Apenas a dos horas en auto desde la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra un destino pequeño, sereno y delicioso: Berdier, un pueblo de apenas 200 habitantes que cada año se transforma en el escenario de una de las celebraciones más dulces del calendario bonaerense: la Fiesta de la Tortita Negra.
Ubicado dentro del partido de Salto, Berdier nació en 1910 gracias a la donación de tierras de las hermanas Hortensia y Corina Berdier. Como muchas localidades rurales argentinas, se desarrolló alrededor del tren, cuya estación —inaugurada en 1911— conectaba al pueblo con las principales ciudades de la provincia. Sin embargo, con el cierre del ramal ferroviario, el pueblo entró en una etapa de retracción que duró décadas.
Hoy, Berdier resurge con el empuje del turismo de cercanía y el valor de sus fiestas populares, entre las que se destaca la de la tortita negra. Esta factura clásica, con masa esponjosa y cubierta crocante de azúcar negra, se convierte en protagonista absoluta durante el festejo. Los visitantes pueden degustar versiones caseras, participar de talleres dictados por vecinos y presenciar la competencia que elige la “mejor tortita negra del año”.

Pero la experiencia va más allá del plato. Durante la fiesta, se respira un aire festivo donde la tradición panadera, el encuentro comunitario y el orgullo local se entrelazan. Los vecinos abren sus casas, se arman ferias, hay espectáculos y se recupera ese espíritu de pueblo que muchos buscan al salir de la ciudad.
Para llegar desde CABA, el trayecto más directo es tomar el Acceso Oeste, seguir por la Ruta Nacional 7 hasta el partido de Salto, y desde allí tomar un camino vecinal hasta Berdier. El viaje dura unas dos horas. También es posible viajar en micro hasta Salto y luego tomar un remis o transporte local.

Además de la fiesta, Berdier ofrece postales rurales que invitan a detenerse: su antigua estación de tren, hoy inactiva, es uno de los íconos fotográficos del lugar. Las calles tranquilas, las casas bajas y el paisaje campestre completan la experiencia de esta escapada perfecta para un fin de semana distinto.
Con una identidad forjada entre rieles, trigo y azúcar negra, Berdier encontró en sus raíces la forma de proyectarse hacia el futuro. Y cada tortita, crocante y tibia, cuenta parte de esa historia.
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