En el corazón de Tokio, entre luces de neón y el bullicio de los turistas, se encuentra uno de los locales más codiciados por quienes visitan el país asiático.
Eugenia "la China" Suárez y Mauro Icardi, quienes fueron vistos caminando bajo la lluvia por la zona céntrica, ingresaron en el día de ayer con toda la emoción a la popular sucursal de Harajuku de la cadena Mipig Café, el primer establecimiento de Japón dedicado exclusivamente a la interacción con cerdos miniatura o micro-pigs.
Para los curiosos y viajeros, el local está ubicado estratégicamente en Jingumae 1-15-4 (edificio Barbizon 76, en la planta baja), en el barrio de Shibuya-ku.
Se encuentra a escasos metros de la famosa peatonal Takeshita Street, el núcleo absoluto de la moda juvenil y la cultura pop japonesa, y a tan solo unos pasos de la estación JR Harajuku. Es un punto de paso casi obligado para el turismo, lo que explica por qué la pareja argentina fue reconocida tan fácilmente por otros hispanohablantes.

Cómo es la experiencia: sentados en el piso y con mantas
Entrar a Mipig Café no es algo que se pueda improvisar. El local exige una estricta reserva online que los turistas suelen sacar hasta con 60 días de anticipación debido a la altísima demanda.
El concepto del lugar está inspirado en el cuento de "Los Tres Chanchitos", por lo que la decoración simula el interior de una cabaña de madera.
Una vez adentro, la dinámica es muy particular: no hay sillas convencionales. Todos los visitantes deben descalzarse y sentarse en el piso alfombrado o en pequeños almohadones alrededor de mesas bajas.

Los empleados entregan una manta para poner sobre las piernas y la regla de oro es esperar. Los microcerdos son animales extremadamente sociables y curiosos por naturaleza, por lo que, a los pocos minutos, comienzan a treparse voluntariamente sobre el regazo de los clientes para buscar calor y tomar una siesta.


Cuánto cuesta y las estrictas reglas sanitarias
La estadía se cobra por tiempo. La tarifa base arranca en los 1.100 yenes (unos 7 dólares) por cada 30 minutos, pero a eso se le debe sumar la consumición obligatoria de una bebida por persona.
En promedio, los turistas que eligen el paquete de una hora (el más popular) terminan gastando alrededor de 3.500 yenes (aproximadamente 22 dólares) para vivir la experiencia completa, que puede incluir platitos de comida especial para alimentar a los animales.

Sin embargo, para aplacar las críticas por la interacción humana, la empresa es tajante con sus políticas de bienestar. Para ingresar hay que cumplir un riguroso protocolo:
- Está terminantemente prohibido levantar a los cerdos a la fuerza o abrazarlos si ellos no quieren. Solo se los puede acariciar cuando ellos se acercan.
- Es obligatorio higienizarse las manos y el calzado al entrar.
- No se puede ingresar si se tienen síntomas de gripe o resfrío, ya que los cerdos pueden contagiarse de enfermedades humanas.
- Tienen prohibida la entrada quienes hayan visitado países con recientes brotes de peste porcina o hayan estado en contacto con otros cerdos en los últimos dos días.
El choque cultural: repudio occidental vs. costumbre oriental
A pesar de estas reglas, el video de la China y Mauro desató la furia de los proteccionistas argentinos, quienes acusaron a la pareja de fomentar el encierro y la explotación animal como método de entretenimiento.
Pero lo que en occidente algunos leen como un acto repudiable, en Japón es la respuesta comercial a un problema inmobiliario crónico.
En grandes ciudades como Tokio, los departamentos son diminutos y los consorcios prohíben rotundamente la tenencia de mascotas. A su vez, los japoneses viven bajo un extremo nivel de estrés y soledad. Por esta razón, los "Animal Cafés" (que incluyen desde gatos y erizos hasta capibaras) se convirtieron en un "refugio terapéutico" donde la gente paga por el cariño animal que no puede tener en sus casas. Una tradición oriental que hoy, gracias a la viralización de los famosos, abrió un fuerte debate internacional.























































