En plena Costa Atlántica bonaerense existe un balneario que se diferencia por una postal poco habitual: el mar conviviendo con un bosque denso que llega hasta la arena. Costa del Este, conocida como la playa del millón de pinos, se posiciona como uno de los destinos preferidos para quienes priorizan la calma, el verde y el sonido del mar por sobre el ruido y la masividad.
Ubicada entre Mar del Tuyú y Aguas Verdes, esta localidad combina playas amplias con un entramado urbano integrado al bosque. Las dunas protegidas cumplen un rol clave en la conservación del paisaje y permiten que el balneario mantenga una identidad más natural que otros puntos de la costa.

Uno de los grandes diferenciales de Costa del Este es su entorno forestado. Pinos, eucaliptos y otras especies forman un corredor verde que atraviesa todo el pueblo y regala sombra, aroma a resina y una sensación permanente de contacto con la naturaleza. Caminar por sus calles de arena o recorrer los senderos internos es parte del ritual diario, con el canto de las aves como banda sonora y la posibilidad de cruzarse con fauna silvestre en plena zona urbana.
Las playas se destacan por su extensión y por un perfil más tranquilo. Son ideales tanto para quienes buscan pasar horas bajo el sol como para quienes prefieren largas caminatas por la orilla. La amplitud de la costa permite disfrutar del mar sin multitudes, incluso en temporada alta, un rasgo cada vez más valorado por familias y parejas.

Para los más activos, el entorno también ofrece opciones de movimiento. El mar es apto para actividades como paddle surf y kayak, mientras que el bosque invita a andar en bicicleta, hacer senderismo suave o simplemente detenerse a contemplar el paisaje. La combinación de verde y azul convierte cada paseo en una experiencia sensorial.
El centro del balneario suma una oferta gastronómica que acompaña el perfil del destino. Restaurantes, cafeterías y panaderías artesanales permiten disfrutar desde platos típicos de la costa hasta propuestas más gourmet, con un clima relajado que invita a extender la sobremesa.
Sin grandes avenidas ni construcciones en altura, Costa del Este mantiene una estética cuidada y una convivencia armónica entre peatones, bicicletas y autos. Esa elección urbanística refuerza su identidad como un destino pensado para bajar el ritmo, escuchar el mar y dejarse envolver por el bosque.
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