La sombra del caso Jeffrey Epstein vuelve a sacudir a la realeza británica y, esta vez, el impacto alcanza incluso a quienes hace años tomaron distancia de la Corona.
En medio de la publicación de nuevos documentos vinculados al financista acusado de tráfico sexual, una revelación encendió las alarmas puertas adentro: Meghan Markle le habría hecho una exigencia clara al príncipe Harry para evitar que el escándalo los salpique, como ya ocurrió con el entorno del rey Carlos III y el príncipe William.
La aparición de correos electrónicos que involucran a Sarah Ferguson —ex esposa del príncipe Andrés— y en los que también se mencionan a las princesas Beatriz y Eugenia volvió a poner al clan Windsor bajo el microscopio mediático.
Si bien figurar en estos archivos no implica culpabilidad ni complicidad directa, el solo hecho de aparecer asociados al nombre de Epstein genera un daño reputacional inmediato y difícil de controlar.

En este contexto, especialistas en realeza aseguran que Meghan y Harry activaron una estrategia preventiva. Según el experto Duncan Larcombe, citado por el diario británico Mirror, la duquesa de Sussex habría sido categórica con su esposo: perfil bajo absoluto y cero pronunciamientos públicos sobre el tema.
La consigna sería clara: no involucrarse, no opinar y evitar cualquier gesto que pueda interpretarse como una toma de partido o un respaldo implícito a miembros de la familia cuestionados.
La prudencia como estrategia
De acuerdo con Larcombe, Harry estaría particularmente preocupado por la situación de sus primas, con quienes supo tener una relación cercana. Sin embargo, Meghan pondría el foco en un aspecto clave: el impacto que este nuevo capítulo del caso Epstein podría tener no solo en la imagen de la monarquía, sino también en la marca personal que ambos construyen desde su salida oficial de la familia real.

La duquesa lleva tiempo trabajando en consolidar su proyecto propio, As Ever, y cuidar su reputación resulta fundamental en esta etapa. En ese sentido, mantenerse al margen no sería una señal de indiferencia, sino una decisión estratégica para no quedar atrapados en un escándalo que promete seguir sumando capítulos.
Aunque Harry y Meghan ya no cumplen funciones oficiales dentro de la Corona, el vínculo simbólico con la institución sigue siendo inevitable. Por eso, evitar cualquier cercanía pública con los protagonistas del conflicto aparece como una forma de protegerse y, al mismo tiempo, de no desviar el foco de lo verdaderamente importante: las víctimas del caso Epstein.
Mientras la familia real atraviesa uno de los momentos más sensibles de los últimos años, los duques de Sussex parecen haber elegido la cautela como hoja de ruta. Una decisión que, puertas adentro, tendría nombre propio y un pedido concreto: no quedar, una vez más, atrapados en las consecuencias de un escándalo ajeno.
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