En los meses de altas temperaturas, el cuerpo suele pedir bebidas frescas que hidraten sin caer en excesos de azúcar o productos ultraprocesados. En ese contexto, el kéfir se posiciona como una de las opciones más elegidas: es natural, liviano, fácil de preparar y aporta beneficios que van mucho más allá de calmar la sed.
El kéfir es una bebida fermentada rica en probióticos, microorganismos beneficiosos para la salud intestinal. Puede hacerse a base de agua o de leche, aunque en verano el kéfir de agua suele ganar protagonismo por ser más liviano y refrescante. Consumido con regularidad, ayuda a mejorar la digestión y fortalecer el sistema inmunológico, algo clave en épocas de cambios de rutina y alimentación.
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Uno de los grandes atractivos del kéfir es que no requiere equipamiento especial ni conocimientos avanzados. Solo se necesitan los nódulos (también llamados granos de kéfir), agua potable, azúcar y un frasco de vidrio. A diferencia de otras bebidas fermentadas, su preparación es rápida y se adapta fácilmente al ritmo diario.
Para prepararlo en casa, se colocan los nódulos en un frasco con agua y una pequeña cantidad de azúcar, que funciona como alimento para la fermentación. Se tapa con una tela o tapa floja y se deja reposar entre 24 y 48 horas a temperatura ambiente. Cuanto más calor hace, más rápido fermenta, por lo que en verano conviene controlar los tiempos para que no quede demasiado ácido.
Una vez listo, se cuela el líquido y los nódulos se reutilizan para la próxima preparación. El kéfir puede tomarse solo o saborizarse con rodajas de limón, naranja, jengibre o hierbas frescas. Esta versatilidad lo convierte en una bebida ideal para variar sabores sin perder sus propiedades.
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Además de ser refrescante, el kéfir tiene un impacto positivo en el bienestar general. Ayuda a reducir la hinchazón abdominal, mejora el tránsito intestinal y puede colaborar con la absorción de nutrientes. En días de mucho calor, cuando la digestión suele volverse más pesada, resulta una alternativa liviana y funcional.
Un punto importante es mantener una correcta higiene en el proceso: usar recipientes limpios, evitar utensilios metálicos para los nódulos y conservar el kéfir en la heladera una vez filtrado. Así, se garantiza una bebida segura, sabrosa y lista para consumir durante varios días.
Natural, económica y fácil de incorporar a la rutina, el kéfir se consolida como una de las bebidas fermentadas más recomendadas del verano. Prepararlo en casa no solo es simple, sino que permite disfrutar de una opción saludable y refrescante sin depender de productos industriales.
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