En el noreste de la provincia de Córdoba existe un destino que sorprende desde el primer vistazo. Aguas que cambian de color según la luz del día, horizontes infinitos y atardeceres que parecen pintados a mano le valieron un apodo tan llamativo como merecido: el Caribe Cordobés. Así se conoce a Miramar de Ansenuza, una localidad que se consolidó como uno de los lugares más elegidos para descansar y disfrutar del verano lejos de los circuitos turísticos tradicionales.
Ubicado a orillas de la Laguna Mar Chiquita, también llamada Mar de Ansenuza, este pueblo se apoya en un entorno natural único. Se trata del espejo de agua más grande de la Argentina y uno de los lagos salados más extensos del hemisferio sur, cuyas aguas salobres son conocidas por sus propiedades terapéuticas. La sensación de flotar, el aire limpio y la calma general convierten cada jornada en una experiencia reparadora.
Durante el día, las playas tranquilas invitan a disfrutar sin apuro. La Playa Central, con su muelle y accesos preparados, permite baños recreativos y momentos de relax frente al agua. A esto se suman las excursiones náuticas en lancha o gomón, ideales para observar el paisaje desde otra perspectiva. Pero uno de los grandes protagonistas es el atardecer: cuando el sol comienza a bajar, el cielo se tiñe de naranjas, rosados y violetas que se reflejan sobre la laguna, regalando postales inolvidables.

La Avenida Costanera, inaugurada en 2013, se transformó en el paseo favorito tanto de turistas como de locales. Caminar, andar en bicicleta o simplemente sentarse a mirar el horizonte son planes que se repiten cada tarde. Allí también se encuentra el mirador y las clásicas letras de Miramar, una parada obligada para las fotos del viaje.
Miramar de Ansenuza también guarda historias que despiertan curiosidad. Una de las visitas más convocantes es al Gran Hotel Viena, un edificio cargado de misterio y leyendas, que hoy se puede recorrer a través de visitas guiadas. A esto se suman espacios culturales como el Museo de Ciencias Naturales Aníbal Montes, que permite conocer el origen geológico de la laguna y la riqueza natural de la región.
El entorno es, además, un verdadero paraíso para el ecoturismo. La laguna y sus alrededores albergan más de 300 especies de aves, entre ellas grandes bandadas de flamencos rosados, patos, garzas y aves migratorias que llegan desde distintos puntos del continente. La vegetación halófila de la costa da paso rápidamente a bosques de chañar, quebracho y palmeras, creando un ecosistema tan diverso como impactante.

A pocos kilómetros, las ruinas de Colonia Müller suman un paseo distinto, ideal para quienes disfrutan de la historia y los paisajes rurales. Antiguo asentamiento de inmigrantes europeos, el lugar conserva vestigios de viviendas y edificios que resistieron las grandes inundaciones, ofreciendo un recorrido cargado de memoria.
Con playas serenas, naturaleza imponente y una identidad propia, Miramar de Ansenuza se reafirma como uno de los destinos más atractivos para el verano 2025. Un lugar donde el tiempo se desacelera y el paisaje hace todo el trabajo.

