Cuando se piensa en Navidad, el rojo suele ser el primer color que viene a la mente. Está presente en la vestimenta, la decoración, los adornos y hasta en el imaginario popular. Sin embargo, la Navidad es una celebración rica en símbolos y tradiciones, y existen muchos otros colores que también tienen un fuerte significado y pueden incorporarse para renovar el estilo sin perder el espíritu festivo.
El rojo representa el amor, la energía y la pasión. En el cristianismo, se asocia además con la sangre de Cristo, mientras que en la cultura popular remite a la calidez del hogar y al corazón de la celebración. Es un color intenso, ideal para usar en detalles, manteles, velas o prendas protagonistas.
El verde es otro clásico navideño. Simboliza la esperanza, la vida y la renovación. Está directamente vinculado con los árboles, las coronas y los elementos naturales que se usan en esta época del año. Incorporar verde en la decoración aporta frescura y equilibrio, especialmente cuando se combina con tonos neutros o madera.
El dorado representa la abundancia, la luz y la prosperidad. Asociado históricamente con los Reyes Magos y los regalos, es un color que aporta elegancia y un toque festivo sin esfuerzo. Funciona muy bien en pequeños detalles: cubiertos, cintas, adornos, copas o centros de mesa.
El blanco simboliza la paz, la pureza y los nuevos comienzos. En Navidad, se vincula con la luz, la armonía y el deseo de un año más calmo. Es ideal como base en manteles, vajilla o decoración minimalista, y combina a la perfección con casi cualquier otro color.
En los últimos años, también ganaron protagonismo tonos como el plateado, asociado con la modernidad y la sofisticación, y los colores naturales —beige, arena, madera— que aportan una estética más cálida y relajada, alineada con tendencias de decoración consciente y simple.
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Incluso algunos se animan a sumar azules profundos o tonos borgoña, que aportan personalidad y un aire más contemporáneo, sin romper con el clima navideño. La clave está en usarlos de forma equilibrada y combinarlos con elementos clásicos.
Elegir una paleta de colores para Navidad no es solo una decisión estética, sino también una forma de expresar emociones y deseos. Cada tono transmite un mensaje distinto, y combinarlos permite crear un ambiente que refleje el espíritu de cada hogar.
Más allá de las tradiciones, la Navidad también es una oportunidad para reinventar lo conocido. Alejarse un poco del rojo absoluto y animarse a nuevos colores puede renovar la decoración, la mesa y hasta el ánimo, sin perder la esencia de una de las celebraciones más especiales del año.



