Mantener la casa ordenada suele parecer una tarea interminable, pero en realidad el secreto no está en limpiar mucho, sino en hacerlo de forma constante y estratégica. Una rutina diaria de apenas 10 minutos puede marcar la diferencia y evitar que el desorden se acumule.
El primer paso es elegir un momento fijo del día. Incorporar el orden a la rutina diaria, como antes de dormir o al volver del trabajo, ayuda a convertirlo en un hábito automático. No se trata de hacer una limpieza profunda, sino de pequeños gestos que mantienen los espacios bajo control.
Una de las claves es la regla del “un minuto”. Si una tarea lleva menos de un minuto, se hace en el momento: guardar una taza, doblar una manta o acomodar un objeto fuera de lugar. Este simple principio evita que se formen pilas de cosas pendientes que luego demandan más tiempo.
Otra estrategia efectiva es el método de las superficies despejadas. Dedicar dos o tres minutos a ordenar mesas, escritorios y mesadas cambia visualmente el ambiente y genera sensación de orden inmediato. Las superficies libres transmiten calma y hacen que la casa se vea más prolija, incluso si otras áreas no están perfectas.
El tercer paso es una mini revisión rápida de cada ambiente. Recorrer la casa y devolver objetos a su lugar en menos de cinco minutos reduce el desorden acumulado. No hace falta limpiar en profundidad: solo guardar ropa, acomodar cojines o juntar juguetes y papeles.
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También es importante simplificar. Tener menos objetos facilita el orden diario y reduce el tiempo de mantenimiento. Revisar cajones y estantes una vez por semana para descartar lo que no se usa ayuda a que la rutina de 10 minutos sea realmente efectiva.
La rutina se puede convertir en un momento compartido. Involucrar a todos los miembros del hogar en pequeñas tareas diarias distribuye la carga y genera hábitos de organización en familia. Incluso los niños pueden participar con acciones simples, como guardar sus juguetes o libros.
Finalmente, el orden diario impacta directamente en el bienestar. Una casa organizada reduce el estrés visual y mental, mejora la concentración y aporta sensación de control. No se trata de alcanzar un hogar perfecto, sino de mantener un espacio funcional y agradable sin dedicarle demasiado tiempo.
Con solo 10 minutos al día, el orden deja de ser una tarea pesada y se transforma en un hábito sencillo que mejora la calidad de vida.
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