La detención de Andrés de Inglaterra volvió a poner a la monarquía británica en el centro de la escena internacional. El hermano de Carlos III fue arrestado en el marco de una investigación por presunta mala conducta en funciones públicas, y el rey fijó postura con un mensaje institucional claro: “La ley debe seguir su curso”.
La declaración fue difundida oficialmente por el Palacio de Buckingham y buscó despejar cualquier duda sobre una eventual intervención de la Corona en el proceso judicial. El comunicado marcó distancia personal y respaldo explícito al sistema de justicia británico.
La reacción del rey Carlos III: el comunicado completo
El comunicado del monarca fue breve y preciso. Carlos III expresó preocupación por la situación, pero dejó claro que el proceso judicial debe desarrollarse sin interferencias. En el sistema constitucional del Reino Unido, el rey no tiene injerencia en decisiones judiciales, ya que los tribunales actúan con independencia del poder ejecutivo y de la Corona.
En su mensaje oficial, Carlos III expresó textualmente: “He recibido con profunda preocupación la noticia sobre Andrew Mountbatten-Windsor y la sospecha de mala conducta en un cargo público. Lo que sigue ahora es el proceso completo, justo y adecuado mediante el cual este asunto se investigará de la manera adecuada y por las autoridades competentes. En esto, como ya he dicho, cuentan con nuestro apoyo y cooperación incondicionales”.
En el mismo comunicado agregó: “Permítanme ser claro: la ley debe seguir su curso. Mientras este proceso continúa, no sería correcto que hiciera más comentarios sobre este asunto. Mientras tanto, mi familia y yo continuaremos cumpliendo con nuestro deber y servicio para con todos ustedes. Charles R”. Con esta declaración, el monarca dejó asentado que no realizará más comentarios públicos mientras avance la investigación.
La frase “la ley debe seguir su curso” fue interpretada como una señal hacia la opinión pública británica y hacia el propio sistema institucional: ningún miembro de la familia real está por encima de la justicia.

Cómo fue la detención del príncipe Andrés
De acuerdo con la información difundida por medios británicos, Andrés fue detenido en su residencia dentro de la finca de Sandringham House, propiedad privada de la familia real en el condado de Norfolk.
El exduque de York ya no ejerce funciones oficiales desde 2019, cuando se apartó de la vida pública tras la controversia por sus vínculos con el financista estadounidense Jeffrey Epstein. En 2022 perdió además sus títulos militares y patronazgos reales, y dejó de utilizar el tratamiento de “Su Alteza Real” en actos oficiales.
En las semanas previas a su arresto había abandonado Royal Lodge, residencia que ocupó durante años en Windsor, para trasladarse a una vivienda más pequeña dentro del mismo predio de Sandringham.
Recordemos que Andrés fue despojado del título de príncipe por el escrutinio público que suscitó su relación con el magnate financiero Jeffrey Epstein y a raíz de las denuncias de abuso que recibió por parte de Virginia Roberts Giuffre.

Qué se investiga exactamente
El eje del caso es una presunta figura legal conocida en el Reino Unido como “misconduct in public office” (mala conducta en cargo público). Se trata de un delito que sanciona el uso indebido de una función oficial, el abuso de poder o la omisión deliberada de obligaciones inherentes al cargo.
Si bien las autoridades no detallaron públicamente el contenido completo del expediente, trascendió que parte de la investigación podría estar relacionada con intercambios de información o contactos que habrían comprometido su rol institucional.
Entre las pruebas incriminatorias figuran correos electrónicos donde Andrés habría enviado a Epstein informes detallados de sus visitas oficiales a destinos estratégicos como Hong Kong, Vietnam y Singapur.
Pero el dato más fuerte, que generó una conmoción sin precedentes, es el envío de un informe confidencial sobre oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia de Helmand, en Afganistán, realizado nada menos que en la víspera de Navidad de 2010.
El expríncipe Andrés había asegurado en una entrevista en 2019 que había roto toda su relación con Epstein a principios de diciembre de ese 2010.

Según la información, correos electrónicos de 2010-2011 muestran que Andrés brindó detalles confidenciales en relación al cargo público. Aseguran que remitió detalles de viajes oficiales a Singapur, Vietnam, Shenzhen y Hong Kong a Epstein. Y que además, le habría ofrecido a Epstein oportunidades de inversión en Afganistán.
La sospecha de que un miembro de la familia Windsor pudo haber actuado como un informante informal de Jeffrey Epstein, entregando datos de inteligencia económica y gubernamental, transformó una historia de abusos en un problema de seguridad de Estado.
Hasta el momento de la detención no se informó la presentación formal de cargos. El procedimiento se encuentra en etapa investigativa.
El fantasma de Virginia Giuffre y las víctimas de la red
Aunque el arresto actual se centra en la mala conducta oficial, el trasfondo de abusos sexuales sigue siendo la columna vertebral del escándalo que enfrenta el expríncipe. En un libro póstumo, Virginia Giuffre, una de las víctimas más visibles de la red de trata de Epstein, dejó testimonio de que Andrés abusó de ella en tres ocasiones cuando tenía 17 años.

Giuffre, quien se quitó la vida en abril de 2025, sostuvo hasta el final que fue entregada al miembro de la realeza por el propio Epstein cuando ella era aún menor de edad. "Tenía que hacerle lo mismo que a Epstein", dijo Giuffre en su libro póstumo (La chica de nadie: memorias de supervivencia ante abusos y de lucha por la justicia) quien se consideró nada menos que una "esclava sexual".
Sin la valentía de las al menos 32 mujeres que denunciaron la red de captación de menores llamada "Lolita Express" –por la que Ghislaine Maxwell cumple condena a 20 años de prisión–, claramente la impunidad del exroyal y presuntos cómplices hubiera seguido su curso.

