Las papas al horno pueden ser un golazo o algo olvidable, y la diferencia casi siempre está en un detalle previo que muchas veces se pasa por alto. Con un paso simple antes de llevarlas al horno, es posible lograr una costra bien crocante sin que se sequen por dentro.
Esta receta combina una preparación clásica con un truco mínimo que mejora la textura y el sabor final. El resultado son papas doradas, sabrosas y con un exterior firme que contrasta con un interior tierno.
Ideal como guarnición o para comer solas, es una forma distinta de levantar un ingrediente de todos los días.
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Ingredientes
-1 kg de papas
-Aceite de oliva
-Sal y pimienta
-Ajo en polvo o pimentón (opcional)
Cómo prepararlas
1-Lavar bien las papas y cortarlas en cubos o gajos parejos.
2-Hervirlas en agua con sal durante 8 a 10 minutos, hasta que estén apenas tiernas.
3-Escurrirlas y colocarlas en un bowl.
4-Agregar sal, pimienta, condimentos y un buen chorro de aceite.
5-Mezclar fuerte, sacudiendo el bowl para que los bordes de las papas se rompan apenas.
6-Llevar a una placa y cocinar en horno fuerte (200 °C) durante 35–40 minutos, hasta que estén bien doradas.
El truco clave
Romper levemente los bordes después del hervor. Ese paso genera una superficie irregular que se vuelve extra crocante en el horno, sin necesidad de fritura ni ingredientes raros.
Por qué funciona
Los bordes desparejos aumentan la superficie de contacto con el calor, lo que permite una mejor caramelización y una textura más crujiente.
