Con la naturalidad que la caracteriza y sin correrse un centímetro de su compromiso institucional, la reina Máxima celebró su 24° aniversario de boda con el rey Guillermo Alejandro de una manera tan simbólica como coherente con su rol: trabajando.
Lejos de una conmemoración privada o de un gesto grandilocuente, la pareja real eligió marcar la fecha con una agenda compartida, cargada de sentido social y con un delicado guiño emocional que no pasó desapercibido.
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La especial cita de Máxima Zorreguieta y el rey Guillermo Alejandro en el día de su aniversario de boda
Este lunes, los reyes de los Países Bajos se trasladaron al Wijkpaleis de Róterdam para participar de una reunión de trabajo con los fundadores de distintas iniciativas sociales respaldadas por el Oranje Fonds, la fundación de la que son mecenas desde su casamiento. El encuentro tuvo como eje el fortalecimiento de una sociedad más conectada e inclusiva, una de las banderas que ambos sostienen desde hace más de dos décadas.

En ese sentido, el aniversario tuvo además un segundo motivo de celebración: los 24 años del Oranje Fonds, creado como regalo de bodas nacional por el pueblo neerlandés. Desde su fundación, más de 250.000 iniciativas sociales recibieron apoyo a través de financiamiento, asesoramiento y redes de voluntariado.
Por eso, Guillermo Alejandro y Máxima Zorreguieta decidieron pasar esta fecha especial recorriendo proyectos y dialogando con quienes llevan adelante ese trabajo territorial.
El guiño fashionista con el que Máxima Zorreguieta homenajeó su look nupcial
Para la ocasión, la reina nacida en Argentina eligió un conjunto en tono gris de la firma BEGG, creada por la diseñadora argentina Vanessa Seward, confeccionado en cashmere, con líneas sobrias y una capa integrada que aportó sofisticación.
Completó el look con botas negras de tacón ancho de Gianvito Rossi. Pero el verdadero mensaje estuvo en los accesorios: los mismos pendientes de diamantes que llevó el día de su boda, el 2 de febrero de 2002, cuando dio el “sí, quiero” con el entonces príncipe de Orange en Ámsterdam.

Las joyas, de estilo clásico con reminiscencias art déco o isabelinas, presentan una roseta superior, una barreta vertical articulada y culminan en una lágrima imponente. Un detalle íntimo, silencioso y profundamente melancólico, que funcionó como homenaje personal a aquel enlace histórico al que asistieron figuras como Carolina de Mónaco, Victoria de Suecia, Marie-Chantal de Grecia, la reina Sofía y la infanta Cristina.

