En la Ciudad de Buenos Aires aún quedan rincones capaces de sorprender incluso a los exploradores urbanos más curiosos. Lejos del circuito gastronómico habitual de Palermo o San Telmo, y adentrándose hacia el oeste por la avenida Rivadavia, en el barrio de Floresta existe un espacio que combina historia, arquitectura y una propuesta culinaria pensada para disfrutar sin apuro: un café y restaurante escondido dentro de una casona centenaria rodeada de verde.
Se trata de Casa Bogotá, un lugar que reabrió sus puertas tras una cuidadosa restauración y que hoy se presenta como un verdadero “tesoro oculto”.

Ubicado frente a la Plaza Vélez Sarsfield, con calles de empedrado que aportan mística de época, el proyecto gastronómico recupera una propiedad patrimonial de principios del siglo XX y la transforma en un destino gastronómico que invita a viajar en el tiempo mientras se toma café, se comparte un brunch o se disfruta de una comida en su jardín.
Una casona centenaria convertida en experiencia gastronómica
El edificio donde funciona Casa Bogotá fue construido en 1914 y originalmente perteneció a la familia Saralegui. La propiedad, diseñada por el arquitecto José J. Barboni, discípulo del reconocido Virginio Colombo, responde al estilo Art Nouveau, muy presente en algunas residencias elegantes de la Buenos Aires de comienzos del siglo pasado.

Quienes cruzan su puerta se encuentran con un interior que conserva muchos de sus detalles originales: techos altos, vitrales, empapelados antiguos y pisos de parquet, elementos que permiten imaginar cómo era la vida en aquellas casas señoriales porteñas. También se destaca una imponente escalera de roble y varios sectores decorados con objetos que evocan la Belle Époque.


El espacio funciona hoy como un café y restaurante que prioriza la experiencia: cada ambiente invita a detenerse, recorrer y descubrir los detalles de una arquitectura que sobrevivió más de un siglo.
El jardín escondido que se volvió protagonista
Aunque el interior de la casona es impactante, el verdadero secreto de Casa Bogotá está en su parte trasera. Allí aparece un gran jardín gastronómico, un pulmón verde que durante muchos años permaneció oculto para la mayoría de los vecinos.
Entre plantas exóticas, árboles y rincones con mesas al aire libre, el lugar se convierte en un refugio inesperado dentro de la ciudad. Uno de los detalles más llamativos es una antigua bañera transformada en estanque en la que crecen plantas acuáticas que refuerzan la sensación de encontrarse en un pequeño oasis urbano.

Este espacio verde es el corazón de la propuesta: durante el día se presta para desayunos o meriendas tranquilas, mientras que por la tarde y la noche se transforma en un escenario ideal para encuentros gastronómicos más relajados.
Los destacados del menú y sus precios

Dentro de su propuesta culinaria, uno de los grandes protagonistas es el brunch de diez pasos, pensado como una experiencia para recorrer distintos sabores en una misma visita. La idea es que los comensales puedan probar desde opciones dulces hasta platos salados en un formato degustación.
La cocina apuesta a una mirada contemporánea sobre sabores clásicos, con preparaciones caseras y una estética cuidada que acompaña el carácter elegante de la casona.
- Medialuna con jamón y queso: $4.500.
- Tostadas con manteca y dulce de leche (o queso crema y mermelada): $4.500.
- Cuadrados dulces: $7.500.
- Frutas de estación: $7.500.
- Yogurt natural con frutas y granola: $7.500.
- Pancakes con frutos rojos y crema: $7.500.
- French toast con Nutella: $7.500.
- Crostón de tomate rallado con jamón crudo y bocconcino: $7.500.
- Tostado en brioche o pan de pizza: $7.500.
- Huevos revueltos: $7.500.
- Huevos nube alla carbonara: $7.500.
- Mbeyú (jamón y queso, vegetales grillados y mozzarella): $10.000.
- Croque Madame / Croque Monsieur: $10.000.
- Avocado toast: $10.000.
- Omelette al gusto: $10.000.
- Tortas y petit gâteau de la pastelera: $10.000.
Un secreto bien guardado del oeste porteño
El crecimiento de proyectos gastronómicos fuera de los barrios más turísticos demuestra que Buenos Aires todavía guarda sorpresas en sus zonas menos transitadas. En ese contexto, esta esquina se terminó consolidando como un punto de encuentro del barrio.

Con su mezcla de arquitectura histórica, jardín escondido y propuesta gastronómica de autor, este café oculto de Floresta ofrece algo cada vez más valorado en la vida urbana: un espacio para bajar el ritmo y disfrutar de una experiencia distinta sin salir de la ciudad.