Nada rejuvenece más que una buena noche de sueño. Mientras dormimos, el cuerpo entra en un proceso de regeneración celular, la piel se oxigena y los tejidos se reparan. Por eso, dormir mal no solo afecta el humor y la concentración: también se refleja en el rostro con ojeras, hinchazón y piel opaca. La buena noticia es que con algunos hábitos sencillos se puede mejorar la calidad del descanso y despertar con buena cara, sin depender de milagros cosméticos.
El primer paso es establecer una rutina nocturna. Acostarse y levantarse a la misma hora todos los días ayuda a regular el reloj biológico y mejora la calidad del sueño. Evitar las pantallas al menos media hora antes de dormir es clave: la luz azul de celulares y televisores inhibe la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño. En su lugar, se puede optar por leer un libro, escuchar música suave o practicar respiraciones profundas.
La habitación también cumple un papel importante. Lo ideal es que esté oscura, ventilada y a una temperatura entre 18 y 22 grados. Rociar la almohada con unas gotas de aceite esencial de lavanda o manzanilla ayuda a relajar el sistema nervioso y crear una atmósfera propicia para el descanso.
Desde el punto de vista estético, la noche es el mejor momento para cuidar la piel. Una rutina facial nocturna básica incluye limpieza, hidratación y nutrición. Quitar el maquillaje y las impurezas acumuladas durante el día permite que la piel respire y se regenere mejor. Luego, aplicar una crema o sérum con ácido hialurónico, retinol o niacinamida potencia el proceso de reparación natural.
Dormir boca arriba también ayuda: evita el contacto prolongado del rostro con la almohada y reduce la formación de líneas de expresión. En el caso de las personas que duermen de lado, usar una funda de seda o satén puede minimizar la fricción y prevenir el frizz en el cabello.
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Otro consejo útil es mantener una buena hidratación antes de dormir (sin excesos, para no interrumpir el sueño) y reducir el consumo de cafeína o alcohol por la tarde. Una infusión tibia de hierbas —como tilo o melisa— puede ser un excelente ritual previo al descanso.
Finalmente, la calidad del descanso emocional también se refleja en la piel. Practicar gratitud o meditación unos minutos antes de acostarse ayuda a liberar tensiones y a dormir más profundamente.
Dormir bien no es solo cuestión de horas, sino de calidad. Con una rutina de descanso consciente y algunos cuidados nocturnos, el cuerpo y la mente se sincronizan para despertar renovados. Porque la verdadera belleza empieza en el sueño: el más natural de todos los tratamientos.
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