El restaurante de Belgrano construido alrededor de dos árboles centenarios: 900 metros cuadrados de jardín sobre avenida Libertador – GENTE Online
 

El restaurante de Belgrano construido alrededor de dos árboles centenarios: 900 metros cuadrados de jardín sobre avenida Libertador

El restaurante de Belgrano construido alrededor de dos árboles centenarios-900 metros cuadrados de jardín sobre avenida Libertador
Un chef que pasó por Vico y Bagatelle decidió que los árboles eran condición innegociable de diseño. El resultado es un oasis en plena avenida, con jardín de invierno y cocina porteña de autor que rescata el horno de barro y la parrilla de roldanas.
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La primera decisión fue no tocar los árboles. Los dos ejemplares centenarios que habitan el predio de Libertador 6327 fueron condición de diseño antes que dato decorativo: el jardín se construyó alrededor de ellos, no a pesar de ellos. Esa decisión –que en el mundo de la gastronomía porteña, donde los espacios se optimizan para maximizar cubiertos, tiene algo de rareza– resume bastante bien la lógica de este lugar, que en pocas semanas desde su apertura –en enero de 2025– se convirtió en uno de los destinos más comentado de Belgrano. Nos referimos a Aire Libre

El predio ocupa 900 metros cuadrados y se trata de un jardín con árboles de copa ancha que generan sombra real, con un sistema de refrigeración y calefacción que hace que el plan funcione igual en enero que en julio, con paredes vidriadas que replican la lógica de un jardín de invierno y permiten ver los árboles desde adentro cuando llueve.

La vista desde el segundo nivel revela el detalle más notable del diseño: los bancos corridos de hormigón en forma de óvalo que organizan el patio sin dividirlo.

El espacio interior también tiene plantas por doquier, madera maciza en los detalles, una cocina a la vista donde se puede seguir el trabajo de la parrilla y un segundo nivel para quienes prefieren más privacidad o una mesa con distancia del movimiento central.

El jamón crudo, la burrata con tomate, la tortilla al corte y la focaccia con queso no son entradas clásicas sino piezas de un menú que cada mesa arma a su manera.

Con el sello del chef Julián del Pino

Julián del Pino se formó en Vico –la cantina italiana de Palermo que durante años fue la referencia de la cocina de producto en Buenos Aires– y en Bagatelle, el restaurante franco-mediterráneo de Puerto Madero. Dos cocinas distintas que comparten una misma obsesión: la técnica al servicio del ingrediente. Esa formación se nota en la carta de Aire Libre, que propone una cocina porteña con decisiones que no se ven a primera vista pero se sienten en cada plato.

Las clásicas milanesas con puré conviven con platos más gourmet.

Las empanadas se preparan en el horno de barro. Las carnes pasan por la parrilla de roldanas, que permite un control de temperatura y distancia del fuego mucho más preciso que la parrilla fija. Y la trucha llega curada, con papas al natural. La carta de raciones –entre tapa y plato principal– invita a armar el menú a medida, que es otra forma de decir que está pensada para que la mesa comparta y pruebe más cosas.

El bife con manteca de hierbas es uno de los platos más pedidos de la carta. Se cocina en la parrilla de roldanas –una técnica que permite controlar con precisión la distancia entre la carne y el fuego–, lo que explica esa costra pareja y el interior que mantiene los jugos.

La carta también tiene más recorrido del que sugiere el nombre. Del Pino, cuya convicción es cocinar "lo que uno comía en casa, siempre apelando a la simpleza y a los sabores de hogar", amplió la propuesta de raciones con platos principales que incluyen cordero patagónico braseado con gnocchi de queso, pesca del día con salteado de repollo y yogur griego, y pastel de papas de hongos grillados. El menú empieza diciendo, literalmente: "No hay instrucciones para leer la carta. Sos libre".

La frase que corona la cocina abierta al patio lo dice todo: "Libres, como el aire". Y la carta lo sostiene con un aviso al inicio del menú que dice literalmente: "No hay instrucciones para leer la carta. Sos libre".

Un jardín de invierno que también funciona en verano: la ingeniería invisible del espacio

Uno de los problemas clásicos de los espacios al aire libre en Buenos Aires es la estacionalidad: el proyecto que en noviembre genera colas en la puerta, en junio está casi vacío. Aire Libre resolvió esa cuestión de un modo que no se nota porque funciona. El sistema de refrigeración y calefacción del jardín exterior mantiene el espacio a temperatura habitable en cualquier mes del año.

El salón interior fue diseñado por el estudio Hitzig Militello de tal manera que los árboles del patio son parte de la decoración sin importar el clima.

Hay un detalle que los habitués señalan casi sin falta y que desde afuera es imposible de anticipar: uno de los dos árboles centenarios no quedó en el jardín. Creció tanto que atravesó la losa y su copa emerge directamente sobre la cocina, visible a cielo abierto desde adentro. Es un dato de diseño que resume la filosofía del lugar mejor que cualquier declaración: la naturaleza no se acomodó al espacio, el espacio se acomodó a la naturaleza.

El diseño del interior estuvo a cargo del estudio Hitzig Militello, responsable de un sistema de riego por goteo cronometrado y luces sincronizadas que mantiene cada especie –hay plantas en distintos niveles y alturas por todo el salón– en su punto óptimo según la estación.

Las mesas son de terrazo –un guiño a la arquitectura porteña de los años 40– y las sillas verdes de hierro replican la estética de los jardines públicos europeos.

El interior con paredes vidriadas fue diseñado para que la transición entre adentro y afuera sea gradual. Desde la mesa más interior se ven los árboles. Desde el jardín se ve la cocina. El segundo nivel tiene una perspectiva distinta: más calma, más distancia del movimiento, ideal para almuerzos de trabajo o cenas con sobremesa garantizada. La capacidad total es de 220 cubiertos.

El estacionamiento gratuito en Blanco Encalada 1458, a media cuadra del acceso principal, resuelve uno de los problemas habituales de los restaurantes sobre Libertador. Detalle que los habitués ya anotaron.

Los árboles centenarios se preservaron como condición innegociable de diseño y emergen entre las mesas.

El perfil de la propuesta también ayuda: no es un restaurante de autor con menú cerrado y precio de alta gama, ni tampoco un bodegón informal. Es un punto intermedio que en Buenos Aires cuesta más encontrar de lo que debería: cocina con técnica, espacio con diseño, precio que permite ir sin que sea una ocasión especial. Esa combinación, en un jardín con árboles centenarios sobre una de las avenidas más transitadas de la ciudad, cerró el círculo.



 
 

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