A diferencia de los destinos más conocidos —como Punta del Este o José Ignacio— existe un lugar donde la calma todavía manda. Santa Ana, un pequeño balneario rodeado de árboles y con una playa amplia de arena dorada, es el punto perfecto para quienes quieren cambiar el ruido por la serenidad del Río de la Plata.
Su historia le suma encanto: fue fundado en la década del 40 por los hermanos Greissing, descendientes de inmigrantes suizos que transformaron el paisaje plantando miles de árboles donde antes solo había dunas. Gracias a esa intervención, hoy Santa Ana está abrazada por un cinturón verde de eucaliptos, robles, ceibos y araucarias que le da sombra, frescura y un aire casi de refugio privado.

Un pueblo de espíritu clásico frente al río
A solo 20 kilómetros de Colonia del Sacramento, Santa Ana mantiene un estilo apacible que atrae tanto a familias como a parejas. Callecitas de tierra, casitas de veraneo y un silencio profundo que solo interrumpen los pájaros: así se vive aquí.
La playa es extensa, limpia y perfecta para descansar sin apuros. Desde la orilla, en los días despejados, puede verse el contorno lejano de los cerros de Piriápolis. Incluso en plena temporada, el movimiento es moderado: hay espacio de sobra para armar la reposera, leer bajo el sol o simplemente caminar descalzo por la arena.
La protagonista indiscutida del balneario es su playa. Las aguas calmas de Santa Ana permiten nadar sin sobresaltos, descansar con flotadores o animarse a actividades suaves como kayak o paddle surf. Los atardeceres son parte esencial del paisaje: cada tarde, el cielo se tiñe de tonos rosados y verdes que se reflejan sobre el río y regalan un espectáculo inolvidable.

Otro de los grandes atractivos es su bosque costero. Los senderos internos atraviesan pinos, eucaliptos y especies autóctonas donde el aire huele a madera y tierra húmeda. Caminar por estos caminos a la tarde o recorrerlos en bicicleta es una de las experiencias más relajantes del balneario, siempre acompañados por el canto persistente de los pájaros.
La pesca también forma parte del ADN de Santa Ana. La costa del Río de la Plata es un punto elegido por aficionados que llegan durante todo el año en busca de pejerrey, dorado y otras especies. Es el plan perfecto para quienes disfrutan de la calma absoluta y del ritual de pasar la tarde con la caña en mano.
Dónde alojarse en Santa Ana
El balneario ofrece cabañas, posadas y casas de alquiler temporario. Hay opciones con vista al río, hospedajes inmersos en el bosque y viviendas familiares ideales para estadías largas. Conviene reservar con anticipación en verano.
Cómo llegar a Santa Ana, la playa más serena de Uruguay
Desde Montevideo, el trayecto dura alrededor de dos horas por la Ruta 1. Quienes lleguen a Colonia del Sacramento pueden acceder en auto o transporte local: Santa Ana está apenas a 20 minutos.


