todo es perfecto”, aseguró en su momento a Architectural Digest.

Allí, acompañada por su inseparable Golden Retriever, Reggie, y por sus hijos Dexter y Duke, Diane Keaton disfrutó de sus últimos años en una atmósfera de serenidad y belleza. En marzo de este año, y tras el deterioro de su salud, decidió poner la casa en venta por 29 millones de dólares, según la inmobiliaria Realtor.

Más que una propiedad, fue su obra maestra personal, una extensión de su sensibilidad artística y su manera de entender la vida: simple, fuerte y llena de estilo. En ese refugio, entre ladrillos, silencio y naturaleza, Diane Keaton encontró su final feliz.

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