Ver una planta marchita puede generar frustración, especialmente cuando parecía estar creciendo bien. Pero incluso cuando las hojas están caídas o el sustrato luce agotado, muchas plantas pueden recuperarse con los cuidados adecuados. La clave está en diagnosticar el problema y actuar rápido, sin caer en el error de regar de más o aplicar soluciones improvisadas.
El primer paso es observar el suelo. Muchas plantas se marchitan por falta de agua, pero otras lo hacen por exceso. Si la tierra está muy seca y se separa de las paredes de la maceta, probablemente necesite hidratación urgente. En ese caso, conviene colocar la maceta dentro de un recipiente con agua durante 20 a 30 minutos para que el sustrato se rehidrate desde abajo. Este método es más efectivo que regar por arriba cuando la tierra está dura o hidrofóbica.
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Si, por el contrario, el sustrato está húmedo y la planta igual se ve decaída, el problema puede ser exceso de riego o falta de drenaje. Las raíces se asfixian cuando hay demasiada agua, y eso provoca hojas amarillas y tallos blandos. En este caso, lo recomendable es dejar secar completamente la tierra antes de volver a regar y, si es necesario, cambiar la planta a un sustrato nuevo, más aireado. Agregar perlita o corteza mejora mucho la circulación de aire.
La luz también influye. Muchas plantas de interior se marchitan cuando pasan días en espacios oscuros. Moverlas cerca de una ventana luminosa —sin sol directo si son de sombra— suele producir una mejora visible en pocas horas. Por el contrario, si están expuestas a demasiado sol, las hojas pueden quemarse y la planta perder vigor. Identificar la necesidad lumínica de cada especie es fundamental para no desgastarla.
Otro truco valioso es revisar las raíces. Si asoman por los agujeros de drenaje o si la planta se ve “apretada”, quizás necesite un trasplante a una maceta apenas más grande. En cambio, si las raíces están oscuras, blandas o huelen mal, puede haber pudrición; en ese caso, es necesario podar las partes dañadas y replantar solo lo que esté sano.
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La poda inteligente es otra gran aliada. Retirar hojas secas, flores marchitas y tallos dañados ayuda a que la planta concentre su energía en recuperarse. Es importante usar tijeras limpias y cortar en diagonal para favorecer la regeneración.
Para darle un empujón final, se pueden aplicar fertilizantes suaves, como abonos orgánicos diluidos. Evitá usar fertilizantes químicos fuertes cuando la planta está débil, porque pueden estresarla aún más.
Finalmente, la paciencia es clave. La mayoría de las plantas muestra signos de recuperación entre siete y quince días después de corregir el problema. Mantener una rutina de riego moderada, buena ventilación y luz adecuada es suficiente para que vuelva a crecer.
Revivir una planta marchita no es cuestión de suerte, sino de observación. Y pocas cosas son tan satisfactorias como verla recuperar su color y vitalidad después de darte una segunda oportunidad.
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