Las velas aromáticas tienen un poder especial: en segundos transforman cualquier espacio en un refugio cálido, íntimo y con personalidad. Encender una al final del día puede ser casi terapéutico: la luz tenue y el perfume suave crean una atmósfera de calma instantánea. Pero cuando se abusa de ellas —ya sea en cantidad, tamaño o intensidad del aroma— el resultado puede ser todo lo contrario. En lugar de un ambiente relajante, se genera uno denso, visual y olfativamente recargado.
Por eso, el primer paso es elegir bien el tipo de vela según el espacio. Las habitaciones pequeñas, como baños o dormitorios, requieren velas con fragancias sutiles y naturales: lavanda, jazmín, algodón o té blanco. En cambio, los espacios amplios como el living o el comedor admiten aromas más envolventes —vainilla, canela o madera de cedro— que no se vuelven invasivos con el correr de las horas.
La cantidad también importa. Lo ideal es colocar una vela por ambiente, o un conjunto pequeño de tres en distintos tamaños si buscás un efecto decorativo. Si usás varias, mantené una coherencia de aromas dentro de la misma familia olfativa (por ejemplo, florales o cítricos), para evitar que se mezclen y compitan entre sí.
La ubicación es otro punto clave. Las velas se lucen más cuando se integran con otros objetos: sobre bandejas, junto a libros o cerca de una planta, siempre cuidando que haya suficiente espacio alrededor. En el baño, un grupo de velas pequeñas cerca de la bañera o del espejo genera un efecto spa sin esfuerzo. En el living, colocarlas en esquinas o repisas bajas ayuda a distribuir la luz sin deslumbrar.
Además del aroma, el diseño del envase puede aportar mucho al estilo general de la casa. Las velas en frascos de vidrio transparente dan un aire moderno y minimalista, mientras que las de cerámica o cemento se integran bien a ambientes más rústicos o naturales. Y si querés un toque más sofisticado, optá por bases metálicas o candelabros de cristal.
Un error común es mantener las velas encendidas durante horas. Lo ideal es prenderlas solo entre 1 y 2 horas por día: suficiente para perfumar sin saturar el ambiente. Además, ayuda a que duren más y que el aroma se mantenga equilibrado.
Por último, no olvides los pequeños detalles: recortar la mecha antes de cada uso, mantenerlas lejos de corrientes de aire y apagarlas con tapa o apagavelas en lugar de soplarlas para evitar el humo negro.
Un tip extra: si querés que tu casa huela bien incluso sin prender las velas, probá dejar una en cada ambiente destapada. Su fragancia se dispersará suavemente y, combinada con una decoración cuidada, vas a lograr ese equilibrio perfecto entre estilo y bienestar que hace que un hogar se sienta realmente acogedor.
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