Con el inicio de una nueva temporada en Punta del Este, el mapa de los lugares elegidos para ver y dejarse ver vuelve a reconfigurarse. En los últimos veranos, la tendencia se alejó de los paradores estrictamente diurnos o de los boliches nocturnos, para dar lugar a espacios híbridos, pensados para acompañar el día completo: desde almuerzos frente al mar hasta atardeceres que se estiran sin apuro y encuentros nocturnos más íntimos.
En La Barra, uno de los puntos que mejor refleja este cambio es Casablanca, un beach house que se integra de forma orgánica al paisaje y al ritmo relajado de la zona. Ubicado sobre una de las playas más amplias del Este, el espacio funciona como lugar de cruce entre turistas, residentes y figuras conocidas que llegan a la costa uruguaya en busca de planes más descontracturados.

La propuesta acompaña distintos momentos del día sin forzar la escena. Durante el mediodía, el clima invita a almuerzos largos y sin horarios rígidos; por la tarde, el foco se corre hacia el encuentro y la música, mientras el atardecer se transforma en uno de los rituales más convocantes del verano. Ya entrada la noche, el espacio muta sin perder su identidad, apostando a reuniones sociales más relajadas.
La gastronomía también responde a esa lógica. Con productos frescos de la región como base, la carta dialoga entre la tradición uruguaya y una impronta italiana simple, sumando parrilla, pizzas, sushi y platos de autor vinculados a la cocina atlántica. A lo largo de la temporada, la propuesta se amplía con chefs invitados, brunches y colaboraciones que renuevan la experiencia sin alterar el espíritu del lugar.

La música ocupa un rol central en esta dinámica. DJs residentes y artistas invitados acompañan los distintos momentos del día, con una curaduría pensada para potenciar el clima social sin imponerse, en sintonía con el pulso propio de La Barra.
Así, en un verano donde el lujo se redefine y la consigna pasa por habitar los espacios más que consumirlos, este tipo de propuestas se consolida como parte del nuevo ADN del Este: lugares donde el tiempo se estira, el paisaje manda y el encuentro vuelve a ser el verdadero protagonista.

