El 19 de febrero de 2026 quedará marcado para siempre en la historia británica como el día en que el aura de invulnerabilidad de la familia real se desmoronó por completo. La sombra de Jeffrey Epstein finalmente alcanzó al hijo favorito de la reina Isabell II, el expríncipe Andrés.
Su vínculo con el pederasta y con Ghislaine Maxwell (64), quienes incluso se han llegado a instalar en la casa de veraneo de la soberana, primero lo llevó a ser investigado por la justicia por la denuncia de Virginia Giuffre por abuso –hecho que marcó su reputación para siempre, acuerdos judiciales mediante– y más tarde lo eyectó del seno de la corona británica.

En una coincidencia casi cinematográfica, el expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor fue detenido el mismo día de su 66º cumpleaños, bajo la grave sospecha de "mala conducta en un cargo público".
La detención, realizada por la Policía del Valle del Támesis, responde a una exhaustiva evaluación de los Archivos Epstein, que han colocado nuevamente al hermano del rey Carlos III en el foco de una polémica legal y ética.

El epicentro de esta nueva fase judicial reside en el rol que Andrés desempeñó como enviado comercial del Reino Unido entre los años 2001 y 2011. Durante esa década, según las investigaciones actuales, el entonces Duque de York habría abusado de su posición institucional para compartir información estatal sensible y confidencial con el financista y delincuente sexual Jeffrey Epstein.

Los correos electrónicos: la "ruta del dinero", los secretos de Estado y el informe confidencial
Lo que comenzó como un rumor sobre amistades peligrosas devino en una investigación criminal con evidencia contundente. La Policía Británica se encuentra examinando meticulosamente una serie de correos electrónicos y documentos que se filtraron tras la apertura de nuevas líneas de investigación en el caso Epstein.
Estos archivos, algunos de los cuales fueron publicados inicialmente por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, muestran una faceta desconocida y peligrosa de la relación entre el príncipe y el magnate.

Entre las pruebas más incriminatorias se encuentran correos donde Andrés habría enviado a Epstein informes detallados de sus visitas oficiales a destinos estratégicos como Hong Kong, Vietnam y Singapur.
Pero el dato más fuerte, que generó una conmoción sin precedentes, es el envío de un informe confidencial sobre oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia de Helmand, en Afganistán, realizado nada menos que en la víspera de Navidad de 2010.
Recordemos que el príncipe Andrés había asegurado en una entrevista en 2019 que había roto toda su relación con Epstein a principios de diciembre de ese año.
Este intercambio de información estratégica de defensa y economía con un civil con antecedentes penales es lo que sustenta el cargo de mala conducta pública que hoy lo mantiene bajo custodia.

Según la investigación, también se detectaron casi 90 vuelos vinculados a Epstein que operaron en aeropuertos del Reino Unido, algunos de los cuales transportaban a mujeres británicas que aseguran haber sido víctimas de abusos en esta red transatlántica.
Además de quitarle los títulos, el año pasado el rey Carlos III le ordenó mudarse de su casa en el Castillo de Windsor a una residencia en la finca real de Sandringham.
El fantasma de Virginia Giuffre y las víctimas de la red
Aunque el arresto actual se centra en la mala conducta oficial, el trasfondo de abusos sexuales sigue siendo la columna vertebral del escándalo que enfrenta el expríncipe. En un libro póstumo, Virginia Giuffre, una de las víctimas más visibles de la red de trata de Epstein, dejó testimonio de que Andrés abusó de ella en tres ocasiones cuando tenía 17 años.
Giuffre, quien se quitó la vida en abril de 2025, sostuvo hasta el final que fue entregada al miembro de la realeza por el propio Epstein cuando ella era aún menor de edad. "Tenía que hacerle lo mismo que a Epstein", dijo Giuffre en su libro póstumo (La chica de nadie: memorias de supervivencia ante abusos y de lucha por la justicia) quien se consideró nada menos que una "esclava sexual".

Un allanamiento en el corazón de Windsor y el silencio de la Corona
El operativo policial no se limitó a la detención del expríncipe. Detectives de la policía local allanaron la Royal Lodge, la residencia donde Andrés vivía hasta hace poco tiempo, en busca de material adicional que pueda sustentar las acusaciones de filtración de datos sensibles.
El subjefe de policía Oliver Wright fue enfático al declarar que se busca "proteger la integridad y objetividad de la investigación" en un caso que genera un interés público masivo.
La reacción política tampoco se hizo esperar. El primer ministro británico, Keir Starmer, fue tajante al declarar que "nadie está por encima de la ley" y que el expríncipe tiene el deber de colaborar plenamente con las autoridades sobre sus vínculos con el financista fallecido.
La sospecha de que un miembro de la familia Windsor pudo haber actuado como un informante informal de Jeffrey Epstein, entregando datos de inteligencia económica y gubernamental, transformó una historia de abusos en un problema de seguridad de Estado.

