El pueblo bonaerense con tan solo 2000 habitantes que es ideal para una escapada – GENTE Online
 

El pueblo bonaerense con tan solo 2000 habitantes que es ideal para una escapada

Historia ferroviaria, casonas antiguas y espíritu de campo convierten a este destino en una opción perfecta para desconectar cerca de la ciudad.
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A solo 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, existe un pueblo donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Solís, con poco más de 2.000 habitantes, se consolidó como una de esas escapadas ideales para quienes buscan tranquilidad, aire de campo y una dosis de historia ferroviaria.

El origen del pueblo está íntimamente ligado al tren. En 1894 se inauguró la estación Solís del Ferrocarril Central Argentino, un hecho que impulsó el crecimiento de la zona y atrajo a trabajadores rurales. A comienzos del siglo XX, el clásico almacén de ramos generales se convirtió en el centro de abastecimiento y encuentro de la comunidad, marcando el pulso de la vida cotidiana. Con el tiempo, ese núcleo dio forma al pueblo que hoy conserva ese espíritu sencillo y hospitalario.

Calles tranquilas, casas antiguas y ritmo de pueblo definen el encanto de este destino rural.

Uno de los puntos más concurridos es la Plaza Independencia, la plaza central del pueblo. Con juegos para chicos, bancos a la sombra y un clima relajado, es el lugar elegido para pasar la tarde, tomar mate y observar la vida del pueblo sin apuro. A pocos metros, la calle principal concentra comercios, puestos y pequeños locales donde se consiguen productos regionales y recuerdos de la visita.

Otro de los grandes encantos de Solís son sus casonas antiguas, muchas de ellas restauradas por dentro pero conservando sus fachadas originales. Estas construcciones le dan al pueblo una estética particular y, en algunos casos, funcionan como alojamientos que combinan historia y comodidad, ideales para pasar una noche o un fin de semana completo.

La plaza central es el punto de encuentro para vecinos y visitantes, ideal para una pausa al aire libre.

La gastronomía también tiene su protagonismo. Sobre la ruta y en los alrededores del pueblo, varias parrillas se transformaron en paradas obligadas para quienes buscan un buen asado, carnes a la parrilla y platos bien de campo. Son el complemento perfecto para una escapada sin demasiada planificación, donde el plan principal es comer bien y relajarse.

Para quienes quieren sumar una experiencia más completa, una de las propuestas más elegidas es la Estancia Don Pedro, ubicada sobre la Ruta 8. Allí se puede disfrutar de un clásico día de campo o incluso alojarse en sus suites. La estancia cuenta con lago artificial, isla, parque con frutales, granja de animales, espacios de juegos, plaza para chicos y cancha de fútbol 5, convirtiéndose en una opción ideal tanto para parejas como para familias.

Atendida por sus propios dueños, la estancia ofrece un clima cálido y distendido que refuerza la sensación de estar en un verdadero refugio rural. Sumada a la tranquilidad del pueblo, completa una experiencia pensada para bajar el ritmo y reconectar con lo simple.



 
 

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