Cuando Máxima Zorreguieta (54) debutó en la escena europea a comienzos de los 2000, su estilo ya hablaba antes que ella. Educada en el rigor financiero de Wall Street y moldeada por la elegancia porteña, su guardarropa fue un manifiesto de identidad. Desde aquel inolvidable vestido azul Klein de Jan Taminiau que lució en su investidura como reina -una pieza histórica que aún figura en el archivo del Rijksmuseum-, Máxima dejó claro que su visión estética no iba a seguir moldes: pensaba reinventarlos. Dos décadas después, esa audacia cromática y su mix entre piezas de alta costura, moda circular y diseño emergente neerlandés se convirtieron en el ADN visual de sus herederas.

Dresscode reciclado: el traspaso literal del guardarropa de Máxima a Amalia, Alexia y Ariane
Pocas escenas simbolizan mejor la herencia estética que ver a una hija usando un vestido icónico de su madre. En 2021, durante el 18º cumpleaños de la princesa Amalia (21), la heredera al trono lució un vestido verde esmeralda de Claudia Sträter que Máxima había llevado una década antes durante una gala de verano en La Haya. La prensa local no tardó en subrayar el gesto: la reina no sólo comparte estilo, también legado. Y la cosa no queda ahí: el llamado "vestido verde de las reinas" también fue lucido por la reina Beatriz durante una visita de Estado a Bélgica en 1981, 44 años atrás.

La princesa Alexia de Holanda (20) también hizo gala del closet heredado. En más de una ocasión volvió a poner en escena piezas de archivo de su madre, reafirmando su guiño a la moda circular. En el Día del Príncipe 2024, por ejemplo, rescató un vestido que la reina había estrenado dos décadas atrás, y lo hizo brillar como si fuera nuevo.

Colorimetría compartida: el lenguaje emocional del color
Máxima siempre entendió que el color comunica y que, a su entender, mejor "muerta que sencilla". Además de sus despampanantes pamelas -sello característico de su "yo soy" royal-, su "extravagancia cercana" también se gana un lugar con su apuesta al color, sus combinaciones shocking y su atildada confianza a la hora de vestir. Desde sus tonos cítricos de Taminiau hasta los fucsias plenos de Claes Iversen, su estilo se reconoce por una saturación optimista, casi pictórica.

Amalia heredó esa inclinación, pero la dosifica: apuesta por los verdes profundos y los burdeos, tonos asociados "con liderazgo y sobriedad", según los estudios de color de la Universidad pública de investigación de Wageningen, Países Bajos.


Alexia, en cambio, es la rebelde: juega con lilas, aguamarinas y rosas vibrantes. Como la "más argentina" entre las herederas de Máxima le gusta marcar tendencia, aunque apostando al costado vanguardista de su madre. No quedan dudas de se siente más cómoda cuando va un poco más allá de lo convencional. Como cuando lució el siguiente (e icónico) diseño de Oscar de la Renta que la reina de los Países Bajos vistiera al menos en cuatro oportunidades.

Por su parte, la princesa Ariane (18) se inclina por la paleta de los beige, los dorados y los neutros satinados, más afines a la elegancia serena de su madre en eventos diplomáticos recientes. Y, por supuesto, también le rinde tributo al color más icónico en la paleta de Máxima: el azul klein. En la edición de este año del Día del Príncipe, el estilismo de la menor de las Orange llegó a "otro nivel de impecable". Si bien las tres hijas de los reyes de Holanda deslumbraron por igual, hubo quienes destacaron especialmente el porte de reina con el que se movió Ariane.

La "Maximización" de Amalia, Alexia y Ariane
Maximalista y glamorosa pero sin perder la frescura, la royal argentina nos tiene acostumbrados a fusionar alta costura con toques fashion inesperados -desde sombreros dramáticos y guantes a colores shocking- y, sin descanso, dar cátedra de estilo en cada aparición pública.

Como toda reina, Máxima depende de un guardarropas (más que exigido) con la versatilidad suficiente como para cubrir todos los terrenos: desde la inauguración de un hospital o una jornada de salud mental con niños, a la sofisticación de Royal Ascot -aunque en el evento de este año pegara faltazo-. Por eso, sus looks sastreros son un verdadero caballito de batalla. Sus hijas lo saben bien y también recurren a las máximas fashion de su mamá.

Hace más de dos años, las herederas de Máxima y el rey Guillermo Alejandro (58) eligieron matchear sus looks y explorar las tendencias sastreras. Mientras Ariane apostó a un pantalón blanco y blazer en príncipe de gales, la heredera al trono optó por un traje verde firmado por Zara -que lució con stilettos-. El calzado cómodo quedó para las menos "exigidas": las hermanas de la futura reina que, sin dudas, son tanto más libres del escrutinio público.
Diseñadores en común: del ADN belga al nuevo lujo neerlandés
La alianza entre Máxima y Edouard Vermeulen, director creativo de Natan, es casi tan longeva como su matrimonio real. Más de un tercio de los looks públicos de la reina provienen de esa casa belga. Hoy, sus hijas retoman ese legado, pero con una lectura más fresca. Máxima también introdujo a sus hijas en el universo de los diseñadores neerlandeses emergentes: Jan Taminiau, Claes Iversen e Iris van Herpen.
Si Máxima representó la diplomacia del color, sus hijas parecen destinadas a representar la diplomacia de la autenticidad. Todo indica que Amalia apostará por diseñadores neerlandeses sostenibles como Ronald van der Kemp; Alexia seguirá explorando el terreno del fashion risk, probablemente con colaboraciones juveniles de Jacquemus o Rotate Birger Christensen; y Ariane consolidará su estilo minimalista influenciado por los talleres de Van Herpen y la estética nórdica.

Este legado estilístico no sólo refuerza la continuidad fashion de la Casa de Orange Nassau, sino que redefine lo que significa ser “reina” en la era digital: una figura que evoluciona y se adapta a los tiempos que corren sin renunciar a su origen.


