En verano, la limpieza del hogar se vuelve un desafío distinto. El calor, la humedad y la falta de ventilación adecuada pueden hacer que la casa huela mal incluso después de haber limpiado. Muchas veces el problema no está en la frecuencia, sino en ciertos errores comunes que, sin saberlo, empeoran el ambiente y favorecen la aparición de humedad.
Uno de los fallos más habituales es limpiar con demasiada agua, especialmente pisos, trapos y superficies textiles. En épocas de altas temperaturas, el exceso de humedad tarda más en evaporarse y se impregna en ambientes cerrados, alfombras o juntas. Esto no solo genera olor a encierro, sino que también favorece la aparición de hongos y moho, sobre todo en baños, cocinas y lavaderos.
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Otro error frecuente es cerrar la casa inmediatamente después de limpiar. Muchas personas barren, pasan el trapo y cierran puertas y ventanas para “conservar el fresco”, pero eso impide que la humedad se disipe. En verano, ventilar es clave, incluso si el aire es cálido: el movimiento del aire ayuda a secar superficies y evita que los olores queden atrapados.
El uso excesivo de productos perfumados también puede jugar en contra. Mezclar limpiadores, desinfectantes y aromatizantes no elimina el mal olor: solo lo tapa temporalmente. Con el calor, esas fragancias intensas se vuelven más pesadas y, combinadas con humedad, pueden generar un aroma desagradable y persistente. En muchos casos, menos producto y mejor ventilación dan mejores resultados.
Las superficies textiles suelen ser grandes responsables del mal olor en verano. Alfombras, cortinas, repasadores y trapos húmedos acumulan bacterias si no se secan correctamente. Dejar un trapo mojado dentro del balde o una alfombra sin aireación suficiente es una invitación al olor a humedad. Lo ideal es lavar estos elementos con regularidad y asegurarse de que se sequen por completo al sol o en un ambiente bien ventilado.
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Otro punto crítico es el baño y la cocina. No secar bien las superficies después de limpiar, especialmente en zonas con poca luz natural, hace que la humedad se mantenga por horas. Pasar un trapo seco luego de la limpieza húmeda puede marcar una gran diferencia y ayudar a mantener el ambiente más fresco.
Finalmente, un error muy común es descuidar los desagües y rejillas. En verano, los olores se intensifican y cualquier acumulación en cañerías se nota más. Limpiarlos periódicamente con métodos simples —como agua caliente y vinagre— ayuda a prevenir olores que luego se expanden por toda la casa.
Evitar estos errores no requiere más tiempo ni productos caros. Cambiar pequeños hábitos de limpieza puede mejorar notablemente el aroma del hogar, reducir la humedad y hacer que la casa se sienta realmente limpia, incluso en los días más calurosos del verano.
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